Estamos envejeciendo…

3 agosto 2009

Ayer, mientras acudía a misa de 12:00 p.m. noté un fenómeno que, me imagino, es común en la gran mayoría de la Iglesias de México (y del mundo).

En un cálculo aproximado diría que el 80% de los asistentes a misa rebasaban los 70 años de edad. Habremos sido unos 100 asistentes de los cuales la gran mayoría estaba compuesta por personas de la tercera edad. Había jóvenes, si, pero se notaban que estaban más bien haciendo compañía a sus abuelos (o bisabuelos) en la misa ¡Bien por ellos! Sin embargo no era el caso el que hubiera muchos más personas de una edad temprana que estuviera ahí por su propia iniciativa.

“¿Dónde están los jóvenes?” pensé. “Nuestras iglesias se están envejeciendo”.

Siempre admiraré el fervor con que las personas mayores acuden a la iglesia y suelen ser parte fundamental de las distintas parróquias, pero me gustaría ver a más jóvenes en las Iglesias.

Recuerdo que hace unos años tuve la oportunidad de realizar  un viaje a España con un grupo de compañeros de la universidad. Fuimos por razones académicas pero no quisimo dejar pasar la oportunidad de asistir a misa el domingo correspondiente, así que después de preguntar y localizar una iglesia cercana, ingresamos en ella  para el oficio dominical. Eramos aproximadamente 25 o 30 jóvenes de entre 19 y 22 años de edad. ¿Cual fue nuestra sorpresa al igresar a aquella iglesia? Pues que éramos los únicos jóvenes en toda el recinto. Los asistentes a aquella misa no bajaban de los 80 años de edad. Era domingo y sólo personas de la tercera edad se daban un tiempo para saludar al Señor.

Al terminar la misa, varios de los asistentes se nos acercaron a preguntarnos si es que éramos seminaristas. Solo así se podían explicar que un grupo tan numeroso de jóvenes acudiera a misa un domingo en aquel país. “No, no somos seminaristas, simplemente somos mexicanos” comentamos. “En nuestro país los jóvenes si van a misa”.

Eso fue hace algunos años (casi 10) y resulta que ahora me encuentro conque  a nuestra comunidad católica  mexicana le está sucediendo lo mismo que a la Española en aquellos años: ¡Está envejeciendo!

Creo que es hora de redoblar esfuerzos y hacer que nuestra juventud regrese a misa… Es tiempo de orar al Señor para que nos de más sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos capaces de emprender  proyectos que tengan como objetivo enamorar a nuestra juventud de Dios.

Mamás y papás, lleven a sus hijos adolescentes a misa. Explíquenles por que una hora del Domingo que la familia le dedique a Dios solo puede traer cosas positivas.

Maestros, háblen y testimonien a Cristo en las aulas. No teman en decir que creen en Dios y en Cristo y recuerden que no existe la formación integral que no contemple la enseñanza de valores y la práctica espiritual. Si no te es permitido hablar de Dios en el aula (como me imagino sucede en tantos colegios del mundo) testimonia con la caridad y el ejemplo,  y cuando un alumno te pregunte sobre la fuente de esa bondad, inmediatamente háblale del amor a Dios y a la Iglesia.

Y a ti mi querido joven, simplemente acércate a la Iglesia, no por que Dios necesite de ti, sino por que todos necesitamos de Dios. Es bueno. Creeme. No tengas miedo de expresar tus dudas. No supongas nada. No te vayas con lo que los demás puedan decir al respecto. Al final de la vida, la cual no sabes cuanto durará, entenderás el por qué de Dios a lo largo de toda tu vida. Esa inquietud que tienes de cambiar y arreglar el mundo perfectamente puede ser correspondida en la Iglesia.

Mi querido joven, donde quiera que estés… ¡Nos vemos en misa!


Misa para madrugadores…

18 junio 2009

Hoy tuve la iniciativa de asistir a misa de 7:30 de la mañana  en el Intituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas, en donde estoy empezando a tomar un diplomado. Lo anterior es significativo en mi caso dada la enorme dificultad que me cuesta abrir los ojos cada mañana y vencer la tentación de  los famosos “5 minutitos más”. (Como estoy seguro a muchos les ha sucedido, esos “5 minutitos mas” en ocasiones se me han llegado a convertir en “5 minutos… ¡para mi cita!)

Mis actividades dentro del diplomado comenzaban a las 8:00 am, por lo que me dio tiempo de aprovechar el horario de la misa que se ofrece todos los día en la capilla de la institución  y no dejar pasar la oportunidad de iniciar mis actividades en presencia de mi mejor amigo.

Dado que la ciudad de México no se reconoce por tener el mejor flujo vial del país, sino al contrario, cada salida amerita que se lleve a cabo una planeación estratégica de alto nivel, tuve que levantarme a las 5:45 de la mañana de tal forma que, tras mi aseo y arreglo personal, me diera tiempo de llegar puntualmente a la misa. (Vale la pena mencionar que soy un “puntualiholic“, o lo que es lo mismo, adicto a la puntualidad)

Lo que resultó fue que acabé llegando a la capilla  a las 7:00 am. Me parece que junto con un señor que me encontré sentado en las bancas posteriores de la capilla, fuimos los primeros en poner un pie ahí el día de hoy. (¿A qué hora se habrá levantado este hombre?)

Así, con ese tiempo de sobra por delante, decidí aprovechar el silencio y el cautivador ambiente de ese hermosa capilla para meditar un poco y hacer oraciones de la mañana. 

-”¿A quien se le ocurre venir a misa a las 7:30 de la mañana en esta ciudad tan caótica?” -Me pregunté.

“Seguramente en la misa solo estaremos el señor de atrás y yo. Si es que aquel hombre no se ha quedado dormido, ya que ni ruido hace”. En fin, no me distraje mucho y me concentré en lo mío.

Cual fue siendo sorpresa, que en el transcurso de la media hora que estuve esperando sentado en la capilla haciendo oración,  esta se empezó a llenar poco a poco de jóvenes estudiantes, profesores y personal administrativo del Instituto. Para cuando el padre arribó a la capilla, ya había cerca de 30 personas en su interior.  Así, en un ambiente de comunidad, la misa se llevó a cabo y una vez terminada todos nos dirigimos a lo que nos correspondía.

Lo que en apariencia es una reflexión cotidiana y simple, me dejó la siguiente reflexión: Es una bendición poder empezar el día poniendo a la santa Misa como tu primer actividad del día y me queda claro que para la gente que labora en el IPADE  es una gran prioridad. No por nada es una institución de alto reconocimiento a nivel mundial en la tradición en formación de directores con valores.

Para cuando inicié las actividades de mi curso en el Instituto, yo me sentía satisfecho de haber comenzado el día de hoy con el pie derecho.


Misas por TV…

27 abril 2009

Ayer, en una decisión que apoyar las medidas sanitarias del gobierno mexicano para combatir el brote de la influenza porcina, la Iglesia Católica en México tomó la decisión de cancelar los actos litúrgicos dominicales en la ciudad de México, por lo que por primera vez en muchos años, un gran número de fieles tuvieron que aprovechar la transmisión en vivo por TV de la misa dominical desde la basílica de Guadalupe, misma que se llevó a cabo a puerta cerrada.

Iglesia es en donde están los que se reúnen en nombre de Jesús… así sea virtualmente desde sus casas.

Además, el cardenla Norberto Rivera ha difundido esta hermosa oración para pedir por el cese de esta epidemia en nuestro país:

“Santa María de Guadalupe:

A ti que nos amas con especial ternura,

velas por nosotros con maternal intercesión

y nos procuras siempre tu eficaz ayuda

suplicamos tu protección y auxilio

para superar pronto esta epidemia

que ha venido a afectar nuestra nación.

Cúbrenos con tu manto,

líbranos de este mal.

Ruega por todas las autoridades

y por quienes tienen poder de decisión

para que sepan establecer medidas y prioridades

para prevenir y ayudar a toda la población,

y en particular a quienes son más vulnerables.

Concédenos prudencia y serenidad

para actuar con mucha responsabilidad

y así evitar ser contagiados o contagiar.

Socorre al personal de salud,

vela por la recuperación de los enfermos

y sé consuelo de quien se encuentran en duelo.

Madre del Verdadero Dios por quien se vive,

Tú que nos has rescatado de otras plagas,

encomiéndanos a la misericordia

de Aquel que nos sanó con Sus llagas

y nos libró de la muerte con Su resurrección.

Enséñanos a unir nuestro dolor al Suyo

para hallarle sentido redentor

y salir de esta adversidad fortalecidos

en la fe, la esperanza y el amor. Amén.”


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 55 seguidores