Consecuencias no explícitas

8 septiembre 2010

Amigos, recién recibí este video que habla de las consecuencias no explícitas que puede acarrear que nuestra sociedad se desvíe en relación a los principios que nuestra iglesia promueve  (la Iglesia no inventa principios, simplemente los promueve)

Como ya en otras publicaciones he mencionado, la legalización de las bodas entre personas con comportamientos homosexuales tiene una implicación muy compleja y desfavorable en la estructura pilar de nuestra sociedad, la verdadera familia.

Si a esto le añadimos la igual errónea legalización (más no correcta) posibilidad de que personas del mismo sexo en unión civil puedan adoptar hijos, el tema se comienza a complicar aún más…

El video trata del testimonio de una pareja que intenta persuadir a los educadores escolares de sus hijos para que sean ellos quienes deban de hacerse responsables por la educación moral de sus hijos (enseñar lo que es correcto y lo que no) en materia de educación familiar, a lo que la escuela (apoyada en lo legal) responde que no será posible.

Como podrán ver, las implicaciones de una decisión legal que nos es vendida como  “promotora de la igualdad”, en realidad apunta a una propuesta educativa torcida (no explícita) que provocará una polarización social nada deseable.


¡Ya estoy de regreso!

30 agosto 2010

Amigos… tras unos cuantos días en que no hice otra cosa más que admirar y volver a admirar una y otra vez la felicidad que produce en los hijos el convivir con sus padres 24 horas durante casi una semana completa, gracias a la magia de unas vacaciones, estoy de vuelta para volver a escribir.

Ayer fui a Misa y además de agradecerle a Dios por la oportunidad recibida, le pedí también que me diera nuevas fuerzas para seguir aquí, relatándoles cómo un simple mortal como yo busca día a día vivir su fe católica.

Les cuento que aunque me la pasé bastante bien en mi destino turístico, debo reconocer que la mejor parte de todo el viaje fue cuando, regresando, mi esposa y yo nos pudimos dar la oportunidad de visitar al doctor para revisar que nuestro embarazo (me gusta decir que ambos estamos embarazados) estuviera transcurriendo en orden.

Pues bien, en esta visita al ginecólogo, no solo pudimos ver por primera vez la foto en ultrasonido de nuestro pequeñín dentro del vientre de su mamá sino que también, por primera vez,… ¡Escuchamos su corazón!

Los latidos del corazón de mi nuevo hijo representaron como un grito de alegría en el corazón de sus papis. ¡Todo marcha muy bien y esperamos que así siga hasta el día en que Dios nos permita conocerlo!

No puedo estar más agradecido con Dios, unas felices vacaciones, con una hermosa esposa, unos maravillosos hijos que no pararon de sonreír y la imagen y el sonido de la vida de quien está por llegar.

¡¡¡Gracias a Dios por la alegría de la vida!!!!


¡¡¡Voy a ser papá!!!

10 agosto 2010

¡Por tercera vez, voy a ser papá de nuevo!

Nada me produce más felicidad que saber que voy a unirme a la celebración de la vida permitiendo que Dios haga su voluntad en mi familia.

Hace unos cuantos día mi esposa y yo nos enteramos que nuestras oraciones habían sido escuchadas y por fin habíamos logrado concebir a nuestro tercer hijo, el cual ya se encuentra creciendo en el vientre de su hermosa madre.

En cada uno de mis hijos, veo la esperanza de que este mundo puede ser mejor por que ellos están aquí. Es impresionante como un padre se puede sentir orgullosos de tres pequeños seres (mi hija mayor apenas cumple 5 años) que aun teniendo todo un camino por recorrer, tienen ya mi voto de confianza en que sabrán llegar al cielo de regreso con su creador.

Por mi parte rezo para que Dios me enseñe día a día a ser un buen padre, rezo por mis hijos para que Dios les comunique su voluntad a lo largo de su vida, rezo por su madre para que nos siga poniendo el ejemplo del amor incondicional. En conclusión, rezo por mi familia para que sea un testimonio del Reino de Dios en la tierra.

A mi hijo recién concebido, quien seguramente ya también recibió la noticia de su próxima incorporación a nuestra familia, le digo: “Bienvenido al mundo”


El valor de lo que no se quiere

2 agosto 2010

Tengo a mis dos hijos enfermos esta semana. Ambos tienen temperatura, tos y mucha gripa. Las noches que mi esposa y yo (sobretodo ella) estamos pasando han sido francamente agotadoras.

Llevamos un par de días teniendo que levantarnos varias veces en la madrugada para intentar calmar los ataques de tos y el vómito que esta misma les provoca a alguno de mis dos hijos. Ha sido muy cansado y hasta cierto punto desesperante. Pareciera que por más que les damos medicina, cariño y descanso durante el día, las noches siguen siendo complicadas.

Nos dice el doctor que debemos de tener mucha paciencia pues las de los bronquios, son infecciones que lleva tiempo sanar.

No es fácil tener paciencia, pues nadie quiere  a sus seres queridos pasándola mal, y más si son tus hijos los que tienen los problemas en cuestión. Uno nunca quiere que la enfermedad toque a la puerta de su hogar.

Pero desafortunadamente es poco lo que el hombre puede hacer ante la enfermedad por evitarla al cien por ciento. Somos naturalmente frágiles y con esa condición hemos de vivir hasta que esta misa nos lleve a la muerte.

Pero es precisamente en “aceptar” con entereza y fe lo que no se quiere pero es inevitable, que el alma se empieza a fortalecer como resultado de dicha aceptación. No está en nosotros decidir si obtendremos todo lo que queremos en la vida. De hecho, Dios permite en nuestra vida solo lo justo y necesario, no más y no menos. La salud y la falta de ella  son condiciones que debemos de aceptar con todas sus implicaciones.

Esto es parte de la vida,  aprender a aceptar lo que no está en nosotros provocar o decidir.

La enfermedad, si bien puede dañar el cuerpo, bien llevada con la ayuda de la fe produce el efecto contrario en el espíritu, tanto de quien la recibe como de quienes le acompañan: embellece y dignifica.

Mi esposa es una muestra de ello. Desvelarse por nuestros hijos, levantarse a monitorear su temperatura, calmar su llanto, ofrecer medicamentos a la hora indicada, son acciones que, si bien le desgastan físicamente, me hacen encontrarla más hermosa en su alma.

Los ojos de una madre que no duerme por sus hijos pueden verse fatigados, pero su mirada jamás recibirá daño alguno. Sus brazos podrán debilitarse, pero su abrazo se volverá cada vez más tierno. Sus piernas podrán resentir el cansancio en sus músculos, pero sus pisadas se volverán cada vez más firmes en la dirección correcta.

Esto nos lo enseñó Jesús, a quien los hombres le destrozamos el cuerpo pero jamás pudimos destrozarle el alma. Al contrario, entre más nos esforzábamos por castigar su físico, más bello y digno resplandecía su espíritu. Por lo mismo la figura de Jesús nos resulta tan brillante, pues Él aprendió a aceptar lo que no se quiere pero si tiene valor, como la muerte.

Señor, el corazón de mi esposa y el mío está cansado pero no así nuestro amor, el cual crece en la medida que nos das la oportunidad de pensar menos y menos en nosotros mismos y más y más en nuestros hijos. ¡Gracias por el darnos la oportunidad de amar!


¡Que mala pata!

15 junio 2010

El sábado pasado se celebró el “Día de la familia” y por lo mismo mis esposa y yo asistimos al convivio que la escuela de mis hijos organizó por tal motivo.

La pasamos muy bien. Sembramos  arbolitos, comimos pan dulce, jugamos con animalitos de granja, conocimos a otros padres de familia, jugamos y corrimos en el bosque, me desgarré el ligamento del pie,.. en fin todo lo que se pudiera esperar de una salida familiar al campo.

(¡Un momento! ¿Acaso dijiste “me desgarré el ligamento del pie”?)

Si… me desgarré el ligamento del pie. Tal y como lo oyeron.

Participando en una de las actividades físicas que organizaron en el campo y que implicaba correr de un lugar a otro, de pronto mi tobillo decidió que intentaría doblarse más de lo que normalmente lo hace un tobillo normal sin avisarme. Cuando esto sucedió el dolor me hizo detenerme y no poder seguir más.

Tuve que terminar el convivio visiblemente lastimado y viendo cómo mi esposa tomaba mi lugar en todas las actividades.

Resultado de dicha lesión, estoy ahora escribiendo desde la cama de mi casa con mi tobillo inmovilizado y con un par de muletas a un costado mismas que utilizo para trasladarme de un lugar a otro.

¡Qué mala pata! Ahora tendré que quedarme a ver toda la semana el mundial de fútbol en casa (muchos amigos ya se preguntan si no me lesioné a propósito)  y a dejarme consentir por una de las mejores enfermeras que el mundo ueda conocer: mi esposa. ¡Ni modo! ¿Qué le vamos a hacer?

Los seres humanos no estamos exentos de lesiones… eso es obvio. Pero si estas vienen por haber estado disfrutando a la familia, como que se soportan más. ¡En serio!

¡Viva la familia!

Como decía la Madre Teresa de Calcuta: ¡Amemos hasta que duela! (Pues como que yo me lo tomé muy en serio)


Las palabras de poder de Barney

7 junio 2010

Anoche mi hijo de dos años de edad se despertó llorando a las 4:00 am aclamando por su leche. (La mamila que mi esposa y yo le acostumbramos dejar a un costado de su cama para que se la tome si se despierta con sed en las noches, aparentemente no le resultó suficiente).

En un verdadero acto de proeza sobrenatural, su papá (o sea yo) se levantó de la cama para apresurarse a atender el llamado de hidratación del menor en cuestión. (¡Vaya que es difícil hacer que tus extremidades te respondan correctamente a esa hora de la madrugada!)

Así que con toda la pesadez del mundo me dirigí a la cocina, abrí como pude las latas de leche, busqué el contenedor correspondiente, puse agua en su interior y preparé la solución láctea.  Una vez hecho, creo que medio volví a guardar todo en su lugar y me dirigí de nueva cuenta al piso superior para hacer entrega del líquido solicitado.

Como podrán imaginar, mi estado de humor no era precisamente el de un dulce caramelo. Tener que abrir los ojos a las cuatro de la madrugada para preparar una leche no estaba precisamente en mis planes de descanso placentero cuando me acosté por primera vez.

Pero algo sucedió en el inter de esta actividad que hizo que mi estado de ánimo se transformara positivamente en un segundo. Una vez que mi hijo recibió en sus manos la botella de plástico y calmó su llanto, me volteo a ver y me dijo: “¡Gracias!” y empezó a injerir el líquido.

Me retiré de su habitación sonriendo y claramente emocionado. La pesadez que me pudo haber causado el llanto de mi hijo en un inicio, se transformó súbitamente en alegría y complacencia al escuchar salir esta simple palabra de su boca. Mi alma se llenó del mismo sentimiento que produce haber recibido el pago justo por un trabajo completado.

El “Gracias” de mi hijo hizo toda la diferencia para sentir que el esfuerzo valió la pena.

A mis hijos les encanta ver Barney en la TV y a mi, como padre de familia, me encanta que lo vean.

Dudo mucho que alguien no pueda estar familiarizado con la existencia de este dinosaurio morado que, capítulo tras capítulo, enseña valores universales a los niños de todo el mundo.

Barney enseña muchas cosas muy positivas, pero en especial me encanta un capítulo en que promueve que los niños aprendan lo que él llama las dos “palabras de poder”. En este episodio, rodeado de niños y siempre haciendo uso del poder da la imaginación, Barney le dice a las cámaras de televisión “Existen dos palabras de poder que abren todas las puertas del mundo: Por favor y graciasy acto seguido procede a cantar una canción cuya letra no hace otra cosa más que reforzar una y otra vez dicho mensaje.

¡Caramba ahora lo entiendo todo!

Mi hijo abrió las puertas de mi corazón cansado cuando me dijo “gracias” al recibir su leche. ¡Utilizó una de las palabras de poder que Barney le enseñó y vaya que funcionó!

Si bien yo me desperté molesto en la madrugada para atender a mi pequeño hijo, hoy caigo en cuenta que él también lo había hecho para atender a su sed. Así, ambos tuvimos los motivos suficientes para enojarnos con la situación y actuar de mala gana.

Pero fue él, mi pequeño súper héroe, quien utilizó la palabra de poder  que Barney y sus papás le han enseñado y eso, a las cuatro de la mañana de hoy, en mi mundo, marcó toda la diferencia.


Un testimonio

4 junio 2010

Recientemente una lectora tuvo la enorme amabilidad de compartir conmigo su difícil y compleja experiencia personal con respecto a su separación matrimonial, el cual versa más o menos así…

Habiendo estado embarazada por tercera ocasión en su matrimonio (embarazo que por cierto resultó de alto riesgo) su esposo decide que no puede continuar más en el camino de la fidelidad y opta por abandonarla justo en la etapa del embarazo en que ella más le necesitaba. Nuestra amiga, con este pesar a cuestas, tiene a su bebe y junto con sus otros dos hijos sale adelante dándole el animo necesario a su vida pensando que Dios nunca la dejará.

“Una separacion es muy dificil porque te haces cargo de la crianza de tus bebes, y de pequeñas cosas que estando sola se hacen muy grandes” me comentó.

Hablando con un sacerdote y buscando ayuda psicológica, encontró calma y consuelo.

El tiempo pasó y Dios premió la paciencia y la perseverancia de nuestra amiga pues económicamente ella pudo salir adelante junto con sus hijos y sobreponerse al terrible golpe psicológico de su separación.

Lo más hermoso del testimonio de esta lectora es que, a pesar de haber vivido esta situación, me contactó para decirme que desea fervientemente que sus hijos amen a Dios y crezcan sin rencor a su papá. Sabe que este actúo mal pero al final de cuentas es su padre.

Actualmente su principal preocupación gira en torno a cómo transmitirle a sus hijos el concepto del matrimonio como situación ideal de vida y evitar que se queden con la idea de que la separación y el divorcio son algo normal.

Para mi y para mi esposa fue un gran testimonio de amor leer las palabras de esta querida lectora. Nos ponemos en su lugar y, aunque intentamos entender lo que ella pudo haber pasado en esos momentos de frustración, pensamos que fue principalmente el estar cerca de Dios lo que le ayudó a salir avante de aquella experiencia dolorosa.

¿Qué hacer cuando tu plan falla? ¿Qué hacer cuando en tu matrimonio la otra parte no logra perseverar? ¿Cómo explicarle a tus hijos que Dios existe y que el matrimonio es un sacramento aunque ellos no tengan el ejemplo en casa?

Sin duda alguna la oración y el testimonio personal son un factor clave.

Yo me imagino que un niño que presencia como se desintegra su núcleo familiar pero que a pesar de esto la fe y el amor a Dios no falla en su mamá, debe de aprender una gran lección.

¿Por qué  a pesar de que a mamá le han traicionado ella ha querido perdonar? ¿Se puede amar a quien te abofetea? Son cuestiones que seguramente empezarán a brotar en el  interior del pequeño.

Desde luego que si se pude perdonar y amor. Y no solo se puede, sino que se debe.

Si por el contrario, fomentas el odio y la venganza, entonces el mal llenará el corazón de tu hijo quitándole el espacio que debiera de ocupar mejor el bien y la verdad.

Enseñar a amar, es la mejor manera de enseñar matrimonio. Perdonar a tu prójimo, es la mejor manera de enseñar matrimonio. Fomentar el cariño al padre que falló, es enseñar matrimonio. Hablar de Dios a tus hijos, aun en un ambiente hostil, es enseñar sobre el matrimonio.

A nuestra amiga lectora que me hizo el gran honor de dejarme transmitirles a todos ustedes  su testimonio de vida solo le quisiera regalar una ultima reflexión que me llevó de todo esto…

¡Dios siempre estuvo cerca de ti pues, a pesar de todo y contra todo, tú nunca dejaste de estar cerca de Él!

Gracias por darme una muestra más de que... ¡Dios existe!


Cómo un papá ateo le enseñó a su hijo a ser católico…

31 mayo 2010

Crecí con un papá ateo.

No podría definir bien si era completamente ateo (no cree en Dios y por lo tanto no le busca) o más bien agnóstico (no busca a Dios porque no le conoce). El punto es que para él, sus papás y sus hermanos, Dios nunca fue un tema relevante.

Pero esto nunca le impidió desear lo mismo para sus hijos.

Verán…

Mi papá creció en el seno de una familia fuertemente orientada al trabajo. En su infancia y juventud, le tocó ser parte de la etapa más importante de industrialización de México y por lo mismo en la mente de su familia la profesión y el trabajo eran la prioridad más importante.

Mi abuela, quien tras la muerte de mi abuelo tuvo que hacerse cargo del sustento económico de sus siete hijos, solía decir… “En esta familia no hay más Dios que el trabajo”.

Yo crecí con la idea de que en casa de mi abuela, cuando nos reuníamos cada semana para convivir, no se hablaba de Dios. No por que estuviera vetado el tema, sino más bien por que nadie entendía de que trataba todo eso de la religión y por lo mismo, la política y la economía ocupaban más bien las conversaciones de todos los asistentes.

En ese ambiente creció mi papá. Un entorno sumamente orientado a lograr el éxito profesional de todos y cada uno de los siete hermanos. Mi abuela, vendiendo tortas fuera de una preparatoria, logró pagarle los estudios universitarios a todos sus hijos. Varios maestros, un doctor, un contador  público,  y con este esfuerzo a cuestas, mi papá llegó a ser ingeniero.

Así, para un niño que veía y vivía ese ambiente,  era claro que su papá no creía en Dios, o más bien no lo entendía. Varias veces les pregunté sobre esto a mis tíos (sus hermanos) y todos más o menos coincidían en la misma postura que él: Dios no existe.

Por que habrían de creer si nadie nunca les invitó a hacerlo.

Pero eso nunca influyó para que mi padre, una vez que se casó con mi mamá y tuvo a sus dos hijos (a mi hermana y a mi), quisiera la misma postura de fe para nosotros.

Si bien mi papá no podía hablarnos de Jesús, la Iglesia y el catecismo, si entendía a la perfección que sus hijos debían de conocer el amor al prójimo.

De los recuerdos más maravillosos que aún tengo de mi infancia, están las innumerables ocasiones en que, caminando por la calle con mi papá, este veía a uno o varios niños de la calle y les invitaba a comer una deliciosa hamburguesa de “Burguer Boy” (El Mcdonald´s de los 80´s).

Tengo muy clara esa imagen…. tres niños sentados alrededor de la mesa de un restaurante de comida rápida, dos de ellos con las ropas y el rostro claramente  maltratados y uno de ellos, yo,  vestido tal y como mi mamá me había deseado ver esa mañana, limpio y con tenis nuevos.

Recuerdo que mi papá, después de comprarnos a todos las respectivas hamburguesas, nos invitaba a sentar para que platicáramos algunos minutos en lo que terminábamos de ingerir los alimentos. No está de más decir que la manera en que aquellos niños solían disfrutar la hamburguesa era para mi un claro signo de que no lo podían hacer muy seguido que digamos.

Así, en este ambiente de camaradería infantil, mi papá solía invitarme a dialogar con aquellos niños para que conociera su dura realidad. Ellos me platicaban de sus vidas y yo les platicaba de la mía. Sin pena me explicaban sus razones para haber dejado la escuela y tener que pedir dinero en la calle. Yo les decía, aconsejado por mi padre, que la escuela era algo importante y que en cuento tuvieran la oportunidad debían de regresar. Hoy me queda claro que las oportunidades de que lo hicieran eran prácticamente nulas.

(Cuando uno es niño, los prejuicios y los tapujos no existen, por lo que las pláticas entre pares pueden desenvolverse sin la menor incomodidad)

Este tipo de experiencias se dieron lugar varias veces durante mi infancia. Aquel restaurante de hamburguesas era nuestro lugar favorito para convivir durante los fines de semana y en múltiples ocasiones mi papá provocó que mi hermana y yo no fuéramos los únicos niños sentados en la mesa. No recuerdo el número exacto de ocasiones en que compartimos comida con uno o varios niños de la calle, pero si se que fueron las suficientes como para dejar clavados esos recuerdos para siempre en mi memoria.

Cuando por razones de tiempo no podíamos quedarnos a comer, mi papá compraba las hamburguesas para llevar y me pedía que se las fuera a regalar en persona a aquellas familias que las agradecían sin dudar.

Así, si bien mi padre no me pudo platicar durante mi infancia de un Dios que no conocía, si tenía claro que el amor al prójimo es un conocimiento universal que puede y debe de ser perfectamente transmitido a como de lugar. Mi padre entendía a la perfección lo que significaba ser un hombre de bien.

Otro momento peculiar se dio cuando llegó el momento en que mis padres tuvieron que elegir  la escuela a la que iban a ingresar sus hijos a estudiar la primaria. Contra lo que se pudiera esperar de alguien que no cree en Dios, optaron por elegir un colegio con un sistema católico ¿Por qué habrían de hacerlo si ellos no eran en lo absoluto practicantes (mi mamá incluida)? ¿Por qué un ateo iba a elegir una instrucción del tipo religioso para sus hijos?

Tiempo después, cuando cuestioné a mi papá el motivo de dicha decisión, me respondió: “Si bien en mi educación yo crecí sin necesitar o entender a un Dios, si nos quedaba claro a tu mamá y a mí que una educación integral era algo bueno para nuestros hijos”.

Así, cuando la escuela empezó a fomentar una actividad espiritual en mi hermana y en mi como parte de su sistema de formación, mis padres entendieron que debían de ser coherentes con dichas enseñanzas. Fue entonces que mi papá, desde aquellos primero días de escuela, instituyó como una actividad prácticamente obligatoria para todos los 4 integrantes de la familia…  ¡La asistencia a misa! Una vez más, la idea de ir de la mano con las instrucciones  que nos enseñaban en la escuela fue el motivo de esta decisión.

“Si en la escuela le enseñan a mis hijos a ir a misa, nosotros en la familia seremos coherentes con dicha enseñanzas” fueron sus palabras. Y así fue que la misa se volvió parte de nuestras vidas.

No me pregunten cómo ni por qué, pero hoy, a casi 25 años de haber tomado esa decisión de llevar a misa a sus hijos para cumplir con la encomienda escolar, mi padre, quien ya no tiene como motivo obligar a sus hijos a cumplir dicha actividad, sigue asistiendo a misa todos los domingos… ¡Incluso solo! Conozco su temperamento, conozco su tesón. Si algo tiene fuerte mi padre es la voluntad y la disciplina. Es de esas personas que nunca deja de asistir periódicamente a realizarse un chequeo médico y jamás olvida tomar una medicina que el doctor le receta. Cuando encuentra que algo le hace bien… ¡No lo deja jamás!

Cuando le veo ser más perseverante en las misas dominicales que incluso su propio hijo (si, debo de reconocer que muchas veces fallo) , es que empiezo a creer que, poco a poco, Dios se le ha venido esclareciendo cada vez más es su vida.

Es por todo esto que, sin tal vez pretenderlo mucho, mi padre que durante muchos años de su vida se declaró ateo, sembró la semilla de la fe en su hijo.

Hoy, mirando al pasado, le agradezco el haber tomado esas decisiones por mi. Le agradezco que, si bien el no lo iba a hacer, si quiso que alguien me hablara en mi infancia de ese tal Jesús de Nazaret.

¡Pero momento…! ¿Quien dijo que mi papá no me habló de Jesús?

Tal vez no lo hizo de la manera tradicional, pero cada vez que invitó a un niños de la calle a compartir la mesa con sus hijos, si que lo hizo. Cuando él procuró que la educación que recibiríamos sus hijos fuera orientada por el amor al prójimo, nos habló de Jesús.

En resumidas cuentas, cuando dejó de lado su propia filosofía de vida, su propio agnosticismo y su tradición familiar y entendió que la fe es parte importante en la educación de todo niño… ahí, ahí nos habló de Dios.


Feliz cumpleaños a una fotógrafa excepcional

28 mayo 2010

¡Hoy es el cumpleaños de Laura, mi hermana!

Ella se dedica a la fotografía y tiene una perspectiva muy peculiar de la vida.

Pareciera que su vocación es transmitir la belleza del mundo por medio de una imagen, de un video, de un testimonio. Nunca había visto a una persona cargar tantas horas durante tantos años una cámara de fotos.

Debo decir que si tengo alrededor de unas 12,000 fotografías en mi disco duro es por que ella siempre acompaña a mi familia con su cámara, una parte más de s cuerpo.

Alguna vez pensó en dedicar su vida a Dios pero este le tenía una petición un poco diferente: “Llevar la palabra del amor y la belleza del mundo a través de un lente, de una imagen”

Y eso es lo que hace…

Experta en el tema de la Responsabilidad Social (tiene una maestría) tiene la firme convicción de que el ser humano debe de fijar en el amor su más grande ideal. Inconforme y reflexiva, ama a su Iglesia y le ha seguido desde siempre.

Así, que este post  sirva para felicitar a Laura, la gran fotógrafa del amor, que algún día estará mostrándole al mundo cómo se pude hablar de Dios y de su inmensa belleza con el simple ¡Click! de una cámara que ve lo mejor de la vida.

Eso es vocación…. eso es amar a Dios con tu profesión.


Mi esposa.

25 mayo 2010

Hoy, definitivamente tengo que hablar de ella…

Un hombre puede ir por la vida solo intentando cambiar el mundo, pero cuando por fin se encuentra en su camino a una mujer dispuesta a acompañarle, es que en verdad el mundo empieza a transformarse.

Debo de aceptar que en mi juventud yo nunca idealicé el tema del matrimonio. No era que no lo deseara, simplemente no era un tema que ocupara mi mente (¿Quien piensa en matrimonio a los 18 años de edad?).

Pero un día, Dios me presentó a Candice, una de las mujeres más maternales y familiares que jamás yo hubiera conocido. Hablar con ella, es hablar de hijos, de matrimomio, de familia y quedar fascinado con el tema.

De pequeña tuvo la desgracia de perder trágicamente a su padre y  por lo mismo su madre tuvo que salir en busca el sustento económico. Creció sola e independiente, pero lejos de optar por aprovechar dicha falta paterna para convertir su libertad en libertinaje (como cualquier joven hubiera hecho a su edad) ella decidió que tenía que madurar y ayudar a su mamá.

Pasó tiempos difíciles durante su infancia y juventud, el dinero no fue algo que abundara en su casa y desde una corta edad aprendió que la necesidad es la madre de todo esfuerzo.

Con un papá ausente al que no deja de llorar desde hace 27 años y con una madre enfocada en trabajar por necesidad para sacar a sus hijos adelante, Candice creció haciéndose una sola promesa: Algún día formaré la familia que nunca tuve y con la que siempre soñé.

Nunca fue muy apegada a la Iglesia, pero Dios siempre estuvo presente en su vida, protegiéndola y cuidándola del vicio. Mientras sus amigos se escapaban de sus casas para salir a fiestas, ella prefería ayudar a su mamá y soñar con la familia que un día formaría.

El tiempo pasó y la situación económica de su casa nunca mejoró. Y fue en un momento de tantas deudas y poca claridad en el trabajo, que Candice decidió por primera vez acercarse a quien supuestamente podía entender los problemas de una mujer maternal: María.

Parada frente de una imagen de la madre de Dios, Candice pidió la intercesión de la Virgen para que esta ayudará a su mamá a conseguir pagar sus deudas y a cambio de esto, ella prometería ir a Misionar la palabra de Dios en Semana Santa. ¡Y como a María no se le puede ganar en generosidad, ella actuó en favor de la causa solicitada y la luz se hizo para su familia!

Candice cumplió su promesa y se fue de Misiones, y aquí es cuando Dios actuó en su corazón.

La Candice que se fue en aquel camión a una comunidad marginada y lejana para hablarle a los pobres de Dios,  no es la misma que regresó.

Hablar del amor del Creador, predicar su palabra y proclamar la belleza de ayudar al prójimo le confirmaron su misión de amar a Dios entregándole su sueño más profundo: tener una familia.

Cuando la conocí pude leer esto en sus ojos. Pude encontrar desde el primer instante ese amor por el valor de la familia y como era de esperarse, nunca más la dejé ir.

Hoy, ella me ha contagiado de ese amor maternal.  Ella me enseña cada día lo importante que es tener tu centro en el hogar. Ella me ha enseñado que a Dios se le ama mejor en familia. Con ella aprendí que mi no existe un mejor apostolado que predicar a Dios en casa.

Ella, mi esposa, fue para mi la prueba definitiva de que los milagros existen… de que Dios existe.


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