Hoy, viernes santo, los católicos acompañamos a Cristo en la vía de su calvario.
El acto de amor más grande de la historia está a punto de ser consumado. No hay marcha atrás, la profecía tiene que ser cumplida si queremos que las puertas del cielo se abran nuevamente.
¿Tuvo que morir Cristo en la cruz?
Ciertamente no… pudo haber decido no morir y continuar con su predicación. Pudo haber optado por escapar de la muerte y salvar su vida, pero ¿que sentido tiene la palabra sin el actuar? El Maestro no lo es sólo porque lo que habla sino por lo que hace, pone el ejemplo y ama a sus discípulos.
Cristo aceptó morir en la cruz por que sabía que, haciéndolo, estaría sellando de manera definitiva el mensaje del amor. El líder se tiene que apartar, se tiene que ir, tiene que morir para que su verdadero legado sea implantado. Mientras vive sólo es una posibilidad, pero cuando muere se vuelve toda una realidad.
La muerte es la gran confirmadora de la historia. Si mueres por lo que predicas, tu mensaje quedará sellado para siempre. Por eso Cristo quiso la muerte en Cruz, para que no nos quedara duda de la verdad de sus palabras.
Créanme… como formador que soy, lo más fácil es hablar de lo que se debe hacer, pero lo más difícil es comprometerse a muerte con lo que uno enseña. Yo puedo predicar el perdón, pero si no perdono nada logro, puedo hablar del amor, pero ni no amo, poco consigo.
Si Jesús no hubiera muerto en la cruz, la enseñanza no hubiera sido tan contundente. La muerte del Maestro es necesaria si se quiere que el alumno en verdad le siga de corazón.
Hace uno días dejaron en la puerta de mi casa un volante de promoción de la escuela pastoral de la Iglesia. Me pareció una manera creativa de hacernos pensar acerca de la manera en que manejamos el tiempo de Dios en nuestras vidas.
Hoy quiero transmitirles un testimonio que conozco de primera mano y que considero una de las experiencias más conmovedoras y vivificantes que me ha tocado presenciar. De igual manera busco ofrecerlo como una muestra de que somos nosotros los encargados de demostrar que Dios existe y no viceversa…
Luis y Adriana son esposos y padres de unos hijo maravillosos. Como pareja son ejemplares y desde hace ya casi 10 años he tenido la oportunidad de estar ligado a ellos vía una amistad de principio profesional (Luis fue uno de mis mentores en la Universidad) y posteriormente espiritual.
Lo que caracteriza a la familia Alverde, a mi parecer, es su disponibilidad por dejarse llevar por lo que Dios les va presentando como pruebas en la vida. Y esto no lo digo por que sí, ya que basta entablar un dialogo con cualquiera de los dos para darse cuenta de que Dios los eligió bien para ponerlos en el camino de la fe.
Sin embargo lo inspirador de su testimonio es lo que a continuación narro:
En septiembre del 2004, a la edad de 3 años, Alejandro, el segundo de tres hijos del matrimonio Alverde Castro fue ingresado al hospital para una operación programada de anginas y adenoides, misma que el doctor había recomendado realizarse en orden de ayudarle al pequeño a oxigenarse bien. Tras esta intervención quirúrgica en la que todo parecía haber salido normal, Ale fue dado de alta para proseguir a sus respectivos cuidados y curaciones en casa.
Unos días más tarde, Luis y Adriana tienen que regresar de urgencias al hospital tras encontrar que Ale estaba teniendo una hemorragia bastante severa. Aunque en el hospital lograron estabilizarlo por unas horas, Ale no aguantó por mucho tiempo y unas horas después, producto de varios paros cardiacos, fue declarado con muerte cerebral. Aquel pequeñito que días antes había ingresado al hospital para una operación de rutina, como muchas que se practican en infantes de su edad, había regresado al mismo lugar para entregar su vida a Dios de manera definitiva.
Inmediatamente después de que Ale fue declarado con muerte cerebral, y con el dolor en el alma a todo lo que da, sus padres optaron por tomar la decisión que cambiaría el sentido de toda su vida a partir de ese momento. Un sacerdote, consejero espiritual de la familia, les acercó información sobre la donación de órganos y de cómo Alejandro, en su estado, era candidato ideal para ser donante.
Luis y Adriana, pidiendo a Dios toda la resignación que humanamente es posible, aceptaron donar los órganos de su hijo despidiéndose de él pues ya no volverían e ver nunca más, al menos físicamente.
En palabras de Adriana: “Realmente no se cuando dije va, por Dios que no sé, pero bendito Dios que lo dije, ahora lo reflexiono y estoy segura que Dios estaba ahí con nosotros y el me dijo que lo hiciera, era lo que él quería de mí”
Ya estando en la funeraria, en medio del máximo dolor que solo la pérdida de un hijo ocasiona, recibieron una llamada telefónica que les confirmó el plan magistral de Dios al respecto: “Felicidades Adriana, ya tienes seis hijos más”, y es que la donación de órganos de Ale trajo como consecuencia el que se pudiera salvar la vida de seis pequeños más.
“Fue una vida por seis vidas, así de sencillo, y si hubiera sido mi hijo quien necesitaba ese órgano, yo lo hubiera agradecido siempre. La verdad, duele y duele mucho, la muerte de mi chaparro no se me va a quitar jamás porque lo extraño, pero le dio sentido a mi vida y ese dolor está haciendo que trate de ser una mejor madre, una mejor esposa y un mejor ser humano” declara Adriana.
Dice un conocido dicho: “Cuando pierdes a una madre o a un padre, te llaman huérfano, cuando pierdes a un esposo o esposa, te vuelves viudo, pero cuando pierdes a un hijo, eso…. eso no tiene nombre”. Lo que Adriana y Luis sintieron al entregar a su hijo a Dios, solo ellos y el mismo Dios lo conocen, sin embargo la respuesta de vida que le ofrecieron al mundo tras esta experiencia es de muchos admirada y reconocida.
A raíz de la muerte del pequeño Ale, Adriana pudo darse cuenta de lo carente y mal organizado que es el sistema de donación de órganos en nuestro país. Las personas necesitadas de un transplante en México alcanzan la cifra de 9,500 contrastando con el ínfimo número de donante que igualmente existen: 317. Es decir que una persona que en México es diagnosticada con una enfermedad que se cura únicamente con la asistencia de un transplante de órgano, está siendo, prácticamente, condenada a perder toda esperanza.
Es justo aquí, en donde Adriana y Luis encontraron el llamado de Dios y entendieron el por qué de lo sucedido con su hijo Ale. En Octubre de 2004, un mes después del fallecimiento de su pequeño, constituyen la Fundación Ale institución que se encargaría de promover la cultura de la donación de órganos en nuestro país así como de buscar apoyar al sistema médico nacional en la adquisición de herramientas y capacitación especializada necesaria en la materia.
Así, Fundación Ale en 2007 logró apoyar de manera satisfactoria 445 casos de pacientes que requerían de donación de órganos. Para lograr lo anterior, la fundación ha recaudado 7 millones de pesos de empresas patrocinadoras, organizaciones civiles y gobierno, mismo que ha destinado a su misión institucional de salvar vidas.
Mucho podría seguir escribiendo sobre los logros de la fundación, así como de los reconocimientos que Adriana ha recibido por su loable labor, pero yo quiero centrarme en el testimonio epsiritual de Luis y Adriana ya que, para que una gran obra suceda es indispensable que un emprendedor acepte llevarla a cabo.
Dios actúa de maneras muy misteriosas, lo que para Él puede ser un paso más en su implantación de su reino en la tierra para nosotros puede ser un evento confuso e incomprensible. Así es y así será. No está en nosotros tratarlo de entender a cabalidad, ni mucho menos cambiarlo. Ante las aparentes desventuras de la vida sólo nos queda una posibilidad: aceptación y escucha. Aceptación pues es de Dios dejar que las cosas sucedan y escucha por que en cada evento Él nos quiere pedir algo. No podemos evitar el mal o la tragedia, pero si podemos decidir cómo reaccionamos ante estas y me queda claro que los espíritus fuertes y bien formados son los más capaces de salir adelante.
San Pablo, en una de sus cartas a los romanos nos incita a vencer al mal con el bien. La respuesta del hombre ante el mal sólo puede ser el bien, ese mismo bien que Cristo nos enseñó a practicar hasta el extremo de la muerte.
Hoy Luis y Adriana, ya no tienen a su hermoso Alejandro físicamente, sin embargo, saben que está presente con ellos en una manera mucho más trascendental y reveladora: Ale, al entregar su vida por ellas, está en cada una de las personas que, recibiendo un transplante de órganos, tendrán una segunda oportunidad de seguir amando en la tierra a Dios y al prójimo como a ella mismas.
(El siguiente video es el cortometraje “Por siempre” que narra la historia de lo que aquí les conté. Aunque el papel de Adriana es interpretado por Bárbara Mori, quien sale al final del filme es la verdadera Adriana Castro de Alverde, fundadora y directora de la fundación Ale)
Recién concluyó la semana más importante del año católico y me quedan las siguientes reflexiones al respecto…
1.- Me sorprende saber que la pasión de Cristo es un tema que llega profundo al corazón de mucha gente en todo el mundo. No dejo de admirar la devoción con que se llevaron a cabo de manera espectacular y bien pensadas tantas representaciones de la pasión de Cristo (Via Crucis) en prácticamente todas las parroquias con las que tuve contacto esta semana.
2.- Es justo en esta emana en donde sale a relucir el verdadero compromiso espiritual de cada persona. Como en ninguna otra semana del año se le exige al Católico una entrega profunda hacia su fe. (Personalmente me doy cuenta lo mucho que pudo mejorar al respecto)
3.- En esta Semana Santa no solo Cristo está presente de especial manera, sino que el enemigo también se encarga de tentarnos con todas su fuerzas poniendo en nuestro camino más distracciones y tentaciones que nunca. Al diablo le interesa mucho que durante esta semana nos desconectemos espiritualmente. ¿Por qué será que en Semana Santa es cuando se organizan los mejores planes vacacionales del año?
4.- Me encanta que la Iglesia nos incite a aprovechar esta temporada para reflexionar sobre el perdón y el arrepentimiento. Trabajar para hacer una buena y profunda confesión es muy enriquecedor para lograrlo.
5.- ¿Por qué las escuelas tienen que salir de vacaciones durante estas dos semanas? ¿No sería mejor enseñarle a los niños el valor y la trascendencia de la Semana Santa en la vida de los católico a través de actividades y reflexiones especiales dentro de las propias instituciones? Lamentablemente el suspender actividades escolares solo provoca que perdamos el sentido de esta temporada y lo remplacemos con el de diversión y descanso.
Pero por sobre todo lo anterior, la reflexión principal que me llevo es la de verdaderamente entender el sentido del amor profundo de Dios hacia los hombres. Que Cristo haya dado la vida por la humanidad no es algo simple y falto de importancia. Sino al contrario, debe entenderse como el acto que le da sentido a todo.
Como decía el slogan de la campaña de Juventud y Familia Misionera hace un año: Si en estas vacaciones de Semana Santa quieres practicar un deporte de alto riesgo… ven de misiones.
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