Haz de tu vida un suceso maravilloso…

3 enero 2012

Creo que esta es la misión de todo hombre sobre la tierra…

“Hacer de la propia vida y la de los demás un suceso maravilloso”

No tenemos garantizado el futuro…

No tenemos garantizado ni siquiera el próximo minuto de vida…

Tan solo la certeza de que hoy estás vivo y puedes, mientras esto sea posible, hacer la diferencia en tu existencia y en la de los demás que te rodean.


Entender la muerte

16 junio 2011

Uno de los temas más complicados de afrontar es la muerte de un ser querido.

Los católicos tenemos una perspectiva muy particular de este desafortunado y complejo evento. Creemos que los cuerpos perecen pero las almas permanecen. Esto no solo es una idea que ayuda a reconfortar el dolor de quienes sufren una pérdida, sino un concepto que tiene su sustento completo en la teología cristiana.

La muerte es para nuestra filosofía espiritual católica el sustento de muchas cuestiones y la validación de otras.

Sin la muerte, la historia de la salvación no habría tenido ningún cause. Es la muerte esa barrera infranqueable para los hombres comunes y corrientes pero fácilmente superada por Dios encarnado en Jesús.

Es justamente la imagen de Jesús vencedor de la muerte lo que nos conforta y llena de esperanza a los católicos. Si Jesús resucitó de entre los muertos, qué mayor muestra de su gran poder divino.

Así, la muerte se vuelve contradictoria ante nuestros ojos pues es difícil de afrontar pero posible de cruzar.

La muerte de un ser querido nos duele pues nos afronta con el hecho de nuestra propia debilidad, nos recuerda que no tenemos poder alguno más que el que Dios nos concede en la tierra. La muerte nos afronta directamente con nuestra única realidad: somos efímeros en este mundo (“Polvo eres y en polvo te convertirás”)

Al respecto de la muerte, a mi me gusta pensarla en estos términos…

“Para quienes buscamos y luchamos por vivir la santidad, la muerte no es temida sino añorada, entendiendo que añorar significa esperar la llegada de algo que no está en nuestras manos poder consumar, pero que sabemos es bueno para el corazón”


Dios respeta tu decisión…

19 mayo 2011

Desde hace un par de días me ha venido rondando la siguiente reflexión…

“El amor de Dios por lo hombres es tan grande que siempre respetará la decisión y postura que tengamos sobre Él hasta el final de los tiempos”

Si nuestra postura ante Dios es… “Existe y deseo amarlo por sobre todas las cosas” entonces Él, al final de nuestra vida, respetará esta postura y nos permitirá seguirle amando por la eternidad. Se hará presente para que lo amemos y nos compartirá su amor de regreso.

Pero, si por otro lado, nuestra postura ante el Creador es… “No existe y no merece mi atención”, entonces Dios también respetará esta decisión y como tal actuará en la vida eterna. No se aparecerá, no se hará presente y no nos interferirá en lo absoluto. Nos regalará el vacío que le pedimos en la tierra.

Esto lo medito considerando que Dios respeta nuestra libertad y nos da la oportunidad de elegir nuestra postura… Él no impone nada.

Somos nosotros quienes le dictaremos al Señor nuestro destino.


El ataúd de madera

4 mayo 2011

¿Recuerdan cómo se despedían de este mundo los antiguos faraones egipcios?

Mandaban construir en vida una gran pirámide digna de su grandeza, en cuyo interior sería depositado su cuerpo una vez que este emprendiera el viaje al otro mundo. Entre más grane la pirámide… mejor.

Además, solicitaban que junto a su cuerpo inerte se depositaran oro, piedras preciosa, herramientas, artesanías y hasta daban la orden de que una vez que ellos fueran enterrados, varios de sus familiares y sirvientes que les acompañaron en vida también deberían de ser enterrados junto a ellos.

Todas estas peticiones tenían dos únicos fines… Por un lado, todas los tesoros le servirían al faraón como recursos para poder enfrentar la nueva vida después de la muerte y, segundo, dejarían una muestra física en el mundo terrenal que fuera testigo de su grandeza como gobernantes.

Ahora bien…

¿Recuerdan cómo se despidió de este mundo Juan Pablo II?

El beato pidió que a su muerte, su ataúd fuera hecho de madera sencilla y sin adornos. Nada de joyas, ni de recuerdos y mucho menos ostentaciones materiales, tan solo madera y ya. El quería que su última morada en la tierra fuera un simple cajón de madera.

A diferencia de los faraones que buscaban a toda costa construir un legado físico y visible en el mundo para ser recordados, nuestro querido Papa polaco tan solo buscó que su recuerdo fuera de humildad y austeridad. Nada se iba a llevar a la otra vida… tan solo sus obras y las riquezas acumuladas en su alma.

Actualmente, en el interior de la Basílica de San Pedro, por motivo de la beatificación del Papa Juan Pablo II, se exhibe este ataúd de madera, sencillo, hermoso y liso… como si este fuera un reflejo fiel del alma de su morador.

Un solo mensaje nos parece decir esta última decisión de Juan Pablo II:

“Nada importa, nada vale y nada te llevas cuando de morir se trata. Tan solo lo que en vida hiciste por Dios y por los hombres”

2,000,000 de personas reunidas alrededor de un ataúd de madera es tan hermoso y grandioso como saber que millones de católicos en el mundo nos congregamos alrededor de dos mástiles de madera que juntos forman una simple cruz. Cruz que simboliza en su sencillez el símbolo más grandioso de Dios y su humildad salvadora.


Punto y seguido.

9 septiembre 2010

Para ti…¿Qué hay después de la muerte?

De esta pregunta, de naturaleza compleja y no cotidiana, podríamos decir que se desprende el origen de todas las decisiones trascendentales que tomamos en la vida.

Lo que quiero decir, en términos más simples es que, de la idea personal que se tenga de lo que sucede tras la muerte, se desprenderá la manera en que actuemos en nuestra vida.

Me explico.

Si para ti resulta que la muerte no representa absolutamente nada más que un simple “apagón de luces”, es decir que no hay nada tras de ella, entonces se podrá entender que tus decisiones en la vida sean muy pragmáticas, concretas y sin pretensiones de trascendencia.

Si, por el otro lado, crees que la muerte no es un punto final, sino apenas un “punto y seguido” hacia algo más, entonces un análisis de tus decisiones seguramente nos arrojará que tu actuar cotidiano va más encaminado a asegurar un lugar en aquello que esperas suceda después de la vida.

Esta distinción entre una idea y otra me lleva a decir que, más que cualquier otro concepto, el de la “muerte” le da sentido al de la “vida”.

Piénsenlo bien queridos lectores.

¿Qué sentido tendría hablar de Dios, crear un blog de espiritualidad, ir a misa, etc. si no creyéramos de verdad que estas acciones tendrán una repercusión después de la muerte?

Estoy seguro que Dios existe, y por eso actúo como lo hago hoy.


Reflexionando sobre el final

22 julio 2010

Me resulta maravillosos lo mucho que me puede hacer reflexionar un determinado pasaje del evangelio.

Hace unos momentos, como parte de mi lectura evangélica habitual de cada mañana, leí el pasaje en donde Jesús nos transmite la parábola de un hombre rico que busca desesperadamente la manera de poder almacenar más y más granos de su cosecha, hasta el punto de decidir que la mejor opción es destruir sus actuales molinos para poder construir unos más grandes. Esto era lo que ocupaba la mente de aquel personaje, mientras Dios decía… “¡Insensato! No sabe que esta noche le van a reclamar su alma, y lo que has acaparado ¿para quien será?” (Lc, 12: 16-21)

Esta simple frase evangélica “…esta noche le van a reclamar su alma” fue la que me puso a meditar seriamente.

¿Qué pasaría si mi llamado a rendir cuentas fuera hoy en la noche?

¿Qué si mi tiempo ya llegó a su límite final?

¿En qué cambiaría saber tal cosa mi actitud el día de hoy?

Debo admitir que mientras reflexionaba sobre esto mi cuerpo se llenó de cierta angustia y melancolía. De pronto pasaron por mis ojos los rostros de varias personas que quisiera nunca dejar de ver, entre ellas mi esposa y mis hijos, así como mis padres y mi hermana. Son prácticamente todo lo que poseo de verdadero valor en este mundo.

Pero también comencé a pensar en cómo sería mi día final si en verdad supiera que estoy viviéndolo.

Aquí las cosas que haría en mis últimas horas de vida:

- Dejaría mis labores de oficina y me dirigiría inmediatamente a abrazar y besar a mi familia por última vez.

- Dedicaría una hora del día a platicar con mis seres queridos sobre lo feliz que estoy de haber sido parte de su vida.

- Incitaría a cualquier persona que me encontrara en el camino a que verdaderamente intentara ser tan grandes y maravillosos como Dios quiere que sean.

– Escribiría un último post de despedida en este blog el cual hablaría sobre lo mucho que Dios nos ama y de lo maravillosa que es ansiar el encuentro con el Creador.

- Grabaría un video de despedida para que pueda ser visto por futuras generaciones. En él mencionaría que solo vale la pena morir por Dios.

- Dedicaría una o dos horas de mi último día a rezar en la Iglesia para preparar mi alma para el encuentro con Dios.

- Me confesaría por última vez (sería la confesión más profunda de mi vida)

- Me dedicaría a amar a mi esposa (servirle) y a pedirle que vele por su santidad y por la de mis hijos.

- Para terminar… buscaría un lugar especial para ver salir el sol y así entregarle mi alma a Jesucristo rezando el rosario. ¡Eso sería genial! Ojalá y la muerte me tome rezando el rosario.

Lo más interesante de todo es que en ningún momento pensé en que estaría triste y deprimido. Más bien me imaginé que tendría una actitud como de quien le han informado de último minuto que por fin ha sido aceptado en la organización o club de sus sueños.

En serio, no temería de que ese día llegara, más bien me entusiasmaría saber que ya ha llegado el momento que tanto esperé.

Lo que más me sorprende de esta reflexión, es darme cuenta de lo mucho que el tema espiritual tomaría importancia en mi vida si esta se fuera a terminar hoy en la noche. ¿Por que esperar hasta ese día? ¿Acaso tengo la posibilidad de saber cuando será ese día?

¿Y si en verdad fuera hoy?

Pues no me queda más que decir… “Hágase Señor tu voluntad y no la mía”. Cuando tú lo digas Padre, siempre estaré listo.


Algo sobre liderazgo…

18 junio 2010

Este post lo publiqué en mi blog “El Disruptivo” hace un par de semanas, pero por el éxito obtenido con el mismo he querido compartírselos por igual en Diario de un Católico…

——–

Alto!!!!! No más libros, seminarios y definiciones de liderazgo!!!!

Ya estamos hasta el copete de esta palabrita por la que las organizaciones  del mundo están dispuestas a pagar millones. Todos creen tener la respuesta última para convertirte en un gran líder… Todos lo prometen pero nadie lo logra. ¿Que pasa? ¿Por qué se ha vuelto tan simplón este tema?

Durante toda mi vida profesional y académica no he estado exento de ser bombardeado una y otra vez con discursos de expertos, libros, películas, artículos, reportajes, slides de power point, seminarios y todo lo que se pueda tratar de enseñar sobre el tema del liderazgo.

¡Ya no más por favor!

Me veo en la necesidad pues, de hacer un corte de caja de todo lo escuchado y aprendido al respecto,  para tratar de resumir o sintetizar en una manera simple  y sencilla lo que para mi es un líder.

Para hacerlo, voy a recurrir a dar la definición más concreta y contundente a la que he logrado llegar a lo largo de varios años de estar inmerso en el estudio de este tema.

Un líder es aquel que:

Propone una visión, inspira con el ejemplo y… ¡se va!

Punto.

(A ver…. a ver… a ver José Luis,  ¿Explica un poco más eso de que se va? ¿Cómo de que el líder se va?)

Si mira…

No le busquemos demasiada complicación al tema… es así de simple. Parte fundamental del líder es entender que este, en algún momento, se tiene que ir.

Primero, un líder es aquel que propone una visión, es decir, nos ofrece un destino posible y deseable (nos muestra el bien y la verdad). Puede  ser un destino que no hayamos visto antes o uno que, con el tiempo, se fue escondiendo en las penumbras. Así, el líder llega y nos dice… ”¡Es para allá!”

Luego, no conformándose con señalarnos hacia donde debemos de ir, se pone en marcha él mismo en esa dirección. Contra viento y marea nos demuestra que el rumbo que nos propuso es el correcto no con palabras, sino con hechos. Él mismo es el primero en andar en esa dirección y nos dice… “¡Síganme!”

Pero llega un momento que el líder se tienen que ir. (Fíjense como lo dije: “se tiene” que ir)

(¿Pero por qué?)

Por que esa es la clave (la cuña que aprieta definitivamente)  del verdadero liderazgo…

Si un líder no se hace a un lado del camino en un determinado punto, no permite que nadie más tome su lugar, o lo que es lo mismo, bloquea el paso.

En cambio,  si el líder desde el primer día está consciente que tarde o temprano se tiene que hacer a un lado… ¿Cómo creen que actuará en consecuencia? ¡Exacto! ¡Cómo un maestro!

“Un maestro, paradójicamente, es aquel que te ayuda a que cada vez necesites menos de él. Pues, como te enseña, llega un momento en que ya puedes ir por el camino tú solo”

El mejor líder no es el que te lleva, es el que te enseña a llegar por ti mismo. Por eso es necesario que se vaya, que se haga a un lado, que llegado un punto te deje solo, pues haciéndolo, te está dando la oportunidad de que ahora tu seas el nuevo líder. Te está regalando a ti, su seguidor, el destino prometido. Te demuestra que te ama.

Un líder que llega al destino solo, puede ser muy inspirador, pero uno que te enseña a llegar, es transformador y ese  es el más grande te todos…

¿Ejemplos de todo esto?

Cuando uno pregunta por nombres de líderes de la historia siempre resultan mencionados los mismos personajes de siempre: Gandhi, Martín Luter King, Jesucristo, John F. Kenedy….

¿Por que ellos y no otros son los que siempre se mencionan? Muy sencillo… todos fueron asesinados por su causa.

Todos se hicieron a un lado (o los hicieron a la fuerza). Pero lo que sus agresores nunca supieron era que, al matarlos, estaban apuntalando la parte más importante de su liderazgo: el tener que hacerse a un lado.

Su partida fue la cuña que apretó la causa, la que la consolidó. La que demostró que el mensaje era más importante que el mensajero.

Un líder que se prepara para irse desde el inicio, se preocupará por que sus seguidores sigan la causa, aun cuando él no esté. ”¡No dependan de mi!” pareciera que es su lema todos los días.

Por el otro lado, si un líder se rehusa a retirarse y siempre quiere ser el portador del estandarte de lucha, corre el riesgo de que su causa se vuelva un capricho, y este, no motiva a muchos que digamos.

Así que les repito mi definición de líder:

“Es el que propone una visión, inspira con el ejemplo y luego, forzosamente, se hace a un lado”

—-

¿Ahora entienden por que Jesús tuvo que morir?


Testimonio de fe

13 junio 2010

¡Ven por que les digo que Dios existe!


Meditación sobre la muerte

14 abril 2010

El pasado fin de semana mi esposa y yo vimos la película “La decisión más difícil”. ¡Vaya que nos encantó!

Para darles una idea de la trama del filme les comentaré que esta gira en torno a un caso bastante grave de cáncer que azota a la hija mayor de una familia. Los papás de la pequeña toman la decisión de intentar un medio poco tradicional (y poco ético…) para ayudar a su hija a salvarse: Utilizar la genética para procrear a una segunda hija de quien, una vez nacida,  obtendrán  los órganos necesarios para mantener viva a la hija enferma. La trama central del filme se da cuando la hija donante decide que ya no quiere ser utilizada más para esos fines y emprende una acción legal en contra de sus padres, lo cual causa una irritación en su madre quien quiere, a toda costa mantener viva a su hija mayor, lo que sin la ayuda de su hermana menor resultaría casi imposible.

No es mi intensión ahondar en el dilema ético de forzar a un hijo o ser sometido a intervenciones médicas para salvar la vida de un hermano, sino más bien lo que quisiera es proponer una meditación sobre el tema de la muerte y lo que esta debe de representar para el católico.

¿Qué es la muerte? ¿Por qué es tan dolorosa? ¿Por qué le tenemos tanto respeto? ¿Por que al enfrentarnos a la muerte salen a relucir comportamientos que no son naturales bajo otras circunstancias?

Es difícil responder a estas cuestiones, lo único certero en referencia a la muerte es que es inevitable. Tarde o temprano todos habremos de encontrarnos con ella. Y es justamente esta reflexión, el que la muerte sea algo obligatorio, la que nos hace querer entenderla o repelerla tanto.

¿Temer a la muerte? Cada vez que escucho esta pregunta saco a relucir la siguiente afirmación: “Para los católicos santos, la muerte no debe de ser temida, sino más bien añorada” ¿Por qué añorada? Añorar significa desear algo que no está en tus manos poder conseguir. Se añora el pasado pero este ya no puede volver, se añora al ser querido que partió, pero no podemos hacerlo regresar, añoramos estar junto a Dios, pero solo Él sabe en que momento nos llamará.

¿Por qué duele la partida de un ser querido si está en un lugar mejor? No lloramos por el sufrimiento del ser que se  va, más bien nos duele la soledad que queda en quienes nos quedamos. Enfrentar la muerte de un ser amado es reconocer que somos frágiles y falibles, que hay fuerzas que por más que intentemos controlar siempre nos vencerán.

Lo muerte nos genera incertidumbre precisamente por que no existe ciencia capaz de demostrar lo que hay detrás de esa puerta, misma que Dios ha querido sellar a todo entendimiento humano y solo nos ha prometido que lo que hay detrás de ella es el regalo más grande de todos: el encuentro con Él.

Por eso tener una formación espiritual adecuada ayuda a sobrellevar la muerte y entender su inevitabilidad. Con los ojos de la fe, se pude al menos dar un voto de confianza de que verdaderamente la muerte tiene un sentido trascendente para quienes construyen el reino de Dios en la tierra. Si Cristo mismo es quien nos recibirá al cruzar la puerta de la muerte, entonces no hay nada que temer… Más bien la pregunta sería

¿Nos hemos ganado ese privilegio de ser recibidos por el maestro?


Viernes Santo

2 abril 2010

Hoy, viernes santo, los católicos acompañamos a Cristo en la vía de su calvario.

El acto de amor más grande de la historia está a punto de ser consumado. No hay marcha atrás, la profecía tiene que ser cumplida si queremos que las puertas del cielo se abran nuevamente.

¿Tuvo que morir Cristo en la cruz?

Ciertamente no… pudo haber decido no morir y continuar con su predicación. Pudo haber optado por escapar de la muerte y salvar su vida, pero ¿que sentido tiene la palabra sin el actuar? El Maestro no lo es sólo porque lo que habla sino por lo que hace, pone el ejemplo y ama a sus discípulos.

Cristo aceptó morir en la cruz por que sabía que, haciéndolo, estaría sellando de manera definitiva el mensaje del amor. El líder se tiene que apartar, se tiene que ir, tiene que morir para que su verdadero legado sea implantado. Mientras vive sólo es una posibilidad, pero cuando muere se vuelve toda una realidad.

La muerte es la gran confirmadora de la historia. Si mueres por lo que predicas, tu mensaje quedará sellado para siempre. Por eso Cristo quiso la muerte en Cruz, para que no nos quedara duda de la verdad de sus palabras.

Créanme… como formador que soy, lo más fácil es hablar de lo que se debe hacer, pero lo más difícil es comprometerse a muerte con lo que uno enseña. Yo puedo predicar el perdón, pero si no perdono nada logro, puedo hablar del amor, pero ni no amo, poco consigo.

Si Jesús no hubiera muerto en la cruz, la enseñanza no hubiera sido tan contundente. La muerte del Maestro es necesaria si se quiere que el alumno en verdad le siga de corazón.


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