En la salud y en la enfermedad

9 febrero 2013

Un bicho desastroso ha entrado en mi cuerpo desde hace un par de días y me ha tumbado en cama.

Tos, mucho escurrimiento nasal, dolor de cabeza y temperatura son algunos de los molestos síntomas que me aquejan.

Sin embargo, dentro del caos que es mi cuerpo, mi mente se mantiene al tanto de lo que sucede a mi alrededor cuando me veo obligado a detener mi rutina laboral.

Y de entre todo lo que observo, lo que siempre me ha llamado la atención en este tipo de situaciones es el gran amor y cariño que recibo de mi amada esposa.

No es precisamente que me guste enfermarme, pero con una mujer como la mía, resulta muy confortante y apacible estar convaleciente.

Resulta que como siempre, ella hace honor a nuestra promesa matrimonial de estar juntos en todo momento, en la salud y en la enfermedad.

Ella sigue con su ajetreada jornada maternal (llevar niños a uno y otro lado de la ciudad según la actividad académica o deportiva que corresponda) más no por eso deja de chiquiarme y consentirme.

Es fácil estar junto a alguien cuando las cosas marchan bien, pero el verdadero amor resulta de acompañar al ser amado justo en lo opuesto, en la dificultad.

Durante la noche de ayer no pude dejar de toser por varios momentos y seguro esto provocó que ella interrumpiera su sueño en más de una ocasión por mi culpa, más nunca me lo hizo saber y en ningún momento se quejó.

Ese pequeño detalle significó mucho para mi pues se lo difícil que le resulta a ella conciliar el sueño y seguramente mis ataques de tos la mantuvieron en vela.

Hoy, durante todo el día, se llevó a mis hijos para que me dejaran descansar y hasta optó por cancelar un compromiso mañana por preferir que yo me siga recuperando.

Repito, son detalles simples, pero yo los veo extraordinarios pues viene de la mujer que amo.

Es en estos momentos de enfermedad cuando ella vivifica la promesa que hace más de ocho años le hicimos a Dios de estar juntos hasta el final, en los momentos buenos y malos,
en la salud y en la enfermedad.

¡Y todo esto me ayuda más que cualquier medicina!


Un plumón y mi matrimonio

25 enero 2013

Como buen profesor que soy, tengo la costumbre de siempre cargar con un plumón de agua (marcador) en mi mochila. Es de esos que  se utilizan en las salas de juntas o en los salones de clases y que se borran fácilmente.

Pues bien, me he dado cuenta que tener este plumón puede ser una gran herramienta matrimonial, pues lo he empezado a utilizar par llenar todas las superficies de cristal de mi casa con mensajes de amor para mi esposa.

Hoy se me ha ocurrido utilizar en plumón para dejarle un mensaje pintado en los cristales de su coche antes de salir rumbo a la oficina.

Hace un par de minutos ella me ha llamado felizmente por teléfono para agradecer el detalle… (Lo hizo jugándome una broma en donde reportaba simpáticamente un acto de vandalismo)

Y es que en los detalles matrimoniales no tiene nada que ver el costo que se haya invertido en crearlos (ok..ok… las joyas a veces ayudan).

Con este mismo plumón marqué igualmente la tapa metálica de un recipiente de comida para que cuando mi esposa sacara el mismo del refrigerador se encontrara con un muñequito que le saluda y le dice “Te amo”.

Un plumón, un simple plumón es más que suficiente para expresarle a tu esposa lo mucho que piensas en ella por toda la casa.

Son justamente esos detalles los que me permiten cultivar la semilla de mi amor hacia ella. Amo a mi esposa y todo el tiempo estoy pensado en formas de sorprenderla…

¿Alguna otra idea?


El verdadero amor conyugal

2 enero 2013

Lo siento por quien pueda encontrar incomodo este video, pero siempre sostendré que el verdadero amor conyugal solo se encuentra dentro del matrimonio.

Toda otra forma de convivencia no genera ningún compromiso imposible de romper, y eso es lo maravilloso del sacramento que Dios nos regala.


Salvar un matrimonio…

16 agosto 2012

Tengo una esposa maravillosa, generosa, muy proactiva y sobre todo fiel a su vocación particular: la defensa de la familia.

Desde que la conocí, la palabra familia se le desborda del corazón en cada instante. Formar su propia familia fue  siempre su gran anhelo, incluso muy, pero muy por encima de cualquier aspiración profesional.

En este mismo sentido, ella me cuenta que desde hace tiempo ha notado que su círculo de amistades empieza a verse acechado con la crisis del divorcio. Y es que lo que antes solía ser una excepción, parecería que se convierte hoy en algo habitual.

“Muchas de mis amistades empiezan a tener profundas crisis matrimoniales e incluso varias ya se han separado…”

Y fuera de juzgar, mi mujer empieza a ocuparse.

Ayer me contó que se ofreció a cuidar a los hijos de una de sus mejores amigas, para permitir que ella le pudiera dedicar tiempo a su esposo y a su matrimonio a solas. Nosotros tenemos tres hijos y en nada nos afectaría poder atender a otros dos más durante una tarde para colaborar con la causa de esta pareja.

Los esposos necesitan tiempo solos de cara a poder trabajar en ellos y la construcción de su futuro. En nuestro caso, por ejemplo, tenemos estipulado que un día concreto a la semana semana será destinado exclusivamente para ella y para mi.

Platicando sobre esta situación, le comenté a mi señora que la oferta que le había realizado a su amiga era muy generosa y que estaba seguro que si con esta, lograba salvar el matrimonio de su amiga, Dios le estaría reservando puntos especiales a su favor en el cielo.

Siempre he creído que salvar un matrimonio es salvar al universo entero. El mundo puede prescindir de muchas instituciones, empresas, organizaciones pero jamás podrá subsistir sin matrimonios.

Mi esposa y yo nos hemos prometido que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para poder colaborar con la causa de los matrimonios de nuestros seres más cercanos, sin entrometernos de más ni, desde luego, poner en riesgo nuestro propio hogar, pero hemos sido el consuelo y consejo de muchos de ellos.

Mi esposa siempre ha tenido esa vocación, lo ha sabido desde niña y hoy la sigue reafirmando. Para ella, y por consecuencia también para mi, el matrimonio es la estructura base que se deben preservar en el mundo y por lo tanto, haremos todo lo que sea humanamente posible para promover y salvar a nuestras familias.

¡Viva el matrimonio!


Ser mejores personas

22 julio 2012

Mi esposa y yo recién terminamos un pequeño diplomado titulado “Persona y familia” que tuvo como objetivo darnos bases para poder desempeñarnos mejor en nuestro ámbito matrimonial y, por supuesto, familiar.

La verdad es que el curso estuvo bastante bueno, todos los matrimonios que acudimos a él (aproximadamente unas 20 parejas) nos quedamos con la impresión de que si tenemos ahora más herramientas para llevar a aplicarlas a casa.

En concreto, por ejemplo, mi esposa reflexionó mucho sobre su capacidad de respuesta individual ante las presiones de su pasado. Yo por mi cuenta, profundicé en mi postura hacia mis padres y las decisiones que en conjunto nos corresponde tomar (yo me entiendo).

Pero… aunque tomar un curso para poder ser mejor esposo, hijo o padre es útil, una cosa siempre me ha quedado clara. En temas relacionados con la formación humana, es poco lo que se puede enseñar pero mucho lo que se puede aprender.

Con lo anterior quiero decir que uno no se converte en mejor esposo, padre o hijo porque asistió a un curso, diplomado o conferencia, no señor. El desarrollo humano no es una ciencia exacta que pueda concentrarse en metodologías  y patrones repetibles y fácilmente transmisibles. Si así fuera, bastaría con que un profesor que conociera bien esta metodología nos la transmitiera y listo. Pero no es así.

Como un estudioso del tema, créanme cuando les digo que en el ámbito del desarrollo humano es poco lo que se le puede enseñar a alguien si primero este alguien no está dispuesto a aprender. De hecho, resulta que aprende más quien tiene disposición de hacerlo aunque no tome ningún curso ni asista a ningún diplomado, por el simple hecho de querer, que alguien que pueda ir a cientos de seminarios por obligación o por imposición.

Puede sonar paradójico, pero repetidamente nos decían los profesores del diplomado a los participantes del mismo lo siguiente:

“Por el mero hecho de querer estar aquí, en este diplomado, preparándose para ser mejores personas, ya es un síntoma de que los son…”

Lo que te convierte en mejor padre o esposo no es el hecho de que leíste un libro buenísimo que por arte de magia te volvió mejor ser. Desde luego que no. Lo que te vuelve mejor persona es el hecho mismo de querer serlo. Punto.


Amar de verdad…

24 mayo 2012

Saben que soy un promotor incansable del matrimonio y defensor del amor que en esta institución debe de existir para el beneficio de nuestra sociedad.

Les comparto este video que me ha llegado por medio de las redes sociales. Expresa lo que significa realmente amar a una persona por su dignidad intrínseca y ser fiel a la promesa de llegar juntos al cielo.


Una reflexión para tener en cuenta…

27 abril 2012

Cuentan que alguna vez un periodista le preguntó a una pareja de ancianos que festejaban 65 años de casados:

“¿Cómo le han hecho para perdurar tanto en su matrimonio? En estos tiempos no se encuentran casos así.”

La mujer, quien ya reflejaba el tiempo vivido en su rostro, le respondió con voz firme:

“Mi esposo y yo nacimos en una época en donde si algo se rompía, se arreglaba y no se desechaba inmediatamente…”


El matrimonio

3 febrero 2012

Sigamos reflexionando un poco más sobre este fascinante e importantísimo tema… “El matrimonio”

¿Saben? Creo que lo más maravilloso que le brinda el matrimonio a la vida de una persona (y lo digo desde mi propia experiencia) es que para muchas personas, contraer nupcias les representa la primer gran oportunidad para  descentrarse por primera vez en su vida.

La juventud suele ser una etapa en la que los seres humanos viajamos por la vida centrados demasiado en nuestras propias ideas, preocupaciones, emociones y asuntos. Es una etapa en la que ya no necesitas descubrir demasiado el mundo exterior (a diferencia de la infancia), sino más bien requieres descubrir cual es tu forma particular de responder a dicho mundo exterior.

Por lo mismo, es natural que durante nuestra adolescencia vivamos ensimismados y hasta aislados de la sociedad. Nos estamos conociendo.

Pero de pronto nos viene la madurez y con ella la oportunidad de volver a conectarnos con el prójimo.

Nos incorporamos al mundo laboral, nos vemos en la necesidad de colaborar profesionalmente con otros seres humanos y volvemos a entender que como tales los humanos no fuimos creados para el aislamiento.

Pues bien, el matrimonio es la culminación de ese maravilloso periodo de reconexión con el prójimo, en donde regresamos a la esencia del amor humano: la entrega al otro y la renuncia al propio yo.

Lamentablemente muchas personas creen que el matrimonio es un asunto unipersonal. Piensan que se trata de una etapa más en la propia vida en la que una persona vendrá a hacernos más felices a nosotros. Evidentemente es justo al revés, pues la idea central del matrimonio es que la felicidad la encontraremos en tratar de lograr la felicidad del otro.

Eso es lo maravilloso del matrimonio, que te confronta con la necesidad de velar por el bienestar de alguien más ajeno a ti. Lamentablemente muchos no logran comprender esto y dejan de creer en esta maravillosa institución sacramental.

Es como en todo, el problema no es el matrimonio, el problema es el ser humano que no lo entiende a cabalidad.

Siempre he creído que Dios le tiene reservado en el cielo un premio especial a toda aquella persona que de una forma u otra logren salvar un matrimonio. Ya sea el suyo propio o el de una pareja cercana a la que le toque asesorar.

¡¡¡Salva un matrimonio y salvarás al mundo!!!


Madre de Dios

15 diciembre 2011

En estos días en que los mexicanos celebramos tanto a nuestra queridísima Virgen de Guadalupe me encanta recordar uno de los pasajes del evangelio que más se utilizan para explicar la importancia e influencia de Maria en la fe de nosotros los seguidores de Cristo.

Se trata del evangelio de las bodas de Caná (Jn, 2, 1-11)

El versículo nos relata la ocasión en que Jesús y su madre, María, se encontraban participando como invitados en una boda.

De pronto María, atenta a todos los detalles como solo lo puede estar una madre, se percata que en la fiesta se ha terminado el vino, esa bebida símbolo de celebración y homenaje a la vida.

María sabe que la fiesta no puede verse afectada por tal motivo, así que acude a su hijo para tratar de solucionar el problema.

“Jesús, se les ha terminado el vino” le comentó la mujer a Jesús.

Este le respondió: “Mujer a ti y a mi qué.. sabes que aún no ha llegado mi hora”

Esta respuesta refleja una sola cosa. Que entre Jesús y María existe pleno conocimiento del gran poder del primero y de su capacidad para obrar milagros en beneficio de la humanidad. Sin embargo, Jesús argumenta que la hora de este gran poder aún no ha llegado.

Pero sabemos que ante la petición de una madre, un hijo jamás puede ser rígido. La petición de una madre hacia su vástago siembre viene acompañada con un enorme saldo a favor de ella.

¿Cómo negarse ante  la súplica de una madre que se ha abandonado por sus hijos? ¿Cómo decirle “no” a una madre que ha dicho millones de veces “sí” para el beneficio de los suyos? Es imposible y Jesús cede ante la petición de su madre.

Y tras este pequeño y sencillo diálogo entre Jesús y María se presenta el primer gran milagro del hijo de Dios en el mundo… ¡Jesus convierte el agua que se encontraba en unas tinajas en vino!

La reflexión que más me fascina de este pasaje es la que me lleva a meditar lo siguiente:

¡…fue María la que le arrebató el primer milagro para el benéfico de la humanidad al hijo del Creador del universo!

Fue una madre la que nos presentó “al amor hecho hombre” en el mundo. Y este evento se dio de cara a un matrimonio.

Así de importante es María en la historia de la salvación de la humanidad, así de importante es la celebración de un matrimonio para la madre de Dios y así de importante deberá de ser para nosotros la veneración a la madre de Dios.

¡Viva la Virgen María de Guadalupe!


A prueba de fuego

24 octubre 2011

Hace un par de semanas navegaba por mi cuenta de Facebook y noté que una de mis amigas publicaba en su muro la siguiente frase: “Fireproof, la película que está salvando matrimonios en Estados Unidos”.

Tras sorprenderme un poco por la peculiar recomendación, no pude esperar para tratar de conocer un poco más sobre la misma. Me metí a internet para ver el “trailer” y me quedó claro que algo interesante había detrás de la misma. Así, este fin de semana por fin logré rentarla para verla en casa con mi esposa.

El resultado: ¡Maravillosa!

Es una película verdaderamente épica  que versa sobre el matrimonio como misión de vida y el papel de Dios en el mismo.

La película narra la experiencia de un bombero quien siendo capaz de hacer actos heroicos para salvar vidas de personas desconocidas, no está logrando salvar su propio matrimonio el cual vive un gran incendio desde hace tiempo. De la mano de una de las personas que más le ama en este mundo, su padre, nuestro protagonista empieza un recorrido de encuentro con el verdadero amor a Dios y a su esposa a través de los ojos del verdadero amor.

No les cuento más. La película ya está disponible en Itunes para renta o compra y vale mucho la pena hacerse de ella.

Mi esposa, al terminarla de ver, acabó concluyendo que esta era desde ahora, su película favorita.En un mundo en donde pareciera que abundan productos y influencias que promueven la destrucción de la institución más poderosa del mundo, la familia, se agradece que existan esfuerzos como este que buscan revalorizar aquello que verdaderamente es fundamental en el mundo: Dios.

Aquí el trailer de la misma.


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