10 razones por las que podrías considerar ser católico

12 enero 2011

Este post va dirigido a todos aquellas personas que no son católicas pero han emprendido la búsqueda de una respuesta espiritual en su vida y como tal están abiertos a recibir propuestas de quienes sentimos que ya hemos encontrado una respuesta bastante sólida a igual búsqueda.

Pero también va dirigido a quienes ya son católicos, pues estoy seguro que conocen a alguien cercano que, estando buscando una respuesta de vida, podría beneficiarse de conocer algunas cuantas de las cientos de razones por las que a millones de personas nos encanta ser católicos…

Así que sin más preámbulos, aquí mis 10 razones por las cuales alguien debería considerar nuestra religión como una respuesta a la búsqueda que todo ser humano emprende para encontrar sentido a su vida:

1.- Por el amor. Si tuviera que dar una sola razón, sería esta. Existen millones de ejemplos y pruebas en el mundo que el amor es la fuerza que le da sentido a toda la existencia humana (¿alguien lo puede dudar?). Y en este sentido la religión católica, como ni ninguna otra, tiene su fundamento en dicha fuerza motora. El amor humano, ejemplificado al máximo por la figura de Jesús, es la razón del ser del catolicismo.

2.- Por la tolerancia. Si, así como lo oyes. Contrario a lo que muchos pueden pensar, el catolicismo es la religión que más vive la tolerancia. Nuevamente basta con ver el testimonio de los católicos de verdad que todos los días encuentran innumerables formas de poner la dignidad humana como la única forma aceptable de valoración de una persona. El católico está llamado a amar a todas las personas sin importar creencias, razas, comportamientos sexuales, estado civil o puntos diversos de vista.

3.- Por María. ¿En verdad sigues creyendo que el catolicismo es una religión puramente varonil y machista? Entonces no conoces a fondo la importancia que tiene la figura materna de María como pilar de la fe católica. La basílica de Guadalupe en la ciudad de México es el segundo templo religioso más visitado en el mundo, después de la plaza de San Pedro en el Vaticano. La mujer, en la religión católica, es piedra angular que tiene como misión consolidar la fe en la familia. El católico encuentra en una mujer, María, el empuje para amar al Padre. En muchas iglesias podrás encontrar la siguiente inscripción: “A Dios, a través de María”

4.- Por la eucaristía. En ninguna otra religión se tiene la plena confianza de que Dios baja desde su grandeza celestial a convivir directamente con nosotros a través de un medio palpable y concreto como la eucaristía. Esta no es una representación de Dios, ni un simulacro, no. Cada hostia consagrada es Dios mismo en persona. Y aunque para un ateo esto pueda resultar muy difícil de aceptar , a través de la los ojos de la fe es que esta verdad empieza a cobrar sentido. Primero viene la fe y luego la verdad.

5.- Por la defensa de la vida. Si se da por sentado que la vida es el valor más preciado a defender en este mundo por cualquier ser humano, ninguna otra organización en el planeta se ha planteado tan a fondo la defensa de la misma como la iglesia católica. No se puede defender lo indefendible, así que condenar el aborto a rajatabla es una muestra de la firmeza  y valentía de las convicciones espirituales de la Iglesia católica. Un católico, por el principio del amor, no puede estar a favor de ninguna acción que perturbe y ponga en peligro el derecho más grande que tiene cada ser humano: el de tener la oportunidad de vivir.

6.- Por el perdón. Una religión que predica y vive el perdón como filosofía no puede sino llevarnos a la plenitud humana. En este sentido el sacramento de la Confesión, al igual que todos los demás sacramentos, es una demostración práctica de cómo este valor fundamental se puede vivir día a día.

7.- Por el conocimiento del hombre. Una organización que tiene 2,010 años de historia, más otros 4,000 de tradición hebrea, solo nos puede ofrecer un cúmulo de saber y conocimiento sumamente profundo del objeto que estudia: al ser humano y su relación con Dios. Todos los principios que la Iglesia nos enseña actualmente tienen como fuente su propia experiencia en “humanidad”. Los hombres mueren pero la institución que cada uno ha contribuido a construir, crece y crece con el tiempo nutriéndose de las aportaciones que cada individuo ha hecho para hacerla cada vez más fuerte.

8.- Por la fe en la humanidad. En los tiempos que vivimos nos resulta muy difícil mantenernos ajenos a los embates de las noticias que nos llegan por todos lados sobre el estado actual del mundo. Todo parece desalentador y sin rumbo. Pero dentro de este desencanto, nuestra Iglesia Católica levanta la mano para decirle a la humanidad: “¡El amor todo lo puede, no pierdan la esperanza!”. La voz de le Iglesia es portavoz de la confianza en el hombre y en su bondad.

9.- Por Dios mismo. Jesús, Dios hecho hombre, dejó en manos del apóstol Pedro el liderazgo de su Iglesia y desde entonces a él y sus sucesores volteamos a él para tener una guía. La figura del Papa representa la confianza que Jesús tuvo en los hombres para continuar con su legado en la tierra.

Pero sobre todo,  la razón más importante de todas es la siguiente…

2.- Por el testimonio de los católicos. Como en ninguna otra religión tantos y tantos hombres se han volcado completamente por una misma causa. En ninguna otra religión podrás encontrar las muestras de amor que los santos y mártires católicos han vertido sobre le mundo a lo largo de su historia. Si, estoy consciente que también hemos fallado (hombres al fin), pero la calidad de las muestras de amor que yo he presenciado en los católicos jamás la he visto en ningún otro grupo espiritual. Dime, si una persona está dispuesta a morir, literalmente morir, por su Iglesia ¿no crees que algo habrá de tener esta organización que le motiva a llegar al límite máximo del amor?

Al final de cuentas…. nadie ama tanto como el que da la vida por aquello que ama, y los católicos, millones que si lo son de verdad, aman hasta morir.


La razón principal por la que soy católico…

21 diciembre 2010

Hace un par de días me comentaba una amiga que ella no era católica por la incongruencia que veía en el actuar de muchos católicos. “Muchos de ellos manejan una doble moral, predicando una cosa mientras hablan pero actuando de una manera muy distinta cuando les das la espalda” me decía.

No dudo que existan personas así en el catolicismo (de hecho…¿en que religión, institución, comunidad o familia no existen este tipo de casos?) pero aunque tengo muchos argumentos para suponer que esta no es una razón suficiente para optar o no por una religión, el comentario de mi amiga me llevó a meditar en una cuestión muy peculiar sobre mi fe.

En mi caso, la razón principal por la que soy católico también es, al igual que mi amiga, por los católicos que he conocido. Puedo asegurar que mi convicción fundamental sobre el catolicismo se deriva en gran medida del testimonio de los grandes católicos. El haber leído y estudiado sobre la vida de los santos, mártires de nuestra Iglesia al igual que el haber tenido la oportunidad de convivir en vida con muchas personas que estoy seguro están destinadas a la vida eterna, es probablemente mi motivación principal para ser católico de convicción.

Así, me parece muy interesante que tanto mi amiga y yo tengamos la misma fuente de motivación para ser católico (mi caso) o no ser católico (ella).

La razón fundamental por la que tanto ella como yo hemos tomado nuestra decisión es justamente nuestro encuentro con “los católicos”, la única diferencia es que mientras que mi amiga pone sus ojos en el mal que muchas personas hacen en el nombre de Dios, yo prefiero mirar el bien que millones de católicos hacen igualmente en nombre del mismo Dios.

Amigos católicos… ¿ahora entienden por qué el testimonio de vida y no las palabras es lo que realmente logra la conversión del mundo hacia Jesucristo?


Tomar una decisión…

2 junio 2010

¿Qué es lo más importante que podemos enseñarle a nuestros hijos?

Pues verán… podríamos decir que al ser este un blog católico, la respuesta tendríamos que enfocarla en términos de espiritualidad. Así, por ejemplo, sería comprensible decir que la mejor enseñanza que podemos transmitirle a nuestro hijos (o alumnos) es la de conocer y amar a Jesucristo, o la de aprender a ser perseverante en su formación espiritual. Todo eso está muy bien, sin embargo he llegado a concluir que detrás de todo esto existe una lección mucho más valiosa que debe de enseñarse.

A mi parecer, lo más importante que un hijo debería de aprender como legado de sus padres es la capacidad única y poderosa de saber tomar sus propias decisiones.

Quiero explicarme…

La vida no se construye de manera lineal. Dios diseñó el arte de vivir como una experiencia en la que vamos acumulando el resultado de nuestras propias decisiones.

Es verdad que a veces decidimos bien y a veces decidimos mal, pero lo que no podemos darnos el lujo nunca es “no decidir”. Haciendo esto último es como decirle a Dios “Gracias por la libertad que me diste, pero he decidido no usarla”.

A los colaboradores de mi empresa les digo constantemente que más me preocupa tener trabajando para mi a alguien que no decide que a uno que decide mal, pues de la mala decisión podemos inmediatamente aprender algo y así rectificar hacia una decisión más apropiada, pero de la indecisión y de la inmovilidad   no se llega a ningún puerto.

El católico, antes que nada, es uns persona que decidió por Cristo. No le fue impuesta su fe ni mucho menos obligada.

Quien es católico por que alguien más le obliga o le impone su fe, entonces no lo es en absoluto. El verdadero seguidor de Cristo es aquel que decide libremente ir tras Él.

Por eso, a mi parecer, la mejor lección que le puedo dejar a mis hijos no es tanto que amen a Cristo de por sí, sino más bien que aprendan primordialmente a decidir por ellos mismos y una vez hecho esto, entonces si, optar por Cristo en total libertad. ¿Una postura difícil de asimilar? Ya lo creo. Pero créanme, es la mejor opción.

¿Acaso Dios nos obliga a seguirle? ¿Acaso Dios nos impone su doctrina? Desde luego que no. Él desea con todo el corazón que le amemos, pero no nos hace esclavos de esa única opción.

Un regalo dado el libertad tiene más sentido que uno dado en obligación.

Así que no espero que mis hijos crean en Dios por que yo lo hago. Es mi más grande deseo, si, pero más bien espero que, por que yo creo en Dios con todo mi libertad y soy consecuente con eso, ellos vean la verdad encarnada en su papá.

¿Pero que sucede si mis hijos, haciendo uso de su libertad, deciden no creer?

Pues que tendré que respetar su decisión, seguirle amando y preocuparme por encarnar todavía con más fuerza y mucho mayor eficacia en mi propia persona el amor que estoy seguro tarde o temprano ellos querrán encontrar.

¡Pero ojo! Esto no implica que no les hablaré de Cristo ni les predicaré su doctrina en familia. ¡Desde luego que lo haré! Pero siempre respetando que su libertad es lo más valioso a ser formado.

Yo quiero que el día del juicio final tanto ellos como yo nos encontremos con el Salvador para decirle: Te amamos en total libertad de hacerlo.


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