Somos siervos

4 octubre 2010

Somos siervos, que eso nunca se nos olvide.

En el evangelio del día de ayer (Lc 17,5/10) encontramos a un Jesús que nos invita no a vanagloriarnos de lo bueno que hacemos, sino más bien a verlo como un paso más y necesario en el camino de nuestra santidad.

“No somos más que siervos, simplemente hemos hecho lo que debíamos hacer” nos invita a pensar Jesús.

Este es el gran riesgo del hombre que busca la santidad, creer que el bien que hace es digno de gloria y alabanza. Nada hay de eso. El bien debe ser hecho por el simple motivo de “serlo”.

La gran recompensa que Dios nos tiene preparada en el cielo, consistirá en regocijarnos de haber tenido la dicha de caminar junto a Él en la tierra.

Así como el bueno mozo atiende a su amo porque le ama, y no por el salario, así debemos de trabajar por Dios.


Deja para mañana lo que puedes hacer hoy…

30 septiembre 2010

(Esta es la tercera vez que escribo este post. La primera y la segunda versión desaparecieron misteriosamente de la memoria del publicador del blog… ¡Que miedo!)

Cuenta un relato bíblico que una vez regresaba el batallón de un ejército al campamento base tras haber librado una batalla bastante agotadora.

Los hombres que conformaban este batallón venían bastantes mermados por el calor y la sed.

El rey, que esperaba el regreso de su ejército en el campamento, salió para recibirles.

Al encontrarse con ellos, el rey observó que todos los hombres corrían desesperados hacia el río que cruzaba el campamento en busca del anhelada agua fresca. Uno a uno,  los soldados se zambullían frenéticamente en el agua bebiéndola a borbotones al mismo tiempo que se bañaban a placer en ella.

Así, el rey observó con asombro como todos los integrantes de su ejercito se abalanzaban sobre el agua, todos los hombres menos uno.

El rey miró fijamente a aquel hombre que no se abalanzó con desesperación al río, y con gran sorpresa vio que este simplemente se puso de rodillas a la orilla del mismo, hizo una cavidad con su mano y llevó con esta apenas un par de sorbos a su boca del vital líquido.

Traedme a ese hombre de inmediato” Exclamó el emperador “Lo haré el general máximo de mis ejércitos”.

“¿Por qué él?” Preguntaron sus asesores que le acompañaban.

A lo que el monarca respondió:

“Ese hombre, al igual que todos los demás integrantes de este batallón, viene atormentado por la sed más atroz. Pero a diferencia de los demás, no es esclavo de su necesidad, sino dueño de ella”

¿Qué es exactamente lo que vio el rey en aquel hombre?

La respuesta es contundente: CARÁCTER.

El carácter es esa fuerza desarrollada interiormente que nos lleva a saber posponer un bien inmediato por otro posterior. Es la capacidad de no dejarnos llevar por nuestros sentimientos y tendencias más primitivas (sed, agua, cansancio, ira,etc…)

Quien se deja llevar por la tentación de querer saciar todos los placeres y necesidades de hoy, se estará perdiendo de las delicias y beneficios de los bienes mayores del mañana.

Dicho lo anterior, podemos deducir que es el Carácter un pilar fundamental de la construcción de una vida de santidad, que nos invita a actuar en consecuencia de los bienes eternos prometidos por Dios, en lugar de los placeres arrebatadores de este mundo.


¡No ser mediócres!

18 septiembre 2010

No cabe duda que a los jóvenes nos gusta que nos hablen fuerte y sin rodeos… ¿Cierto?

Pues fue exactamente eso lo que acaba de hacer el Papa Benedicto XVI en su reciente visita al Reino Unido en una reunión en la que tuvo la oportunidad de dirigirse a jóvenes estudiantes católicos de Escocia, Gales e Inglaterra.

Citándolo textualmente les dijo: “¡No se conformen con la mediocridad!” lo que viene a ser una frase dura y directa para quienes, diciéndose católicos, no viven de acuerdo a esta misma convicción.

En otro momento, Benedicto XVI, les hace la siguiente invitación: “Yo espero que aquí sentados, entre ustedes, estén los próximos santos del siglo XXI”

Pues bien. Que mejor manera de arengar a la juventud que hablándoles así. Primero sacudiéndoles su círculo de comodidad, y después lanzándoles el Mega Reto de la santidad.

Este Papa podrá no ser cálido y tan sonriente como lo fue su antecesor, pero de que tiene tremenda fuerza en sus palabras, eso no tengo duda.

A mi, más que incomodarme sus palabras, me motivan a triplicar esfuerzos. Yo si quiero ser santo de este siglo y llegar satisfecho al cielo por no haberme quedado en la mediocridad de mis pobres posibilidades.

Jóvenes…¡Vamos a tomar el cielo en nombre del amor!


¡¡¡Se buscan testimonios de fe!!!

12 junio 2010

¿Eres católico? ¿Tienes un gran testimonio de lo que significa ser católico? ¿Te has encontrado con alguien que por su testimonio te hizo amar a Dios y a su iglesia? ¿Quieres predicar el amor de Dios a través de tu experiencia personal como miembro de la Iglesia Católica? ¿Te has encontrado con un santo en vida cuyo testimonio valga la pena difundirse?

Te pido que me dejes conocerte… ¡Anímate a escribir tu testimonio, experiencia o lo que quieras compartirle al mundo sobre tu fe católica!

Con los testimonios que reciba enriqueceré el contenido de este blog y el de mi conferencia “The Catholic Way”. Creéme, los testimonios son la mejor manera de transmitir el evangelio.

No dudes en escribirme el tuyo al correo diariodeuncatolico@gmail.com


¿Qué te cuesta más trabajo?

11 mayo 2010

Ya he comentado en otras publicaciones acerca de la perseverancia como medio de santidad.

Es la constancia en el camino y no la perfección la que nos hace dignos del camino de la salvación.

Bueno, pues en este camino seguramente cada católico se ira encontrando a lo largo de su vida con piedras y obstáculos que le son especialmente más difíciles de remover que otras.

Por ejemplo… yo recuerdo que de joven uno de mis principales defectos era la desidia. Todo lo dejaba para después y me costaba mucho trabajo empezar a hacer mis deberes. Por lo mismo, constantemente me veía desvelándome durante las noches, intentando terminar urgentemente alguna asignación que no había decidido realizar con la suficiente anterioridad. Solía ser muy desordenado en mis tiempos.

Gracias a Dios, ese problema se me fue resolviendo paulatinamente cuando ingresé a laborar. Ya no era una opción el poder ser desordenado en mis tiempos, pues el éxito del trabajo de varias personas dependía de mi propio orden y disciplina.

Como católico que intenta comprometerse con su fe, he asumido varios compromisos espirituales que me propongo cumplir constantemente. Así, por ejemplo,  todas las mañanas dedico un tiempo a la lectura de un pequeño pasaje del evangelio, cada vez que tengo la oportunidad de acudir a un lugar cercano a una Iglesia o capilla procuro entrar a saludar al “Jefe” antes de seguir con mi destino, rezo el rosario por lo menos una vez a la semana, ademas de no dejar de asistir a misa cada domingo.

Algo que me ha ayudado en este esfuerzo es calendarizar en mi agenda electrónica el horario al que siempre he de cumplir ciertos compromisos. Este dispositivo se encarga de avisarme cuando debo de detener mis actividades y dedicar un pequeño tiempo al cumplimiento de dichas acciones.

Por ejemplo, mi agenda me avisa justo a las 12:00 pm (medio día) que es hora de rezar el Ángelus, así que  en cuanto esta alarma suena indicándome que es hora de dialogar con María, esté haciendo lo que esté haciendo, busco un espacio privado y me pongo a rezar esta bella oración. De igual manera, mi agenda me indica que todos los días de 8:00 a 8:30 de la mañana es hora de hacer una reflexión evangélica,  así que  como primer orden del día, tomo el evangelio y leo y reflexiono un pasaje de la vida de nuestro Señor.

¿Todo suena muy bonito verdad?…. pero aquí es cuando hago mi confesión ante ustedes. ¿Siempre logro cumplir dichos compromisos todos los días?

No, lamentablemente no.  En muchas ocasiones fallo y no atiendo a las citas comprometidas. Varias ocasiones he estado tan inmerso en cierta actividad que , aunque suene mi agenda alertándome de la llegada del momento de cumplir cierto compromiso, simplemente hago caso omiso del recordatorio y sigo sin miramientos.

En especial, hay un compromiso que me custa muuuucho trabajo poder llevar a cabo todos los días. Se trata del “balance del día”. Con este compromiso espiritual lo que pretendo es que, una vez que ha concluido mi jornada, poder tomar 10 minutos para reflexionar sobre cómo han sido mis actuares durante dicho día. ¡Vaya que si me cuesta trabajo! Reconozco que me resulta más llamativa la cama y su comodidad que este compromiso. Así que desde hace varios meses he venido perdiendo la batalla con este compromiso en especial. Definitivamente no he logrado vencer al demonio de la comodidad y la pereza.

Bueno, pero como siempre he dicho, es más fácil llegar al éxito desde los fracasos que desde los pretextos, así que desde hoy voy a decidirme volver a retomar este compromiso espiritual, y lo voy a hacer de la siguiente manera: en vez de intentar hacer este balance momentos antes irme a  acostar ( justo lo que me hace perder la batalla) lo voy a hacer mejor  momentos antes de salir de mi oficina. Prefiero dejar de pelear la batalla contra un rival poderoso (la almohada) y llevar a cabo dicha actividad en un campo neutral en el que tengo más oportunidades de vencerme a mi mismo.

Además, para motivarme un poco más… voy a acompañar dicha actividad con música. Es decir, mientras realice dicho balance voy a escoger una canción que me hable del amor de Jesús y con ella voy a acompañar mi oración. ¿Es válido? Desde luego que si…

Pues bueno, mis guerreros de la fe,  este es solo un intento por  decirles lo siguiente:

“No no soy perfecto ni el católico más constante, pero puesto que sigo en pie de guerra contra mis propios demonios, creo que Jesús me está echando porras desde el cielo”


La santidad

25 marzo 2010

Desde hace unos días para acá, traigo muy clavado en la mente el tema de la santidad.

Debo de reconocer que los escándalos humanos que se han dado a conocer en los últimos días de parte de algunos miembros de nuestra Iglesia, me han puesto muy meditabundo y reflexivo con respecto a lo que verdaderamente significa ser santo.

Producto de esta inquietud, en los últimos días he intensificado  mi estudio de la vida y obra de los santos, de aquellos que se han merecido el reconocimiento de la Iglesia por su testimonio de vida en el seguimiento de Cristo.

Hasta ahora ya he leido con detenimiento algunas sinopsis de la vida de santos como San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, San Felipe de Jesús, primer santo y mártir mexicano, San Francisco de Sales, a quien todos recordamos por ser un gran pilar de la Iglesia cuando esta se veía enfrentada por la reforma protestante, San Josemaría Escribá de Balaguer maestro y fundador de la congregación del Opus Dei.

La última biografía que ayer leí fue la de San Juan María Vianney, a quien se le conoce como el cura de Ars y lo hice pues el Papa Benedicto XVI ha querido encomendar el año sacerdotal a este santo quien es considerado, precisamente, como patrono de los sacerdotes.

¿Por qué acercarse a conocer la vida de los santos?

Pues bien, la respuesta es muy simple. Por que en el camino de la salvación, ellos ya han llegado al destino prometido. Cuando la Iglesia canoniza a una persona lo que está haciendo es dar testimonio de que se cuentan con pruebas suficientes para asegurar que esta persona ya participa de la gloria de Dios. ¿Se dan cuenta? ¡¡¡¡Ya están con Él!!!!

Como ya lo he comentado en otras publicaciones, no voy muy de acuerdo con las biografías de los santos que nos muestren a estos personajes como seres sobrenaturales, cuasiperfectos y quienes pareciera que recibieron una bendición especial del Señor para seguirle a la perfección. No,no, no… nada más alejado de la realidad que creer que todo es perfección en el camino de la santidad.

Prefiero aquellas lecturas que nos hablan de lo muy humanos que fueron, de lo mucho que les costó seguir el camino de la gracia del alma y de las innumerables caídas que tuvieron en el trayecto. Esto me demuestra que la santidad es alcanzable para todos y que a pesar de nuestra evidente imperfección Dios nos abre las puertas de su cielo a través de la perseverancia.

Los santos lo son, no por ser personajes especiales y sobrenaturales escogidos por Dios, sino por que son perseverantes en conseguir el objetivo deseado. De hecho uno puede encontrar en muchas de sus biografías testimonios  de debilidades y caídas. Bastará con acercarse un poco, por ejemplo, a los primeros años de vida de San Agustín de Hipona (actual doctor de la Iglesia) para darse cuenta que no todo fue miel sobre hojuelas.  ¿O que acaso no se acuerdan que San Pablo, el mayor misionero y evangelizador de la historia del cristianismo, tuvo que ser tumbado de su caballo por el mismo Cristo para pedirle que dejara de perseguirlo?

Los Santos no fueron perfectos, mas bien su gran mérito es haber estado disponibles. A Dios no le importa si antes le dijiste que “no” si a partir de este preciso momento le dices que “si”. Este decir “si” es la única acción que se distingue por igual en toda biografía de santidad. Punto. Es el común denominador más notable de todas las historias de santidad.

Es importante que sintamos que la santidad está al alcance de nuestras manos, que Dios la quiere y la pone accesible para todo los que tengamos la firme intensión de alcanzarla. No importa si somos débiles hoy, lo importante es la voluntad que tenemos de emprender el camino de la fortaleza espiritual.

De hecho, un primer paso que recomiendo para iniciar este camino de santidad, es justamente el acercarse a leer y estudiar las vidas de quienes ya lograron la meta. Haciendo esto se darán cuenta que sus circunstancias, problemas, debilidades y resistencias no están tan alejadas de nuestras propias experiencias personales.

La santidad es un llamado universal, no es exclusivo de unos cuantos y es deber de todo católico intentar entender cuales son los medios que mejor nos llevarán a la tierra prometida.


Dios existe…

10 noviembre 2009

Una amable lectora de este blog nos comparte esta hermosa historia de amor…

straus“La breve vida de una niña devota católica en Seattle, Washington, ha permitido el retorno a la Iglesia de muchos católicos y la conversión de al menos diez estadounidenses. El testimonio de fe que dio al luchar contra un doloroso cáncer ha dado numerosos frutos e incluso ha permitido la fundación de una organización dedicada a apoyar a familias con miembros enfermos.

Gloria Strauss nació en 1996, tenía seis hermanos y llevó una vida completamente normal hasta cumplir los 7 años de edad. Era amable, alegre, cariñosa y muy piadosa. Gustaba mucho del rezo del Rosario.

En una entrevista con CatholicNewsAgency.com, su padre Doug Strauss, recordó que en el año 2003 Gloria recibió un accidental golpe de pelota en el rostro y cuando la lesión desapareció quedó un bulto sospechoso.

Los médicos le diagnosticaron un cáncer avanzado conocido como neuroblastoma y le dieron entre tres meses y tres años de vida. Gloria fue sometida a una cirugía y recibió tratamientos de quimioterapia.

Un columnista del Seattle Times se interesó por la historia de la familia y su primer artículo atrajo a muchos lectores. El caso llegó a medios de todo el país, uniendo a miles de personas en una gran cadena de oración.

Cuando la salud de Gloria empeoró en el año 2007, la familia empezó a recibir a decenas de personas en su casa para rezar el Rosario y entonar canciones religiosas con la niña. Cuando aumentó la afluencia de personas, cinco miembros de la comunidad abrieron sus hogares para continuar con las oraciones.

Gloria fue sometida a nuevas sesiones de quimioterapia e incluso intentaron un trasplante de células madre extraídas de su propia médula. Ante el dolor de su hija algunos cuestionaron a su padre sobre la “calidad de vida” que llevaba la menor.

Doug Krauss estaba confundido y decidió preguntarle a Gloria si tenía “calidad de vida”. La niña le respondió: “¡Sí papá!” y emocionada añadió que muchas personas estaban empezando a rezar a causa de su enfermedad.

“Ella nos enseñó a todos la manera de llevar una cruz. Nos dio como regalo su propio compromiso en una relación constante con Dios a través de la oración. Ella siempre dijo, ´sí´”, recuerda Doug.

El testimonio de Gloria atrajo a personas de todas las religiones. “Todo el mundo sabía que somos católicos –no tuvimos que profesar nuestra fe– y queríamos oraciones de todos”, señaló.

El cáncer siguió avanzando y la pequeña Gloria falleció el 21 de septiembre de 2007. Tenía once años.

Más de tres mil personas asistieron a su funeral, la familia empezó a recibir historias de cómo el testimonio de su hija había cambiado vidas y tiene conocimiento de al menos diez personas que se convirtieron al catolicismo por conocer la historia de Gloria. Una familia de luteranos que compartió un campamento con la familia Strauss decidió convertirse al catolicismo antes de la muerte de la niña. Gloria supo de esta conversión y manifestó su alegría.

Con la ayuda de un empresario local, la familia Strauss inició una organización en memoria de su hija. Se llama Gloria´s angels y se dedica a asistir a familias que tienen algún miembro con una enfermedad grave.”

Es una condición natural de nuestro ser conocer lo que es el sufrimiento a lo largo de nuestra vida. Dios quiso que fuera así ¿Por qué?

Para atreverme a profundizar en esta cuestión apelaré a parte del pasaje evangélico según San Juan que publiqué en los pasados días. Este texto bíblicopor sí mismo nos da algo de luz para encontrar la respuesta a esta cuestión:

Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: “Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”Respondió Jesús: Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios .Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, “soy luz del mundo”. Dicho esto, Jesús sana al ciego de nacimiento, que es llevado ante la autoridad religiosa que no quiere reconocer  que el antes ciego ahora puede ver. Llaman a los padres del que había recobrado la vista y dan testimonio “Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.  Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo”.  Sus padres decían esto por miedo a ser excluidos de la comunidad.”

Juan IX: 1-9

Me parece que está muy claro… Dios se manifiesta a través del sufrimiento, a través de la desgracia, a través del dolor que aqueja al hombre. Cuando un incidente repentino nos obliga a cambiar el rumbo de nuestras vidas, lo primero que se nos ocurre preguntar es: “¿Por qué a mi Señor? ¿Qué he hecho yo para ser castigado así?”

A mi me gusta pensarlo de manera diferente: “¿Qué he hecho yo Dios para que te hayas fijado en mi como instrumento tuyo?”.

Cuando nos encontramos con el sufrimiento en nuestras vidas, Dios nos está diciendo a través de este: “Escúchame y déjame actuar a través de ti”.

Así como un doctor se justifica en la enfermedad, pues así Dios se entiende mejor en el dolor.

El pasaje evangélico de Juan nos lo dice de manera clara: “(el dolor) …es para que se manifiesten en él las obras de Dios”.

Esto puede no ser fácil de entender, sobre todo para quien se encuentra perturbado por el dolor de un momento difícil, pero si tenemos la fortaleza espiritual necesaria (previamente ejercitada) para escuchar a Dios en la desgracia, seremos capaces no solo de entender nuestro dolor, sino de permitirle al Creador hacerse presente a través de nosotros ante los demás.

Y eso, desde cualquier perspectiva, más que una desgracia…. ¡Es un orgullo!


Dudar…

26 octubre 2009

¿Es válido dudar de Dios? ¿Es natural creer que Dios puede no existir? ¿Qué fuerza tiene una duda en la construcción de nuestra fe?

A estas cuestiones apela la película “La duda”, película dirigida por John Patrick Shanley y que cuenta con una soberbia y magistral actuación de la actriz Meryl Streep (para mi la mejor actriz del planeta) y el actor Philip Seymor Hofman (en camino de convertirse en uno de los mejores actores del planeta).

A mi me gustó mucho la película aunque reconozco su carácter controvertido y retador (Lo que hace que me guste más).

No quisiera centrar este post en relatar la trama de la película, pero bastará con conocer que esta gira en torno a la duda que la directora de un colegio de niños tiene sobre una “probable” actuación inmoral del capellán del instituto, misma que él niega y justifica.

Dudar es de hombres, es natural del ser humano. Dudar de lo que creemos es parte importante de nuestro proceso de entendimiento.

Por ejemplo, hoy se sabe que la beata Teresa de Calcuta (próxima Santa) dudó de su fe en diferentes momentos de su vida. Sin embargo esto nunca fue motivo para detenerse y seguir levantando al desvalido y al hambriento.

Yo he dudado, no hay nada malo con aceptarlo. Pero extrañamente, en cada duda me viene un peldaño más hacia la fe. No puedo explicarlo cabalmente, pero en los momentos en que me he visto abordado por alguna duda, esta también ha venido acompañada por una certeza. Es como si  Dios permitiera por un instante que experimentemos la sensación de un mundo sin Él, pero en este mismo ejercicio, también nos revelara las puertas de la desesperanza de no tenerlo.

Dudar es normal, más no dudarlo todo y al igual que en el caso de Teresa de Calcuta… podemos dudar pero jamás parar.


La constancia…

19 junio 2009

Me encanta pensar de la santidad en los siguientes términos:

“La santidad tiene más que ver con la constancia que con la perfección”

Santo no es quien nunca se equivoca (¿quien puede presumir de tener esa cualidad más que Dios?) sino quien, aunque el camino es difícil y lento, nunca abandona el barco.  Dios no te pide perfección sino constancia.

Al respecto de esta reflexión viene a mi menta la que creo ha sido la mejor frase que mi papá me haya podido dar en el transcurso de mi vida:

“Para tener éxito, es más importante la constancia que la inteligencia”

Amén.


Acerca de la Santidad

30 mayo 2009

Esta reflexión de San Josémaría Escrivá de Balaguer me gusta mucho. Así es como me gusta entender al católico. No perfecto pero si constante.

“No nos engañemos: en la vida nuestra, si contamos con brío y con victorias, deberemos contar con decaimientos y con derrotas. Esa ha sido siempre la peregrinación terrena del cristiano, también la de los que veneramos en los altares. ¿Os acordáis de Pedro, de Agustín, de Francisco? Nunca me han gustado esas biografías de santos en las que, con ingenuidad, pero también con falta de doctrina, nos presentan las hazañas de esos hombres como si estuviesen confirmados en gracia desde el seno materno. No. Las verdaderas biografías de los héroes cristianos son como nuestras vidas: luchaban y ganaban, luchaban y perdían. Y entonces, contritos, volvían a la lucha”.


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