Estos dos amigos, han encontrado que la comedia puede ser una buena herramienta para evangelizar.
Aquí un video que versa sobre cómo debemos entender la voluntad de Dios.
Estos dos amigos, han encontrado que la comedia puede ser una buena herramienta para evangelizar.
Aquí un video que versa sobre cómo debemos entender la voluntad de Dios.
Hoy quiero transmitirles un testimonio que conozco de primera mano y que considero una de las experiencias más conmovedoras y vivificantes que me ha tocado presenciar. De igual manera busco ofrecerlo como una muestra de que somos nosotros los encargados de demostrar que Dios existe y no viceversa…
Luis y Adriana son esposos y padres de unos hijo maravillosos. Como pareja son ejemplares y desde hace ya casi 10 años he tenido la oportunidad de estar ligado a ellos vía una amistad de principio profesional (Luis fue uno de mis mentores en la Universidad) y posteriormente espiritual.
Lo que caracteriza a la familia Alverde, a mi parecer, es su disponibilidad por dejarse llevar por lo que Dios les va presentando como pruebas en la vida. Y esto no lo digo por que sí, ya que basta entablar un dialogo con cualquiera de los dos para darse cuenta de que Dios los eligió bien para ponerlos en el camino de la fe.
Sin embargo lo inspirador de su testimonio es lo que a continuación narro:
En septiembre del 2004, a la edad de 3 años, Alejandro, el segundo de tres hijos del matrimonio Alverde Castro fue ingresado al hospital para una operación programada de anginas y adenoides, misma que el doctor había recomendado realizarse en orden de ayudarle al pequeño a oxigenarse bien. Tras esta intervención quirúrgica en la que todo parecía haber salido normal, Ale fue dado de alta para proseguir a sus respectivos cuidados y curaciones en casa.
Unos días más tarde, Luis y Adriana tienen que regresar de urgencias al hospital tras encontrar que Ale estaba teniendo una hemorragia bastante severa. Aunque en el hospital lograron estabilizarlo por unas horas, Ale no aguantó por mucho tiempo y unas horas después, producto de varios paros cardiacos, fue declarado con muerte cerebral. Aquel pequeñito que días antes había ingresado al hospital para una operación de rutina, como muchas que se practican en infantes de su edad, había regresado al mismo lugar para entregar su vida a Dios de manera definitiva.
Inmediatamente después de que Ale fue declarado con muerte cerebral, y con el dolor en el alma a todo lo que da, sus padres optaron por tomar la decisión que cambiaría el sentido de toda su vida a partir de ese momento. Un sacerdote, consejero espiritual de la familia, les acercó información sobre la donación de órganos y de cómo Alejandro, en su estado, era candidato ideal para ser donante.
Luis y Adriana, pidiendo a Dios toda la resignación que humanamente es posible, aceptaron donar los órganos de su hijo despidiéndose de él pues ya no volverían e ver nunca más, al menos físicamente.
En palabras de Adriana: “Realmente no se cuando dije va, por Dios que no sé, pero bendito Dios que lo dije, ahora lo reflexiono y estoy segura que Dios estaba ahí con nosotros y el me dijo que lo hiciera, era lo que él quería de mí”
Ya estando en la funeraria, en medio del máximo dolor que solo la pérdida de un hijo ocasiona, recibieron una llamada telefónica que les confirmó el plan magistral de Dios al respecto: “Felicidades Adriana, ya tienes seis hijos más”, y es que la donación de órganos de Ale trajo como consecuencia el que se pudiera salvar la vida de seis pequeños más.
“Fue una vida por seis vidas, así de sencillo, y si hubiera sido mi hijo quien necesitaba ese órgano, yo lo hubiera agradecido siempre. La verdad, duele y duele mucho, la muerte de mi chaparro no se me va a quitar jamás porque lo extraño, pero le dio sentido a mi vida y ese dolor está haciendo que trate de ser una mejor madre, una mejor esposa y un mejor ser humano” declara Adriana.
Dice un conocido dicho: “Cuando pierdes a una madre o a un padre, te llaman huérfano, cuando pierdes a un esposo o esposa, te vuelves viudo, pero cuando pierdes a un hijo, eso…. eso no tiene nombre”. Lo que Adriana y Luis sintieron al entregar a su hijo a Dios, solo ellos y el mismo Dios lo conocen, sin embargo la respuesta de vida que le ofrecieron al mundo tras esta experiencia es de muchos admirada y reconocida.
A raíz de la muerte del pequeño Ale, Adriana pudo darse cuenta de lo carente y mal organizado que es el sistema de donación de órganos en nuestro país. Las personas necesitadas de un transplante en México alcanzan la cifra de 9,500 contrastando con el ínfimo número de donante que igualmente existen: 317. Es decir que una persona que en México es diagnosticada con una enfermedad que se cura únicamente con la asistencia de un transplante de órgano, está siendo, prácticamente, condenada a perder toda esperanza.
Es justo aquí, en donde Adriana y Luis encontraron el llamado de Dios y entendieron el por qué de lo sucedido con su hijo Ale. En Octubre de 2004, un mes después del fallecimiento de su pequeño, constituyen la Fundación Ale institución que se encargaría de promover la cultura de la donación de órganos en nuestro país así como de buscar apoyar al sistema médico nacional en la adquisición de herramientas y capacitación especializada necesaria en la materia.
Así, Fundación Ale en 2007 logró apoyar de manera satisfactoria 445 casos de pacientes que requerían de donación de órganos. Para lograr lo anterior, la fundación ha recaudado 7 millones de pesos de empresas patrocinadoras, organizaciones civiles y gobierno, mismo que ha destinado a su misión institucional de salvar vidas.
Mucho podría seguir escribiendo sobre los logros de la fundación, así como de los reconocimientos que Adriana ha recibido por su loable labor, pero yo quiero centrarme en el testimonio epsiritual de Luis y Adriana ya que, para que una gran obra suceda es indispensable que un emprendedor acepte llevarla a cabo.
Dios actúa de maneras muy misteriosas, lo que para Él puede ser un paso más en su implantación de su reino en la tierra para nosotros puede ser un evento confuso e incomprensible. Así es y así será. No está en nosotros tratarlo de entender a cabalidad, ni mucho menos cambiarlo. Ante las aparentes desventuras de la vida sólo nos queda una posibilidad: aceptación y escucha. Aceptación pues es de Dios dejar que las cosas sucedan y escucha por que en cada evento Él nos quiere pedir algo. No podemos evitar el mal o la tragedia, pero si podemos decidir cómo reaccionamos ante estas y me queda claro que los espíritus fuertes y bien formados son los más capaces de salir adelante.
San Pablo, en una de sus cartas a los romanos nos incita a vencer al mal con el bien. La respuesta del hombre ante el mal sólo puede ser el bien, ese mismo bien que Cristo nos enseñó a practicar hasta el extremo de la muerte.
Hoy Luis y Adriana, ya no tienen a su hermoso Alejandro físicamente, sin embargo, saben que está presente con ellos en una manera mucho más trascendental y reveladora: Ale, al entregar su vida por ellas, está en cada una de las personas que, recibiendo un transplante de órganos, tendrán una segunda oportunidad de seguir amando en la tierra a Dios y al prójimo como a ella mismas.
(El siguiente video es el cortometraje “Por siempre” que narra la historia de lo que aquí les conté. Aunque el papel de Adriana es interpretado por Bárbara Mori, quien sale al final del filme es la verdadera Adriana Castro de Alverde, fundadora y directora de la fundación Ale)
Creo que si parezco estar loco. Muchos de mis amigos y conocidos no dejan de decirme “¿José Luis cómo es que decidiste cambiar a Cancún por la ciudad de México?” o también me dicen “Haz de estar loco para cambiar el clima cálido y turístico por el smog y el tráfico diario”.
Créanme, dejar Cancún por el Distrito Federal definitivamente fue una decisión difícil pero necesaria. Aunque mi razón principal para venir a vivir a la ciudad de México obedece a una oportunidad laboral y formativa, no dejo de pensar que la ciudad de México, siendo el centro urbano más importante del país, también representa la mejor plataforma para emprender nuevos proyectos.
Cancún es una ciudad que siempre tendré presente. Contrario a lo que muchos podrían pensar, en ninguna otra ciudad había yo tenido la oportunidad de apreciar a una comunidad parroquial tan bien organizada y con tantos proyectos como la que existe en la prelatura Cancún – Chetumal encabezada por su obispo Monseñor Pedro Pablo Elizondo. Cancún, con todo y su turismo y su fama de fiesta (alcohol y drogas), me enseñó que es justo ahí en donde Cristo más énfasis pone a la hora de buscar vocaciones.
Cancún está lleno de gente que, si bien vive de la industria del turísmo, también vive de la palabra de Dios. Y para muestra bastará con decirles que las misas en todas las iglesias siempre están llenas y los apostolados tan bien organizados y dirigidos. (En la Semana Santa de este año, la prelatura aportó cerca de 5,000 misioneros a la Misión Continental)
En fin… dejo esa ciudad para incorporarme a mi ciudad natal, México DF, decisión que por cierto, traté de cimentar fuertemente en oración. Así que a todos mis amigos que no acaban de entender por qué me salí del paraíso caribeño para meterme en la urbe de asfalto, les digo que no se preocupen ya que… “Es lo que Dios me está pidiendo en estos momentos”.
Hoy se me presentó la oportunidad de tomar una decisión importante en mi vida profesional ¿Cambiar o no cambiar de residencia? Dicha decisión la he venido meditando desde hace unos meses tratando de analizar todos los pros y contras. En un sin fin de veces puse dicha decisión en manos de Dios acudiendo a la capilla para pedirle que me orientara para tomar una buena decisión. Durante mucho tiempo estuve muy angustiado por saber qué debía de hacer para agradar a Dios. Hoy decidí aceptar esta nueva oportunidad y próximamente cambiaré mi residencia.
Al respecto me queda la siguiente reflexión… Seguir la voluntad de Dios no significa adivinar si Él quiere que hagamos A o hagamos B. ¿Vivir aquí o vivir allá? ¿Trabajar en este proyecto o trabajar en el otro? ¿Ser arquitecto o ser sacerdote? Seguir la voluntad de Dios significa ya sea elegir A o elegir B y aún así seguir la voluntad de Dios. ¿Cómo? Amándolo a Él y al prójimo.
Es decir, Dios nos da la libertad de elegir los caminos que queramos en nuestra vida y, si la decisión que tomemos la orientamos hacia el amor, siempre estaremos haciendo su voluntad.