Lo juro por Dios (III)

14 enero 2013

Ya han pasado cinco días desde que inicié mi juramento y ya enfrenté las primeras adversidades típicas en el camino de quienes deseamos controlar nuestra alimentación de una manera estricta.

Resulta que el fin de semana pasado han venido a visitarnos unos familiares de mi esposa y ella ha preparado una suculenta comida para recibirles (desde luego que en ningún momento me opuse a esto pues nada de culpa tienen los demás de mi desproporcionado peso)

Así que sabiendo que durante la comida iba a querer probar un poco de todo lo que se serviría, decidí desayunar muy ligero para permitirme comer sin mucha restricción. (Dicha planeación me parece que es la actitud que debería de tener cada vez que se presente una situación similar)

La comida ha estado tan deliciosa que me ha resultado un tanto difícil poder controlar mi apetito. Comí generosamente… (Reconozco que sintiendo un poco de culpa)

A pesar de eso, al día siguiente (ayer) volví sin muchos problemas a mi régimen balanceado y me sentí muy bien.

Hoy muy temprano me subí a las báscula y resulta que peso 107.9 (¡dos kilos menos!), lo que me ha puesto muy contento y me ha motivado.

He recibido un comentario en el blog de un lector argentino que me ha inyectado mucho ánimo. Me dice que él es un testimonio viviente de que Dios transforma.

En fin, las dificultades siguen más mi ánimo sigue intacto.

¡Seguimos adelante!


Lo juro por Dios (II)

10 enero 2013

Ayer hice un compromiso serio. Juré por Dios que cumpliría una meta personal de pesar 80 kg de peso para el 9 de junio del presente año.

Pues bien, han pasado ya casi 24 horas desde que publique el juramento y el ánimo sigue intacto.

A lo largo del día, después de haber publicado en mi blog , pude llevar a cabo acciones que fueron de acuerdo al cumplimiento de dicha meta. Comí bastante balanceado, evité los bocadillos innecesario, comencé a tomar abundante cantidad de agua y concluí el día con una muy divertida sesión de zumba que hará las veces del tan necesario ejercicio aeróbico.

Hoy comencé el día desayunando un licuado de proteína bajo en calorías y nada más. El hambre se mantuvo bastante inquieta hasta hace apenas unos momentos en que fui a comer un tentempié que me permitiera llegar hasta la hora de la comida sin contratiempos.

A todo esto, lo importante es que mis ganas de seguir adelante con mi promesa siguen intactas, lo cual es bueno, pues a estas mismas alturas de otros intentos anteriores ya había encontrado un sin fin de pretextos para abandonar el esfuerzo de adelgazar.

Claro, estoy seguro que este ánimo no se mantendrá permanentemente así todo el tiempo, estoy consciente que habrá, como en toda aventura, momentos buenos y momentos difíciles, pero eso no significa que la encomienda se abandone.

Reconozco que a lo largo del día me vinieron a la mente pensamientos del tipo “una vez más que seguro fracasarás”, “¿Que te hace pensar que esta vez será diferente?”, “A nadie le importa tu juramento” , más he tratado de no hacerme mucho caso y, en vez de esto, he intensificado mi vida de oración pidiéndole a Dios que me prepare de manera especial para cuando me toque enfrentar los momentos complejos de este juramento (¡Ayúdame Dios a mantenerme fiel a la causa del juramento que te hice!)

En fin, apenas empieza esto pero ya me estoy saboreando desde ahorita el momento en que el próximo 9 de junio me subiré a la báscula y aparecerá la tan ansiada meta de 80 kg.


La lotería celestial (II)

8 diciembre 2012

Resulta que has sido elegido para pedirle cualquier cosa a Dios. Ha enviado un ángel a indicarte que tan solo debes solicitar algo y lo que pidas se te concederá al instante…

¿Qué pedirías?

Desde luego que esta situación puede sonar muy fantasiosa y llena de ingenuidad, sabemos que Dios no suele actuar así, de forma tan directa. Más bien para concedernos cosas Dios suele ser bastante más oculto y muy difícilmente se puede interpretar al instante ¿no es as?

Pues resulta que hace aproximadamente unos 3,000 años vivía un Rey llamado Salomón al que Dios le quiso conferir la suerte de sacarse dicha lotería celestial de poder solicitar cualquier cosa que deseara.

Cuanta la Biblia que cuando fue hecho rey, Dios le ofreció concederle cualquier cosa que pidiera:

” El Señor se le apareció entre sueños y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te lo daré…” (Reyes 3:6)

¡Wow, qué momento! Dios en su máxima expresión de generosidad directa y explícita.

Si, ya se que esto es muy difícil que se vuelva a presentar en alguno de nosotros (aunque uno nunca sabe), más me gustaría que reflexionen por un momento lo siguiente:

Ante dicha situación… ¿Qué pedirían?

Aquí algunas cosas que nos podrían venir bien…

- Un súper coche último modelo que jamás se descomponga y que sea la envidia de todos mis amigos…

- No, mejor concédeme riqueza, mucha riqueza, y ya decidiré yo que hacer con ella… (Si,si… desde luego que destinaré algo a la caridad)

- ¡Ya se! Mejor dinero no. Lo que quisiera Dios es fama y poder. Es decir, concédeme que la gente me siga y me obedezca. Estoy seguro que con esto podré lograr grandes cosas…

- Aunque pensándolo bien,tampoco estaría nada mal pedirte que me quites de en medio a ciertas personitas sin las que mi éxito profesional sería mucho más fácil…

- Pero bueno Dios, no vayas a pensar que soy un egoísta y malvado, así que para que también veas que pienso en el prójimo, mejor concédeme… ¡La paz mundial! Si eso, pero que la gente sepa que yo la provoqué  ¿sale?

Pero, y a todo esto…

¿Que fue lo que pidió el rey Salomon hace 3,000 años?

“Señor, tu favoreciste mucho a mi padre David, tu siervo, por que caminó en tu presencia con fidelidad, justicia y rectitud de corazón, y le has conservado tu favor dándole  un hijo que se siente en su trono, como hoy sucede. Y ahora Señor, tu me has hecho rey a mi, tu siervo como sucesor de mi padre David; pero yo soy muy joven y no se como gobernar. Tu siervo está en medio del pueblo que te has elegido, un pueblo numeroso que no se puede contar, y cuya multitud es incalculable. Da pues a tu siervo un corazón sabio para gobernar a tu pueblo y poder discernir entre lo bueno y lo malo. Porque ¿quien, si no, podrá gobernar a un pueblo tan grande?” (Reyes 3: 6-9)

La Biblia continúa el relato  con el siguiente texto…

“Agradó mucho al Señor esta petición de Salomón y le dijo: Ya que me has pedido esto, y no una larga vida, ni riqueza, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar con justicia te concederé lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente como no ha habido antes de ti ni lo habrá después. Pero además te añado lo que no has pedido: riquezas y gloria en tal grado, que no habrá en tus días rey alguno como tú. Si caminas por mis sendas y guardas mis preceptos y mandamientos como lo hizo tu padre David, te daré una larga vida.” (Reyes3: 10-14)

Por mucho, para mi este es uno de los pasajes Bíblicos más impactantes y conmovedores. Pedir sabiduría para liderar es el acto de humildad más grande que un gobernante puede demostrarle a Dios, y al mismo tiempo es la petición más efectiva que jamás alguien podría realizar al Creador.

La sabiduría es la virtud que nos permite clarificar (quitar la venda) nuestra visión ante la verdad, ante lo que es importante y ante lo que vale la pena. El sabio lo es, no por la información que posee, sino por que entiende y sabe qué hacer con ella. El sabio no es el que más habla ni el que más predica, sino el que, incluso en el silencio, enseña mejor.

Durante el transcurso del gobierno del rey Salomón se sabe que el pueblo judío experimentó uno de los momentos de mayor prosperidad y majestuosidad de su historia. Se sabe que durante su reinado fue un gran constructor (edificó muchos templos de gran importancia, incluyendo el Templo de Jerusalén), pero también se le atribuye una gran capacidad de decidir con justicia.

Fue así, hasta que en algún momento de su vida, Salomón se olvidó de los preceptos que había prometido jurar ante Dios (apegarse a los mandamientos como lo había hecho su padre) y las riquezas y la lujuria nublaron su corazón. Al dejar Salomón el trono en manos de su hijo Roboam, el pueblo de Israel se dividió en dos a causa de conjuras económicas y Salomón, tardíamente arrepentido, se lamentó de no haber perseverado en la virtud que Dios le había concedido, lo que demuestra que no solo con pedir a Dios basta, sino que hemos de poner de nuestra parte para mantener la bendición concedida.

Desde que descubrí este pasaje histórico, mis oraciones siempre he procurado llenarlas de dos virtudes en particular: Sabiduría y perseverancia.

Por eso, hoy suelo rezar más o menos así:

“Dios, no me resuelvas mis problemas, más bien dame la sabiduría para ser yo quien sepa discernir lo que debo hacer ante cada circunstancia. Haciéndolo me darás herramientas para poder gobernarme a mí mismo, así como a las personas que me encomiendes guiar hacia ti.

Gracias Señor por no quitar mágicamente los obstáculos en mi andar, pues si lo haces jamás aprenderé a hacerlo por mi mismo y, por lo tanto, no lograré ser quien estoy llamado a ser.

Por el contrario Dios, te agradezco las resistencias que permites que me vengan en cada momento durante el cumplimiento de mi misión, pues sé que afrontándolas (a veces ganando y a veces perdiendo) me vuelvo cada día más fuerte y sabio, y eso Señor, justo eso, es lo que deseo más que nada en el mundo.

Ahora bien, si resulta que me bendices concediéndome esta virtud creadora de bien, te pido que también me concedas perseverancia para mantenerme en el bien y evitar el mal al pasar los años.

Se que soy humanamente imperfecto y  que el éxito me abruma y la derrota me tumba,  más contigo en mi interior, lo importante y no lo conveniente siempre guiará mis pasos, evitando que sea yo mismo quien interfiera con tu gran proyecto de salvación.”


Bache

18 abril 2011

En México le solemos llamar “bache” a un hoyo o grieta que se forma en la calle en época de lluvias.

Bache” por lo mismo, podría definirse como un obstáculo en nuestro camino, un suceso que le quita lo terso y amable a nuestro caminar y lo vuelve dificultoso.

De la misma manera y dado su significado ,”Bache” también es una palabra que los mexicanos hemos incorporado a nuestro léxico cotidiano no solo para referirnos a los hoyos de las carreteras, sino también para nombrar a las dificultades que se nos presentan en la vida.

“Estoy pasando por un bache en estos momentos en mis vida” se suele decir si enfrentan obstáculos en algún ámbito de la existencia humana.

“La pérdida de ese familiar querido es me ha metido en un gran bache”

“Haber perdido mi trabajo me puso en un bache” 

“En estos momentos paso por un inesperado bache moral”

Así pues, un “bache”, es un suceso incomodo y no esperado, que nos hace desviar un poco la trayectoria originalmente planeada y que en ocasiones, si no se sortea con la suficiente habilidad, puede causar lesiones o averías importantes en el auto o en la vida.

Un “bache” es un momento de dificultad, pequeña o grande, que nos pide atención momentánea. Nos quita el enfoque por un momento y nos obliga a reconsiderar la estrategia tomada.

Pero lo importante (y positivo) de los “baches” es que, comparados con la dimensión de la carretera en la que se forman, tan solo representan apenas una pequeña porción de la misma. Cuando hemos pasado por uno, nuestra atención hacia los mismos aumenta de inmediato y nos pone en situación de alerta. Además, pareciera que la construcción de toda carretera lleva implícito el concentimiento por parte del constructor de que tarde o temprano aparecerán en ella “baches” para recordarnos que nada es cien por ciento perfecto y que el tiempo siempre tiene la última palabra. (Los baches son consecuencia del paso del tiempo)

Amigos…. compara el tamaño de tu vida con el del tamaño del “bache” que tanto te preocupa…

¿Es inmensamente mayor tu vida, cierto?

Bueno pues asume en este instante que nada malo que te pase durará para siempre y que lo bueno que Dios tiene preparado para ti y tu futuro es inmensamente mayor.

Los “baches” existen, suceden y son naturales,pero la carretera y el rumbo que llevas es lo que verdaderamente importa.

Los “baches” te podrán detener por un instante, tal vez hasta te harán cambiar uno o dos neumáticos ocasionalmente, pero nunca permitas que estos te quiten las ganas de llegar hacia tu destino.


Perseverancia…

20 enero 2011

Cuando veo las estadísticas de este blog y me percato que mi primer entrada fue en marzo del 2009, no me queda más que agradecerle a Dios que me haya ayudado a ser perseverante en un proyecto importante en mi vida.

Además, definitivamente no creo que sea casualidad que este proyecto sea justamente uno en el que hablo todo el tiempo sobre Él de manera directa.

No miento al decirles que el gran reto que debemos de enfrentar los blogueros no tiene que ver con cuestiones técnicas ni digitales (créanme cuando les digo que las herramientas disponibles actualmente en la red para dar de alta un blog son tan sencillas que cualquiera puede hacerlo en menos de 1o minutos), sino  más bien es la de no desistir ante la  siempre tentadora iconstancia.

En el mundo se pueden contar por cientos de miles los blogs que actualmente existen sobre una infinidad de temas, pero si uno navega por muchos de estos se podrá percatar que el problema común encontrado en cientos de ellos es la falta de perseverancia de los autores para forjarse el hábito de escribir periódicamente. He encontrado blogs cuya última entrada (y en ocasiones la única) fue en el 2007.

Y es que al final de cuentas un blog no es otra cosa que un hábito… un hábito de parte de quien escribe, pero también para quien decide leerlo (claro, si el contenido vale la pena). Un blog es un hábito compartido que hemos acordado implícitamente escrito y lector. Pero quien tiene la principal responsabilidad en ese acuerdo es quien decidió dar el primer paso… el escritor.

Así que le doy gracias a Dios que me haya permitido perseverar en este proyecto.

Antes de este blog intenté otros tres más sin nada de éxito, pero fue hasta que empecé “Diario de un católico” que por fin encontré la motivación suficiente para no desistir en la escritura… ¿Por que? Por que los comentarios de ustedes, queridos lectores, me hacen saber que Jesús es el centro de este proyecto. Efectivamente, no soy yo, es Él quien quiere que esto siga adelante. Y cuando eso sucede… pues ni aunque se le ponga enfrente alguien tan débil como yo se puede hacer lo contrario.


En las buenas y en las malas

28 junio 2010

¿Se han puesto a pensar lo fácil que es tener a Dios presente cuando las cosas nos salen bien? Pero al mismo qué difícil es acordarse de Él cuando las cosas no son del todo acordes a nuestras expectativas ¿No es así?

El ser humano es un enjambre de sentimientos y emociones. Algunas veces está arriba, con todo el ánimo a tope y otra veces puede estar en la parte más profunda de su pesimismo. Es difícil, lo se, pero así somos y no podemos hacer mucho por cambiarnos.

Lo que si podemos hacer es aprender a entendernos. A identificar que nuestros momentos malos al igual que los momentos buenos son pasajeros y que con el tiempo cambiarán. Lo único constante en el ser humano es el cambio mismo.

Ayer, por ejemplo, fui a misa y me costó mucho trabajo concentrarme en ella. Además de que el sacerdote no es precisamente un talentoso de la oratoria, tenía en mi cabeza un montón de asuntos que me distrajeron todo el tiempo. Era como si estuviera sentado en la banca de la iglesia y mi cuerpo me pesara cien veces más de lo que de por si ya me pesa.

¿Es normal sentirme así a veces? Desde luego. Como también es normal que en ocasiones ir a misa me produzca lágrimas de emoción por el encuentro espiritual que Jesús me permite sentir en su presencia (El momento en que todos los asistentes a la misa nos acercamos a recibir la comunión me produce especial emoción)

El ser humano es así, voluble y complejo. Pero Dios no nos quiere por esto, sino por simplemente estar ahí, con Él, aunque no estemos teniendo un momento de euforia espiritual.

Se cuenta que la misma madre Teresa tuvo un periodo de sequía espiritual de más de 10 años que la llevaron a cuestionarse severamente su fe. Al final de su vida, Dios, por medio de su asesor espiritual, le permitió entenderle el por qué de esta situación.

La santidad de Teresa de Calcuta no era el reflejo de su gran experiencia sensorial con Dios, sino de su perseverancia infatigable.

Eso es lo que Dios más admira de los santos, que a pesar de que no se encuentren en el mejor momento emocional de su vida, sean capaces de estar con Él, a su lado una y otra vez.


¿Qué te cuesta más trabajo?

11 mayo 2010

Ya he comentado en otras publicaciones acerca de la perseverancia como medio de santidad.

Es la constancia en el camino y no la perfección la que nos hace dignos del camino de la salvación.

Bueno, pues en este camino seguramente cada católico se ira encontrando a lo largo de su vida con piedras y obstáculos que le son especialmente más difíciles de remover que otras.

Por ejemplo… yo recuerdo que de joven uno de mis principales defectos era la desidia. Todo lo dejaba para después y me costaba mucho trabajo empezar a hacer mis deberes. Por lo mismo, constantemente me veía desvelándome durante las noches, intentando terminar urgentemente alguna asignación que no había decidido realizar con la suficiente anterioridad. Solía ser muy desordenado en mis tiempos.

Gracias a Dios, ese problema se me fue resolviendo paulatinamente cuando ingresé a laborar. Ya no era una opción el poder ser desordenado en mis tiempos, pues el éxito del trabajo de varias personas dependía de mi propio orden y disciplina.

Como católico que intenta comprometerse con su fe, he asumido varios compromisos espirituales que me propongo cumplir constantemente. Así, por ejemplo,  todas las mañanas dedico un tiempo a la lectura de un pequeño pasaje del evangelio, cada vez que tengo la oportunidad de acudir a un lugar cercano a una Iglesia o capilla procuro entrar a saludar al “Jefe” antes de seguir con mi destino, rezo el rosario por lo menos una vez a la semana, ademas de no dejar de asistir a misa cada domingo.

Algo que me ha ayudado en este esfuerzo es calendarizar en mi agenda electrónica el horario al que siempre he de cumplir ciertos compromisos. Este dispositivo se encarga de avisarme cuando debo de detener mis actividades y dedicar un pequeño tiempo al cumplimiento de dichas acciones.

Por ejemplo, mi agenda me avisa justo a las 12:00 pm (medio día) que es hora de rezar el Ángelus, así que  en cuanto esta alarma suena indicándome que es hora de dialogar con María, esté haciendo lo que esté haciendo, busco un espacio privado y me pongo a rezar esta bella oración. De igual manera, mi agenda me indica que todos los días de 8:00 a 8:30 de la mañana es hora de hacer una reflexión evangélica,  así que  como primer orden del día, tomo el evangelio y leo y reflexiono un pasaje de la vida de nuestro Señor.

¿Todo suena muy bonito verdad?…. pero aquí es cuando hago mi confesión ante ustedes. ¿Siempre logro cumplir dichos compromisos todos los días?

No, lamentablemente no.  En muchas ocasiones fallo y no atiendo a las citas comprometidas. Varias ocasiones he estado tan inmerso en cierta actividad que , aunque suene mi agenda alertándome de la llegada del momento de cumplir cierto compromiso, simplemente hago caso omiso del recordatorio y sigo sin miramientos.

En especial, hay un compromiso que me custa muuuucho trabajo poder llevar a cabo todos los días. Se trata del “balance del día”. Con este compromiso espiritual lo que pretendo es que, una vez que ha concluido mi jornada, poder tomar 10 minutos para reflexionar sobre cómo han sido mis actuares durante dicho día. ¡Vaya que si me cuesta trabajo! Reconozco que me resulta más llamativa la cama y su comodidad que este compromiso. Así que desde hace varios meses he venido perdiendo la batalla con este compromiso en especial. Definitivamente no he logrado vencer al demonio de la comodidad y la pereza.

Bueno, pero como siempre he dicho, es más fácil llegar al éxito desde los fracasos que desde los pretextos, así que desde hoy voy a decidirme volver a retomar este compromiso espiritual, y lo voy a hacer de la siguiente manera: en vez de intentar hacer este balance momentos antes irme a  acostar ( justo lo que me hace perder la batalla) lo voy a hacer mejor  momentos antes de salir de mi oficina. Prefiero dejar de pelear la batalla contra un rival poderoso (la almohada) y llevar a cabo dicha actividad en un campo neutral en el que tengo más oportunidades de vencerme a mi mismo.

Además, para motivarme un poco más… voy a acompañar dicha actividad con música. Es decir, mientras realice dicho balance voy a escoger una canción que me hable del amor de Jesús y con ella voy a acompañar mi oración. ¿Es válido? Desde luego que si…

Pues bueno, mis guerreros de la fe,  este es solo un intento por  decirles lo siguiente:

“No no soy perfecto ni el católico más constante, pero puesto que sigo en pie de guerra contra mis propios demonios, creo que Jesús me está echando porras desde el cielo”


Subidas y bajadas

26 abril 2010

Caray… qué difícil es perdurar en los momentos difíciles. Desde hace unos días que traigo muchas cuestiones personales en la cabeza que no me han dejado apaciguar mi alma. Un sin fin de pensamientos me vienen a la cabeza: ¿Qué más puedo hacer? ¿Estoy dando lo mejor de mi? ¿Puedo exigirme más? ¿Soy mediocre o exitoso?

Hace mucho tiempo me preguntaron “José Luis ¿Cual es tu principal miedo? ¿A qué le temes más que a nada en el mundo?” Pude haber contestado que me dan miedo las alturas, o que tengo miedo del dolor, o tal vez de morir, pero la verdad es que en mi situación actual de vida eso no me produce gran preocupación.

Lo que verdaderamente me aterra y me provoca mucha angustia es llegar a mi último minuto de vida, voltear hacia atrás en mis recuerdos y decir: “Caramba… pude haber hecho mucho más”.

Me aterra llegar al cielo con las manos vacías, presentarme ante Dios y tenerle que decir: “Señor, te devuelvo los talentos que me diste al nacer tal cual y como me los entregaste. Los guardé para no arriesgarlos por que tuve miedo de no ser comprendido. Preferí hacerle caso al mundo que a mi corazón”. A eso le tengo pánico… ¡a mi mediocridad!

Por eso mi angustia actual… Ya conozco el mensaje, ya conozco la verdad… ¿Por que no me muevo como quisiera?

¿En verdad he aprovechado mis talentos? ¿He aportado lo que puedo a la causa que más amo? ¿Sentado aquí escribiendo estas lineas estoy avanzando?

En fin… La vida es así, con subidas y bajadas…

Lo único que deseo es que Cristo no se detenga por mi culpa. Su Reino tiene que ser implantado conmigo, sin mi o a pesar de mi.


D x D

21 abril 2010

Esta sección tiene como misión poner a la creatividad al servicio de matrimonio. Pensando en la misión que los esposos tenemos de conquistar “Día a Dia” (DxD) a nuestras esposas, sirva este espacio para exponer ideas y sugerencias creativas para llevar a cabo detalles en sus matrimonio. Siéntanse con la libertad de utilizar estas propuestas para el beneficio de su vida matrimonial o de enviar sus propias ideasdiariodeuncatolico@gmail.com

La rosa constante

Es de todos los hombres bien sabido que a nuestras hermosas esposas les encantan las flores. Bueno, pues propongámonos llenarles de muchas de ellas.

La idea es que durante un mes, puede ser el del aniversario o el de su cumpleaños, le regalemos una rosa tooooodos los días sin falta a nuestras esposas. Para esto puedes hacer un convenio con algún vendedor de rosas que esté dispuesto a tenerte lista la rosa siempre a la misma hora para que puedas pasar por ella camino a casa. Aquí el secreto está en hacer el compromiso personal de no fallar ni un solo día, ya que la perseverancia le dará un toque aún más bello a la de por si ya hermosa rosa que le obsequiarás.


Auto reflexiones sobre el blog…(II)

17 abril 2010

Ayer comentaba sobre la dificultad que ha veces encontramos los seres humanos para ser perseverantes. No serlo es una piedra bastante molesta en el camino de la santidad (Lo digo por experiencia personal)

Esa es una de las razones por las que inicié este blog hace ya casi un año. Tenía que demostrarme a mí mismo que si podía dar seguimiento constante a un proyecto. Creo que hasta el momento más o menos lo he logrado. He emprendido varios blogs sobre muchas otras de mis aficiones y áreas de interés, pero sólo este ha perdurado.

Déjenme que les platique que hace unos meses, en medio de una crisis de productividad, estuve a punto de desistir de golpe en continuar con “Diario de un Católico” ya que algunas personas me recomendaban que no dedicara tiempo a actividades que me quitaran enfoque de otras actividades profesionales.

Tras estos comentarios me dije: “Tienen razón, borraré el blog y así ya no tendré la tentación de seguir escribiendo”.

Abrí mi computadora, ingresé a mi portal principal de WordPress, ingresé mi clave de acceso, me metí al tablero de control del blog y….¡Descubrí que un lector había dejado un comentario en una de mis publicaciones!

Este comentario decía “Gracias por tus palabras, me han servido mucho”.

¡Mis palabras le había servido a alguien! ¡Que bien!

Frené de inmediato mi intento de suicidio blogueresco, al mismo tiempo que reflexioné: “¡Un momento! Esto no es un proyecto mío, es un proyecto de Cristo mismo. Yo tan solo soy un instrumento para escribir. ¡No tengo ningún derecho de callar a quien verdaderamente quiere hablar!” y fue así que decidí que debía darme una segunda oportunidad.

De eso hace ya un tiempo… hoy estoy enormemente feliz de no haberme auto-censurado. Gracias a aquel pequeño comentario de un lector en mi blog, decidí seguir. No estará en mi medir los alcances de es este proyecto, sino en las de Dios mismo. ¡Que sea Él quien ponga esta herramienta en manos de quien más lo necesita! Yo simplemente sigo aquí, tratando de seguir imperfectamente con mi misión de hablar del amor de Dios a los hombres.

Y a todos ustedes mis queridos lectores del blog… ¡Muchas, muchas gracias por no dejarme desistir con sus comentarios tan positivos sobre lo que aquí intento lograr en favor de Dios!


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