La parábola de los talentos…

23 enero 2012

Hace un par de días me encontraba escuchando una ponencia sobre el tema de “diseño de plan de carrera profesional“.

Todo transcurría de manera muy normal. La ponencia no parecía ser algo fuera de este mundo y yo escuchaba con relativa buena atención.

Pero de pronto un comentario muy particular de parte del profesor hizo que mi atención se triplicara sobre su persona y en lo que estaba a punto de decir.

El comentario que hizo fue el siguiente…

“En temas de planeación de carrera me parece que la parábola evangélica de los talentos es más que aleccionadora…”

Mi atención se hipnotizó sobre él…

El ponente continuó…

“He leído y leído varias veces esa parábola de los talento y jamás dejó de sacar conclusiones valiosísimas de ella…”

“Pienso lo mismo. La parábola de los talentos es un texto riquísimo en contenido formativo” me decía a mí mismo mientras escuchaba la reflexión del experto en planeación de carrera quien concluyó con la siguiente reflexión…

“La lección más valiosa a la que he llegado de estudiar dicha parábola es que no existe insulto peor hacia la persona de Dios que no hacer rendir al máximo los talentos que Él nos dio. Punto”

“¡Wooow!” Esa simple idea hizo que todo el curso valiera la pena

Y es que habiéndome dedicado a estudiar el tema del desarrollo de talento en las personas no podría estar más de acuerdo con este hombre.

Un gran plan de carrera es el resultado de encontrar de que manera nuestros talentos pueden contribuir para crear valor en el mundo. No usar nuestras fortalezas por miedo a no conseguir grandes frutos es peor que fallar en el intento de si hacerlo.

Los talentos son un regalo que Dios le hace a cada hombre. Los frutos logrados al emplear dichos talentos son el regalo que nosotros los hombres le hacemos a Dios.

Y es que en verdad… ¿acaso no es magnífico el fondo de esta hermosísima parábola evangélica?

Mateo 25, 14-30

extranjero llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el de los dos talentos dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el que había recibido un talento dijo: Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo. Mas su señor le respondió: Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.


Madre de Dios

15 diciembre 2011

En estos días en que los mexicanos celebramos tanto a nuestra queridísima Virgen de Guadalupe me encanta recordar uno de los pasajes del evangelio que más se utilizan para explicar la importancia e influencia de Maria en la fe de nosotros los seguidores de Cristo.

Se trata del evangelio de las bodas de Caná (Jn, 2, 1-11)

El versículo nos relata la ocasión en que Jesús y su madre, María, se encontraban participando como invitados en una boda.

De pronto María, atenta a todos los detalles como solo lo puede estar una madre, se percata que en la fiesta se ha terminado el vino, esa bebida símbolo de celebración y homenaje a la vida.

María sabe que la fiesta no puede verse afectada por tal motivo, así que acude a su hijo para tratar de solucionar el problema.

“Jesús, se les ha terminado el vino” le comentó la mujer a Jesús.

Este le respondió: “Mujer a ti y a mi qué.. sabes que aún no ha llegado mi hora”

Esta respuesta refleja una sola cosa. Que entre Jesús y María existe pleno conocimiento del gran poder del primero y de su capacidad para obrar milagros en beneficio de la humanidad. Sin embargo, Jesús argumenta que la hora de este gran poder aún no ha llegado.

Pero sabemos que ante la petición de una madre, un hijo jamás puede ser rígido. La petición de una madre hacia su vástago siembre viene acompañada con un enorme saldo a favor de ella.

¿Cómo negarse ante  la súplica de una madre que se ha abandonado por sus hijos? ¿Cómo decirle “no” a una madre que ha dicho millones de veces “sí” para el beneficio de los suyos? Es imposible y Jesús cede ante la petición de su madre.

Y tras este pequeño y sencillo diálogo entre Jesús y María se presenta el primer gran milagro del hijo de Dios en el mundo… ¡Jesus convierte el agua que se encontraba en unas tinajas en vino!

La reflexión que más me fascina de este pasaje es la que me lleva a meditar lo siguiente:

¡…fue María la que le arrebató el primer milagro para el benéfico de la humanidad al hijo del Creador del universo!

Fue una madre la que nos presentó “al amor hecho hombre” en el mundo. Y este evento se dio de cara a un matrimonio.

Así de importante es María en la historia de la salvación de la humanidad, así de importante es la celebración de un matrimonio para la madre de Dios y así de importante deberá de ser para nosotros la veneración a la madre de Dios.

¡Viva la Virgen María de Guadalupe!


¡Salta!

18 agosto 2011

Varias veces he reflexionado sobre lo que significa tener fe. Trato de profundizar mentalmente en lo que significa creer si ver.

De todas, la imagen que más me conmueve, es en la que me imagino parado al borde de un precipicio cuyo fondo es imposible de visualizar a simple vista. Parado ahí, en el borde del acantilado, internamente surge desde mi corazón una voz que me dice… “¡Salta!”

Ante dicha situación me cuestiono de donde puede venir dicha voz interior… “¿Por que alguien en su sano juicio tendría la motivación de saltar al vacío?” 

Mi imaginación sigue. Parado aún junto al precipicio, dudando de las indicaciones que mi corazón me dicta, decido que debo cerrar los ojos y, sin razón lógica aparente… ¡saltar al vacío!

En este ejercicio de imaginación no he podido descifrar lo que sucede después de haber saltado… ¿Me salvo? ¿Muero? Por alguna razón, pareciera que  saberlo no es relevante para mi reflexión sobre la fe ¿Por qué? Por que cuando se actúa por fe, no se consideran las consecuencias, solamente el amor a la acción misma.

En serio, varias veces me he encontrado a mi mismo cerrando los ojos y llevándome imaginariamente a ese acantilado, y siempre, en cada ocasión siento surgir la misma pregunta en mi interior… ¿En verdad saltaría?

Hace dos domingos el evangelio  reflexionaba sobre la duda que tuvo Pedro cuando Jesús le invitó a ir hacia Él caminando sobre las aguas. Pedro, a pesar de haber comprobado en los pasos iniciales que la petición “ilógica” de Cristo se volvía “lógica” por medio de la fe, al sentir las olas y el aire…. ¡Dudo y cayó al agua! A lo que Cristo le replicó… “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”.

Para nosotros es fácil juzgar a Pedro, argumentar que si nosotros hubiéramos estado ahí viendo a Cristo convocarnos a ir hacia Él, seguramente habríamos llegado hasta su presencia caminando sobre las aguas. Pero… ¿en verdad sería así?

Yo no miento cuando digo que aún en el ejercicio mental del precipicio que recién les platiqué, siento duda, miedo y temor. Siento que si llegara el momento de saltar… ¡Saltaría con mucho miedo! pero al final… ¡acabaría haciéndolo!


Mi misal mensual

9 agosto 2010

Ayer me llegó vía correo postal mi primer misal mensual de parte de la editorial Buena Prensa. Recién descubrí que uno se puede suscribir vía internet al envío postal del mismo.

Así que ayer  me dispuse a estrenarlo por primera vez en misa, pero tuve un inconveniente. El misal que me llegó corresponde al del próximo mes (septiembre) y no al actual (agosto), por lo que tendré que esperar para estrenarlo hasta dentro de un par de semanas.

Si alguien en la República Mexicana está interesado en que le llegue a su casa este misal mensual lo puede hacer siguiendo el link siguiente de la editorial Buena Prensa. El costo de suscripción anual (12 ejemplares) es de 142 pesos (mexicanos)  o $11.50 dólares.

¿Que para que sirve un misal mensual?

Pues entre muchas otras cosas, permite seguir las lecturas de todas las misas diarias que se llevan a cabo en un mes en particular. Si se tiene la costumbre de asistir a misa de una forma periódica (no solo las dominicales y las festivas), el misal ayuda a saber qué lecturas y reflexiones corresponden a la misa de cada día.

Ahora bien, dado que no todos vamos a misa todos los días, si que podemos utilizar el misal para por lo menos conocer el evangelio que corresponde a cada día y así por lo menos hacer la reflexión evangélica correspondiente.

Además, con el misal puede uno conocer el santoral y el color correspondiente de la liturgia en turno, así como tener acceso a pequeñas reflexiones que nos ayudan a acompañar mejor la misa de todos los días.

Yo lo pienso utilizar para leer las lecturas y el evangelio antes de ir a misa, así cuando esté presente en la ceremonia pueda concentrarme en poner más atención a los detalles de cada lectura que llevaré previamente leída. Además, también me servirá para mis reflexiones evangélicas diarias.

Lo bueno es que no pesa casi nada y lo puedo llevar sin problema en la mochila.


La oración…

27 julio 2010

Si hay una imagen que me encanta del evangelio, es la que me muestra al Maestro como un ser de oración.

Son muchas las veces que podemos leer en el evangelio que “Jesús se apartó de la multitud para orar”.

Antes de salir a elegir a quienes serían sus apóstoles, Jesús preparo dicha elección con un tiempo de oración.

Tras haber predicado a las masas en la orilla de los lagos, el Señor toma una barca y se retira a la otra orilla para orar.

En el sermón de la montaña, Jesús nos enseña cómo hacer la oración perfecta.

Antes de morir, Jesús se adentra solitario en el huerto Getsemaní y entra en oración.

Y así, podemos encontrar la figura de un Jesús en oración a lo largo de todo el evangelio.

Esto nos muestra la importancia que Él, Dios hecho hombre,  le da a esta actividad que tanto solemos dejar de lado los creyentes de a pie.

La oración debería de estar a lo largo de todo nuestro día, 5 segundos, 30 segundos, 2 minutos, 30 minutos… no importa. Lo que se requiere es que no la dejemos de lado, que no la olvidemos.

Juan Pablo II oraba, y oraba mucho… La madre Teresa de Calcuta oraba gran parte de su día. Las biografías de todos los santos y mártires nos hablan de seres de oración.

¡El cristiano ora! Todo el tiempo.

¡Vamos! Retírate 5 minutos en tu día a un rincón aislado y tranquilo, cierra los ojos y comienza a dialogar con quien siempre está ahí para escucharte.

¿Que no estás acostumbrado a hacerlo?

Te doy un consejo que a mi me ha servido mucho para poder implementar el hábito de la oración en mi vida…

“Coloca una imagen de la Virgen, un crucifijo o cualquier símbolo religioso católico que te guste en un lugar estratégico que puedas ver todas la mañanas o la noches, un rincón de tu casa que te veas forzado a visitar en algún momento del día. Un escritorio, el costado de una puerta, un librero pueden ser ideales. Y cada vez que veas esta imagen, inmediatamente cierra los ojos y reza un padre nuestro y un ave María”

Yo tengo colocada una cruz en un cajón en donde coloco mis accesorios de vestir (anillo, reloj, billetera) y cada mañana, cuando me dirijo a este rincón para tomar estas pertenencias y veo este crucifijo, cierro los ojos, junto mis manos, agacho la cabeza y empiezo a rezar. Al llegar a mi oficina, tengo colocado un evangelio en un lugar estratégico para poderlo ver en cuanto me siento en mi escritorio y así, recuerdo que debo de hacer una pequeña reflexión de un pasaje del evangelio antes de comenzar a trabajar.

Esto me sirve a mi, pero el chiste es que tú encuentres maneras simples de recordarte a lo largo de todo el día que Dios te quiere escuchar y hablar de manera íntima.

Así que entrar en oración todos los días, es decirle a quien te creo… “Señor, aquí estoy, listo para construir tu reino junto a ti una vez más”.


El dinero y la felicidad

21 julio 2010

Uno de los grandes tópicos teológicos y filosóficos es aquel que discute la relación que existe entre  la generación de riqueza con el logro de la felicidad y la santidad.

En el mismo evangelio podemos leer que Jesucristo dice que “será más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos”. ¡Muy fuerte! ¿No lo creen?

¿Esto debería de implicar que renunciemos a toda posibilidad de generar riqueza? ¿Esto quiere decir que ser rico es malo y ser pobre es bueno? ¿Quien logra amasar grandes fortunas está condenado al infierno?

Lamentablemente muchas de las respuestas a estas preguntas suelen tener más un tinte medievalista que realista. El marxismo, por ejemplo, es una de esas terribles consecuencias producto de una radicalización en la interpretación de estos mensajes.

Analicemos un poco más a fondo la relación del dinero con la felicidad.

En su libro “La nueva felicidad. Lecciones de una nueva ciencia” el autor Richard Layard demuestra cómo el dinero sólo produce verdadera satisfacción y emoción cuando, al obtenerse, le permitirle a la persona salir inmediatamente de la pobreza. En cambio, cuando esta misma riqueza es generada por alguien que ya goza de cierta comodidad financiera, el grado de satisfacción obtenida es significativamente menor. En pocas palabras, el dinero solo produce felicidad  cuando este sirve para transformar radicalmente la calidad de vida de la persona que lo genera. Después de este punto, esta felicidad empieza a verse disminuida.

Si uno tiene la oportunidad de volverse rico, llegará un punto en que la generación de más y más riqueza ya no impactará significativamente en nuestra vida emocional, dado que el aumento en la calidad de vida que podemos seguir generando como consecuencia de esta obtención de riqueza ya no representará la oportunidad de alcanzar el estado de  bienestar mínimo indispensable para todo ser humano, sino simplemente el aumento de las posesiones materiales.

En este punto, en que el dinero ya no es un medio para obtener bienestar, sino simplemente para obtener bienes materiales, la relación dinero-felicidad deja de ser directamente  proporcional.

¿Cómo leer este esto?

Mientras el dinero esté al servicio de “El bien” en la persona, este producirá felicidad (satisfacción de estar en el camino correcto). Pero cuando este deja de cumplir dicha función (se puede llegara convertir en un problema para la felicidad).

¿Cómo entender entonces la relación Riqueza Económica – Felicidad? O más complejo aún, ¿con la santidad? ¿Pueden los ricos ser santos?

Desde luego que si. Recordemos que Jesus dijo que era “difícil” lograr la santidad de un rico, más no “imposible”.

Y como siempre resulta en el cristianismo, la clave está en “El Prójimo”.

El “Bien” al que nos referimos debe  de estar ligado la generación de riqueza es “El bien del prójimo”. Si acaso los seres humanos tenemos todo el derecho del mundo de poder usar nuestras capacidades y talentos para generar toda la riqueza que podamos de manera ética, no no es dado el derecho de hacer lo que queramos con ese dinero.

Si bien el camino de la riqueza puede resultar en más y mejores medios para sobrellevar la existencia en la tierra, también es un camino más propenso para perder el centro del alma.

Si por hacer más y más dinero, resulta que perdemos nuestro objetivo último que es “El Prójimo” entonces estaremos oscureciendo el alma a causa del dinero. Pero si por el otro lado, como consecuencia de hacernos de una gran fortuna, reconocemos que esta viene permitida por Dios y como tal respondemos ayudando a construir su Reino en la tierra con dicha fortuna, pues entonces puedo estar tranquilo de que mi camello si estará pasando por el ojo de la aguja.

En conclusión, no nos confundamos tanto. El secreto está en analizar que tanto la generación de riqueza nos acerca o nos aleja más de Dios a través del amor al prójimo. Punto.

Si el dinero te acerca más y más a Él, haz tanto dinero como puedas. Pero si el dinero te aleja del Creador de todo el universo, entonces más te vale que te vayas deshaciendo ahora mismo de tus monedas y billetes.

No somos poseedores de la riqueza en la tierra, simplemente administradores de la misma y como tal habremos de rendir cuentas sobre la manera en que la invertimos.  Y si no me crees, respóndeme a la siguiente pregunta… ¿Cuanto de ese dinero te podrás llevar a la otra vida? y en cambio ¿Cuantas almas beneficiadas abogarán por ti en el momento de rendir cuentas en la otra vida?

Así como para viajar al extranjero sueles necesitar de hacerte de dólares para tenerlos como moneda de cambio, en el cielo, la moneda de cambio solicitada se mide en “almas llevadas a Dios”.


Jesús en el desierto…

5 febrero 2010

Uno de mis pasajes favoritos del evangelio es la estancia por 40 días y 40 noches de Jesús en el desierto. Ayer haciendo mi acostumubrada reflexión evangélica me encontré con este pasaje tan lleno de vida, humanismo y enseñanza.

A continuación transcribo la cita evangélica y posteriormente les comparto mi reflexión al respecto… (Mt, 4,1-11)

” Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
Él respondió y dijo:
Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,
y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está -A sus ángeles mandará acerca de ti y e
n sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra-
Jesús le dijo:
Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
Entonces Jesús le dijo:
Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.
El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”

Este pasaje nos relata cómo Jesús, llevado por el Espíritu Santo se dirigió al desierto a ayunar y a orar ¿Para qué? ¿Era necesario? ¡Desde luego que sí!

Jesús en su condición de hombre quiso, antes que conquistar al mundo para Dios, conquistarse primero a Él mismo para su Padre. Jesús quiso primero dominarse a sí mismo para luego poder salir a cumplir su misión de cruz.

Al pasar 40 días y 40 noches de ayuno Jesús logro sobreponerse a lo terrenal, a lo carnal y a lo puramente superficial. Quien ha hecho ayuno alguna vez, sabrá lo mucho que forja esta actividad el carácter y si además acompañamos el ayuno con oración (tal cual lo hizo Jesús) entonces nuestro espíritu crecerá y se fortalecerá por sobre el cuerpo.

Así, como era de esperarse,  Jesús alcanzó un punto máximo de debilidad física y “tuvo hambre”… Aquí es en donde el diablo, invariablemente entra en escena en nuestras vidas. Cuando más deseosos estamos de lo carnal (por que somos humanos) es cuando más propensos somos de ser tentados.

Las tentaciones de Jesús ocurrieron en orden ascendente…

Primero el diablo lo tentó en el nivel más simple de nuestra condición humana: el cuerpo. Eta tentación tuvo lugar a ras de tierra, en donde están las piedras. Queriendo aprovecharse del hambre que sentía Jesús, le invitó a convertir estas en pan. Jesús lo pudo haber hecho, pero estaba ahí, en el desierto,  no para demostrar su grandeza como Dios sino como ser humano. Hermosa apelación le dijo Jesús “No solo de pan vive el hombre… sino  de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Y es verdad. Jesús en el desierto, si bien no se alimentó de pan, si lo hizo de oración que es el alimento del espíritu.

Habiendo sido derrotado al intentar provocar a Jesús en el cuerpo, ahora el diablo quizo tentarle en un elemento superior: la razón. Dicha tentación se llevo en un punto más alto (sobre el pináculo del templo) pues la razón es, de hecho, más alta que el cuerpo. Aquí el templo representa justamente  la inteligencia del hombre. Inteligencia que el ser humano ha utilizado para edificar y construir templos a lo largo de la historia. Entre más hermoso el templo más gala se hace de la mente que lo edificó. La arquitectura es el portento de la mente humana. Así, para esta tentación, el diablo utilizó la lógica de las escrituras. “Si está escrito es por que sucederá”. Una vez más, al igual que el templo, la lógica es un símbolo más de la razón y la inventiva humana. Pero Jesús, habiendose preparado en cuerpo y mente en el desierto, le volvió a responder utilizando la misma lógica que su tentador: “Escrito está también: no tentarás al Señor tu Dios”. Así pues, en la tentación de la razón, la mente de Jesús se sobrepone a la mente del diablo.

Y es entonces cuando el demonio, al verse derrotado en el campo del cuerpo y el de la mente, decide provocar la caída del elemento más alto de todos: El espíritu. Para esto, lleva a Jesús a la montaña más alta. Aquí, la montaña, representa el punto más elevado de la naturaleza creada por Dios: el alma. Si bien el templo (la razón) es construida por el hombre, la montaña (el espíritu) es creada por Dios. Así, el diablo quiso subir al nivel más alto posible esperando que la caída fuera igual de grande. Y habiendo hecho esto, para tentar a Jesús el maligno apeló a dos de los elementos más peligroso para el espíritu humano: la codicia y la soberbia. El diablo, en su soberbia, quiso que Jesús le adorase esperando que el Maestro se dejara llevar por la codicia. Pero una vez más, habiendo preparado su alma al igual que su cuerpo  y su mente en la oración y el ayuno, Jesús le responde de manera definitiva y tajante (tal y como se debe de responder a las tentaciones del alma): “¡Vete, Satanás! Porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”

Es entonces cuando el diablo viendo que el cuerpo, la mente y el el espíritu de Jesús son infranqueables, se retira y le deja en paz a la merced de los ángeles que comenzaron a servirle. Es importante hacer notar que los ángeles que el diablo advirtió le vendrían a ayudar, solo aparecieron después del triunfo personal de Jesús sobre el mal, no antes. Es decir, el esfuerzo por alcanzar el bien es responsabilidad nuestra no de Dios. ¡Hermoso cierto!

Después de este pasaje, volveremos a saber de varios encuentros de Jesús con demonios, pero ahora de una manera muy diferente: Jesús los expulsa de los cuerpos que estos poseen y estos, ahora, le temen como a nadie. Jesús derrotó  a Satanás en el desierto y eso los demás demonios no lo olvidarán jamás.

Lo que me encanta de este pasaje evangélico es que Jesús no hace uso de su condición divina para sobreponerse a las tentaciones. Es capaz, desde su esencia humana (débil al igual que la de todos nosotros) de vencer al príncipe del mal. No fue Dios quien venció al demonio en el desierto, fue un ser humano. Y eso me deja en claro que, al igual que Jesús, nosotros también lo podemos hacer.

Ser tentado no es malo, dejarse llevar por la tentación y actuar en consecuencia sí que lo es.

Aquí lo importante es entender que Jesús se preparó para ese momento. No fue ninguna fuerza extranormal la que le ayudó a salir avante de las tres tentaciones. Fue el caracter que se forjó en el ejercicio del ayuno y la oración ¡Así se prepara el alma!

Cuantas veces no hemos dejado nuestro cuerpo, nuestra mente y, peor aún, nuestro espíritu a la deriva sin formación. Para esto sirve la oración… para esto sirve el amor…. para esto sirve el ayuno… para formar y forjar nuestra alma.

Al Jesús que encontramos en el desierto es uno de los más hermosos de todo el evangelio pues nos enseña, en todo su esplendor, la hermosura misma del potencial  humano cuando este está lleno de Dios.

Pues bien… espero que les pueda servir esta breve reflexión de un pasaje verdaderamente enriquecedor de la vida de nuestro Señor Jesucristo que en lo personal a mi me ha cambiado mi manera de entenderme y entender más a nuestro Salvador.


Oye papá… (VI)

18 diciembre 2009

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Qué es un evangelio?

Papá: Como tal, la palabra evangelio significa “buena nueva”. Así que un evangelio, hijo mío, es un escrito que contiene el mensaje nuevo y bueno de Cristo a los hombres.

Hijo: ¿Por eso lo leemos en misa?

Papá: Y no solo en misa. Leer el evangelio es uno de los medio más enriquecedores para llenar nuestro corazón de Jesús. Por lo mismo es aconsejable su lectura diaria. Cada pasaje de cada uno de los 4 evangelios está lleno de una sabiduría especial.

Hijo: ¿A qué te refieres con eso de los pasajes de los cuatro evangelios?

Papá: Déjame explicarte. Aunque normalmente se habla de “El evangelio” en realidad este está compuesto por “4 textos evangélicos”. Cada uno de estos textos fue escrito por 4 personajes diferentes, a quienes llamamos evangelistas. Lo que tienen en común, es que todos narran la vida y obra de nuestro Señor Jesucristo. Se dice que es un solo evangelio, testimoniado de cuatro formas diferentes.

Hijo: Qué interesante papá…¿y quienes fueron estos 4 evangelistas?

Papá: Los 4 evangelistas son San Juan, San Lucas, San Mateo y San Marcos. Cada uno, por separado nos ofrecen estilos literarios diferentes para conocer la obra de Jesús. Mateo y Juan, fueron apóstoles directos de nuestro Señor, le conocieron en persona y fue esta inspiración directa la que les concede una especial relevancia como evangelistas. Lucas y Marcos, por otro lado, fueron discípulos de los San Pablo y San Pedro respectivamente.

Hijo: ¿Y que relación tienen los evangelios con la Biblia?

Papá: Ah pues por que los evangelios son parte de ella. La Biblia es el compendio de todos los textos sagrados de nuestra fe. Esta se compone de dos partes: el antiguo testamento y el nuevo testamento.

Hijo: ¿Y qué diferencia hay entre uno y otro?

Papá: El antiguo Testamento nos narra la revelación de Dios a los hombres a través del pueblo que Él eligió, el judío. En este se empieza a narrar cómo Dios prepara durante cientos de años a la humanidad para lo que será su venida a la tierra. El nuevo Testamento narra justo lo que sucede en esta venida de Dios y los efectos que esto tiene en la humanidad a través de la predicación posterior por parte de quienes creyeron en su divinidad.

Hijo: ¿Osea que la venida de Cristo es el elemento clave para entender toda la Biblia?

Papá: Cristo es el centro que sirve para entender  toda la historia de la humanidad. No por nada, su paso por el mundo tuvo la fuerza suficiente para dividir la historia en dos, antes de Él y después de Él.

Hijo: ¿Entonces se puede decir que los evangelios son los 4 libros más importantes de la Biblia?

Papá: Son los que le dan sentido a toda la Biblia. La vida y obra de Jesús y los libros que contienen su vida son los textos que cierran el círculo de todo mensaje, profecía, predicción y relato hecho en todos y cada uno de los textos de la Biblia. Jesús vino a llenar de significado lo que Él mismo, como Dios Padre ya venía anunciando.

Hijo: O sea que se puede decir que la Biblia es el escrito que contiene la historia completa de la revelación de Dios a los hombres.

Papá: Exacto. Por eso leemos la Biblia, pues en ella se encuentran los designios que Dios tiene para la humanidad.

Hijo: Papá regresemos a casa con mamá y antes de cenar leamos algunos pasajes del evangelio.

Papá: Me parece perfecto hijo mío. Leer el evangelio es hablar con Jesús.


La ceguera del hombre…

6 noviembre 2009

Mi padre, que es miembro del club Rotary International desde hace mucho años, me hizo el favor de procurarme este texto que contiene el transcrito de las palabras que les ofreció el Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo primado de México, a quien el club invitó con motivo del desayuno  de inauguración de sus trabajos anuales.

Me parece que el mensaje alude a nuestro compromiso por entendernos como verdaderos facilitadores de Cristo en la tierra:

“Agradezco la invitación a este desayuno del Distrito  4170  de los miembros del ROTARY INTERNACIONAL, en el que tradicionalmente  inician sus trabajos en los que se empeñarán durante este año, y cuyo tema está dedicado a la FAMILIA.

Hay quienes dicen que vivimos en un mundo de tinieblas, y las previsiones más escuchadas nos insisten en que así es.

Algunas estadísticas nos bombardean con la imagen de la disgregación de la familia, como si estuviese llamada a desaparecer. Y parece que su porvenir se oscurece ante las múltiples agresiones que sufre por todos los costados, desde legislaciones que empujan a disolver el concepto de familia, hasta campañas para hacernos creer que la comunión natural entre un hombre y una mujer para el amor y la transmisión de la vida, puede ser intercambiada por otro modelo.

La familia necesita ser promovida pues nos encontramos en un mundo que ciega a las nuevas generaciones y no les deja ver la maravilla del plan que Dios quiso para el hombre y la mujer por medio del matrimonio y de la familia. Las nuevas generaciones empiezan a no ver con claridad lo que es una familia, empiezan a crecer en el individualismo y se encuentran ciegos a la hora de formar las propias familias.

Cuenta el apóstol Juan la escena en la que Jesús sana a un ciego de nacimiento (Jn 9): Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: “Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”Respondió Jesús: Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios .Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, “soy luz del mundo”. Dicho esto, Jesús sana al ciego de nacimiento, que es llevado ante la autoridad religiosa que no quiere reconocer  que el antes ciego ahora puede ver. Llaman a los padres del que había recobrado la vista y dan testimonio “Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.  Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo”.  Sus padres decían esto por miedo a ser excluidos de la comunidad.

A la luz de esta hecho, de cara al tema de la familia, podemos decir que hay tres tipos de ciegos: los ciegos que no ven, los ciegos que les da miedo ver y los ciegos que no quieren ver.

El ciego de nacimiento podría ser el modelo de los hombres y mujeres que van por la vida sin tener claro su proyecto de familia. Ellos no tienen mucha culpa, tristemente han crecido en ambientes con fracturas que no ayudan a la comprensión de la verdadera familia, ambientes con violencia que les dañan afectivamente a la  hora de elegir esposo o esposa y así formar un hogar armónico. Ambientes con adicciones en los que la droga o el alcohol llenan las relaciones familiares de dolor y angustia, ambientes de infidelidad en los que es difícil captar el valor del amor y el sentido de la donación corporal entre un hombre y una mujer. Ambientes llenos de materialismo en los que los bienes que se poseen acaban apagando cualquier anhelo de trascendencia del corazón. Ambientes de pobreza y miseria donde la necesidad diaria se hace losa de piedra que aplasta la relación entre las personas.

Quienes así viven son ciegos de nacimiento, hombres y mujeres que necesitan de Dios, que llegue a sus corazones y toque los ojos del alma para descubrir el amor verdadero, para contemplar la luz de la verdad sobre la familia, sobre el corazón humano, sobre las relaciones llenas de  dignidad entre las personas, sobre el valor de la vida humana desde su nacimiento hasta su muerte natural, sobre el significado autentico de la sexualidad, sobre la solidaridad necesaria en el uso de los bienes naturales.

Ciertamente hay otros ciegos, los representados por los padres del ciego de nacimiento, los que les da miedo comprometerse con un proyecto de familia que camina en la verdad. Les da miedo, porque supone ir en contra de la corriente o de la moda. Les da miedo porque supone sacrificio, renuncia, y capacidad de perdón, porque supone dejar de lado criterios con los que nos hemos acomodado hasta el momento. Estos ciegos colaboran a que la verdadera  idea de la familia se diluya cada vez más y no luchan por dar a sus hijos la estructura interior que les permita el día de mañana formar hogares sólidos. Estos ciegos van permitiendo, por un falso amor a la paz, el que haya cada vez más leyes destructivas para la familia. Son los que retroceden ante programas cada vez más agresivos en los medios de comunicación social o ante el avance de costumbres más decadentes en la vida social. Tristemente son muchos los hombres y mujeres de este tipo, no siempre culpables, pero por su falta de valentía aumentarán los ciegos de nacimiento de la familia auténtica.

Y está el tercer tipo de ciegos. Son los que no quieren ver, los que se creen iluminados por la falsa luz del progreso aparente, los que empujan y empujan para que la sociedad disuelva cada vez más sus valores, para que la familia sea cada vez menos sólida y menos estructurada. Son los que niegan el valor de la familia nuclear en la sociedad, los que predican que no hay que discriminar, y son los primeros que discriminan a quienes no piensan como ellos, son los que bajo la bandera de la tolerancia se hacen dictadores de los demás y les imponen modos de comportarse que la historia nos muestra como destructores y manipuladores del ser humano y de la familia.  La verdad bíblica sobre la familia a nadie se le impone, pero si se pide libertad para proclamarla.

¿Quién nos puede sacar de la ceguera? Sólo Cristo. El es la luz del mundo, la luz que ilumina a todo hombre y mujer. El es la luz de la familia. El puede sacar a la familia de las sombras que la atenazan y llenar a cada familia con los frutos de la luz, como nos decía San Pablo, que son la bondad, la santidad y la verdad. ¿Quién no querría tener una familia en la que todos seamos ejemplo para los demás? ¿en la que nuestro corazón posea la capacidad de amar, de perdonar, de compartir? ¿en la que ayudemos a los que amamos a caminar con verdad, con sinceridad, con certezas?

Cristo nos puede sacar de la ceguera,  y para ello nos tenemos que acercar a El.  Tenemos que trabajar cada uno desde nuestra propia vocación y realidad en que vivimos, no podemos dejar que la familia se debilite y desintegré. Deseo de todo corazón que las obras que los Rotarios se han puesto como meta en este año contribuyan para bien de nuestras familias y de nuestra nación mexicana.”


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