El matrimonio

3 febrero 2012

Sigamos reflexionando un poco más sobre este fascinante e importantísimo tema… “El matrimonio”

¿Saben? Creo que lo más maravilloso que le brinda el matrimonio a la vida de una persona (y lo digo desde mi propia experiencia) es que para muchas personas, contraer nupcias les representa la primer gran oportunidad para  descentrarse por primera vez en su vida.

La juventud suele ser una etapa en la que los seres humanos viajamos por la vida centrados demasiado en nuestras propias ideas, preocupaciones, emociones y asuntos. Es una etapa en la que ya no necesitas descubrir demasiado el mundo exterior (a diferencia de la infancia), sino más bien requieres descubrir cual es tu forma particular de responder a dicho mundo exterior.

Por lo mismo, es natural que durante nuestra adolescencia vivamos ensimismados y hasta aislados de la sociedad. Nos estamos conociendo.

Pero de pronto nos viene la madurez y con ella la oportunidad de volver a conectarnos con el prójimo.

Nos incorporamos al mundo laboral, nos vemos en la necesidad de colaborar profesionalmente con otros seres humanos y volvemos a entender que como tales los humanos no fuimos creados para el aislamiento.

Pues bien, el matrimonio es la culminación de ese maravilloso periodo de reconexión con el prójimo, en donde regresamos a la esencia del amor humano: la entrega al otro y la renuncia al propio yo.

Lamentablemente muchas personas creen que el matrimonio es un asunto unipersonal. Piensan que se trata de una etapa más en la propia vida en la que una persona vendrá a hacernos más felices a nosotros. Evidentemente es justo al revés, pues la idea central del matrimonio es que la felicidad la encontraremos en tratar de lograr la felicidad del otro.

Eso es lo maravilloso del matrimonio, que te confronta con la necesidad de velar por el bienestar de alguien más ajeno a ti. Lamentablemente muchos no logran comprender esto y dejan de creer en esta maravillosa institución sacramental.

Es como en todo, el problema no es el matrimonio, el problema es el ser humano que no lo entiende a cabalidad.

Siempre he creído que Dios le tiene reservado en el cielo un premio especial a toda aquella persona que de una forma u otra logren salvar un matrimonio. Ya sea el suyo propio o el de una pareja cercana a la que le toque asesorar.

¡¡¡Salva un matrimonio y salvarás al mundo!!!


La parábola de los talentos…

23 enero 2012

Hace un par de días me encontraba escuchando una ponencia sobre el tema de “diseño de plan de carrera profesional“.

Todo transcurría de manera muy normal. La ponencia no parecía ser algo fuera de este mundo y yo escuchaba con relativa buena atención.

Pero de pronto un comentario muy particular de parte del profesor hizo que mi atención se triplicara sobre su persona y en lo que estaba a punto de decir.

El comentario que hizo fue el siguiente…

“En temas de planeación de carrera me parece que la parábola evangélica de los talentos es más que aleccionadora…”

Mi atención se hipnotizó sobre él…

El ponente continuó…

“He leído y leído varias veces esa parábola de los talento y jamás dejó de sacar conclusiones valiosísimas de ella…”

“Pienso lo mismo. La parábola de los talentos es un texto riquísimo en contenido formativo” me decía a mí mismo mientras escuchaba la reflexión del experto en planeación de carrera quien concluyó con la siguiente reflexión…

“La lección más valiosa a la que he llegado de estudiar dicha parábola es que no existe insulto peor hacia la persona de Dios que no hacer rendir al máximo los talentos que Él nos dio. Punto”

“¡Wooow!” Esa simple idea hizo que todo el curso valiera la pena

Y es que habiéndome dedicado a estudiar el tema del desarrollo de talento en las personas no podría estar más de acuerdo con este hombre.

Un gran plan de carrera es el resultado de encontrar de que manera nuestros talentos pueden contribuir para crear valor en el mundo. No usar nuestras fortalezas por miedo a no conseguir grandes frutos es peor que fallar en el intento de si hacerlo.

Los talentos son un regalo que Dios le hace a cada hombre. Los frutos logrados al emplear dichos talentos son el regalo que nosotros los hombres le hacemos a Dios.

Y es que en verdad… ¿acaso no es magnífico el fondo de esta hermosísima parábola evangélica?

Mateo 25, 14-30

extranjero llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el de los dos talentos dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el que había recibido un talento dijo: Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo. Mas su señor le respondió: Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.


Levantarse muy temprano

22 enero 2012

Hoy me he levantado muuuuy temprano (7:00 am)¿Por qué? Pues me encantaría decir que me preparaba para una misión deportiva especial como ir a escalar el monte Everest o por la necesidad de tomar un vuelo muy temprano para viajar a Europa, pero no…. nada de eso.

Lo que me hizo madrugar el día de hoy fue hacer eco al llamado de mis pequeñuelos hijos para bajar a jugar con ellos. Punto.

Como padre uno empieza a entender que el sueño y el descanso son dos cosas que se empiezan a desvanecer de manera irremediable.

“Duerme mientras puedas, pues una vez que tengas hijos jamás lo podrás hacer igual” recuerdo que me recomendaban las tías de mi esposa cuando recién llegábamos de nuestra luna de miel.

Pues bien… En mi caso la profecía se cumplió justo nueve meses después de mi día de bodas. Mi primer hija, María Isabella, llegó a nuestras vidas y las transformó completamente.

Desde entonces, efectivamente mi descanso jamás ha vuelto a ser igual. Mis hijos, ahora tres, son los mejores despertadores domingueros del mundo (promedio 6:30 am todos los fines de semana)

Y bueno, aunque esto en verdad me implica un esfuerzo físico considerable ya me he acostumbrado.

Me gusta pensar en este pequeño detalle hacia ellos como un acto de amor de mi parte. Me cuesta mucho trabajo hacerlo pero por ellos lo hago todos los fines de semana.

Es un detalle casero, lo se. No estoy salvando al planeta de la hambruna mundial ni de las guerras irracionales… No. Pero estoy aportando a la formación en amor de tres pequeños que estoy seguro si cambiarán el mundo y sus problemas en el futuro.


Inquietos… no teólogos.

9 diciembre 2011

Dejarse cautivar por nuestra religión (sea la que esta fuere) no es un tema de tratar de volverse expertos en ella, sino más bien permitírse vivir la experiencia particular que Dios nos tiene preparada a nosotros a través de ella.

Esto lo comento a raíz de la idea que se pueda llegar a tener de que para ser miembro de un religión habrá de ser necesario convertirse en un gran conocedor de todos y cada uno de los principios y doctrinas de la misma. No es verdad.

Es como cuando aprendemos a manejar un coche. No hace falta que nos volvamos mecánicos expertos para poder  conducirle de manera efectiva. Bastará con que aprendamos a dominar unos cuantos principios para poder llevar a cabo la experiencia automotriz que necesitamos. Es más, incluso sin siquiera saber manejar, cualquiera se puede acercar a admirar la maravilla de la ingeniería humana actuando como espectador o como acompañante de alguien que si lo sepa hacer.

Con la religión sucede lo mismo, no hace falta tratar de ser teólogo para poder vivir la experiencia de Dios a través de la misma. Sucede que desde cualquier perspectiva Dios puede actuar si le permitimos hacerlo.

Claro, quienes deciden apasionarse en el tema y profundizar e él, seguramente estarán acercándose a conocer mucho más las razones de por que Dios es tan fascinante.

Pero tranquilos. Yo me atrevería a decir que , de hecho, la única condicionante para poder vivir una excelente vida espiritual es simplemente la disposición de querer hacerlo. Nada más. Dios se encarga del resto.


A prueba de fuego

24 octubre 2011

Hace un par de semanas navegaba por mi cuenta de Facebook y noté que una de mis amigas publicaba en su muro la siguiente frase: “Fireproof, la película que está salvando matrimonios en Estados Unidos”.

Tras sorprenderme un poco por la peculiar recomendación, no pude esperar para tratar de conocer un poco más sobre la misma. Me metí a internet para ver el “trailer” y me quedó claro que algo interesante había detrás de la misma. Así, este fin de semana por fin logré rentarla para verla en casa con mi esposa.

El resultado: ¡Maravillosa!

Es una película verdaderamente épica  que versa sobre el matrimonio como misión de vida y el papel de Dios en el mismo.

La película narra la experiencia de un bombero quien siendo capaz de hacer actos heroicos para salvar vidas de personas desconocidas, no está logrando salvar su propio matrimonio el cual vive un gran incendio desde hace tiempo. De la mano de una de las personas que más le ama en este mundo, su padre, nuestro protagonista empieza un recorrido de encuentro con el verdadero amor a Dios y a su esposa a través de los ojos del verdadero amor.

No les cuento más. La película ya está disponible en Itunes para renta o compra y vale mucho la pena hacerse de ella.

Mi esposa, al terminarla de ver, acabó concluyendo que esta era desde ahora, su película favorita.En un mundo en donde pareciera que abundan productos y influencias que promueven la destrucción de la institución más poderosa del mundo, la familia, se agradece que existan esfuerzos como este que buscan revalorizar aquello que verdaderamente es fundamental en el mundo: Dios.

Aquí el trailer de la misma.


Llevar a Cristo en el corazón

13 octubre 2011

Hace unos días una persona me hacia el siguiente comentario…

“No hay nada más rico que llevar a Cristo en el corazón”

¡Que hermosa manera de expresarlo!

Me agradó en especial el adjetivo “rico“. Llevar a Cristo se siente… “rico“.

Y no me dejarán mentir…

Quienes hemos vivido a lo largo de nuestras vidas la experiencia de Cristo en nuestros corazones, bien podríamos decir que esta se siente así… “rico“.

Rico de sabernos protegidos y acariciados por Dios.

Rico de creer que el futuro que viene es esperanzador.

Rico por no poder dejar de sonreír cada vez que hablamos de lo mucho que Cristo nos ama.

Rico de sentir la experiencia de transmitir ese mismo amor que recibimos.

Si… yo también pienso lo mismo. Llevar a Cristo en el corazón se siente… “muy rico”.


The Catholic Way (II)

27 septiembre 2011

Ayer les platicaba sobre el concepto “The Catholic Way” (al estilo católico) y de cómo lo utilizo para tratar de describir la forma en cómo los católicos nos acercarnos a distintos ámbitos de nuestra vida (educación, familia, empresa, trabajo, etc..)

Bueno, pues hoy me permitiré profundizar un poco más en cual es, a mi parecer, el principio que rige la perspectiva católica de la vida y que es el fundamento mismo del concepto “The Catholic Way”.

Lo que expondré no es nada inventado por mi, es simplemente un repaso del  principio universal que el mismo Jesucristo nos recordó hace más de 2,000 años. Y digo “nos recordó”, por que no significaba que antes de Él este principio no existiera, pero parecería que a los hombres les resulta relativamente fácil olvidar con el tiempo lo que es verdaderamente importante para su propia conveniencia.

Aquí mi explicación…

The Catholic Way significa tratar de incorporar a nuestra perspectiva del mundo un único principio. Uno que se lee una y otra vez en cada página de los evangelios. Quien es católico, lo es, por que está atendiendo a dicho mandamiento y como tal lo ejerce en su día a día.

¿Cómo entender lo que debe ser la política para un católico? ¿Cómo saber si mi empresa cumple con lo que Jesús espera de ella? ¿Como católico cual debe de ser mi postura ante temas sensibles como aborto, eutanasia u homosexualidad? ¿Que significa que una escuela es católica? ¿A qué me comprometo al decir que soy católico?

The Catholic Way hace referencia a cual es el estilo de vida de quienes seguimos a Cristo a través de la guía de la Iglesia Católica.

¿Cómo estudiamos los católicos? ¿Cómo hablamos los católicos? ¿Cómo trabajamos los católicos? ¿Cómo hacemos negocios los católicos? en fin… ¿Cómo somos los católicos ante la vida en general?

The Catholic Way bien podría ser una manera de describir cómo es que los católicos vemos al hombre, a la sociedad, al mundo y al universo entero, y además como nos comportamos ante esas realidades.

El principio que rige al Catholic Way no es algo desconocido, al contrario es una ley universal que todos, absolutamente todos los seres humanos aceptamos como válida. El punto es que los Católicos nos comprometemos especialmente con su cumplimiento y observación. No solo la tratamos de ejercer todos los días, sino que vamos más allá y tratamos de difundirla… Cristo nos ha instado a hacerlo.

Por eso The Catholic Way es el término que yo utilizo para describir la misión que tenemos todos los que nos decimos ser seguidores de Cristo a través de la Iglesia Católica de atender, vivir y promover el siguiente principio:

“Amar a Dios a través del amor al prójimo por sobre todas las cosas” 

Las universidades católicas, enseñan este principio. Las empresas católicas construyen riqueza económica y social tomando como base este principio. Las familias católicas, incuban en su seno este principio. Los científicos católicos, investigan el mundo preservando este principio. Los políticos y gobernantes católicos, crean leyes que velan por este principio. Los grupos de voluntariado católico, ejecutan vivamente este principio. Los comunicadores católicos, hablan e informan cuidando este principio. Los médico católicos, sanan y curan por que les apasiona este principio. Los sacerdotes católicos, entregan su vida por este principio.

No es nada nuevo… ¿lo ven?

Es el mismo mensaje de siempre. Ese que ya todos conocemos y que nos enseñaron en la escuela una y otra vez.

The Catholic Way simplemente es una referencia a un grupo de personas (los católicos) que construimos nuestras familias, nuestras escuelas, nuestras empresas, nuestra organizaciones, nuestros grupos sociales, nuestro mundo, tomando como base siempre ese principio.

Los Católicos somos, en conclusión, un grupo de personas que habiendo escuchado de boca de Jesucristo la invitación a amar a Dios, nuestro Padre, a través del amor al prójimo, sus hijos, nos hemos dado a la tarea de volvernos locos en llevar dicha misión al límite de la pasión.

Si tu amas a Dios y a tu prójimo como a ti mismo… ¡Estas actuando, en definitiva… al estilo católico! 


Una buena frase de una película medio mala…

23 septiembre 2011

Se me ha ocurrido rentar una película para mi esposa en el Blockbuster.

Se trata del filme “How do you know?” (¿Cómo saves si es amor?) del director James Brooks.

La verdad es que la película está muy lenta y la temática es más o menos simple, aunque el esfuerzo por tratar de explicar el verdadero amor es interesante.

Normalmente, cuando termino de ver una película, buscó en Internet un poco de referencias sobre la misma para poder conocer algo sobre el contexto y la crítica que se hizo sobre su producción.

En el caso de “How do you know?” las referencias que encontré fueron poco halagadoras. De hecho se habla más bien de ella como un gran fracaso en taquilla.

En verdad no es una película que llame la atención por otra cosa más que por el título. De hecho, yo la renté pensando en que a mi esposa le fascinan las películas románticas y tiernas que terminan con un final feliz entre los protagonistas quienes se casan y viven felices para siempre (Muuuuy Hollywoodense por supuesto)

Y aunque la película intenta girar en esta tónica, lo único que logró con mi esposa es dormirla cuando apenas corría el minuto 30 de la misma.

Por mi parte, estuve a punto de detenerla en varias ocasiones para secundar el sueño de mi esposa, pero mi terquedad cinéfila me lo impidió. (Tengo la mala costumbre de obstinarme con las películas que comienzo a ver y no me permito dejarlas inconclusas, por muy malas que estas sean).

En el caso de esta película, agradezco no haberlo hecho, no por la calidad del filme sino por que me hice de una excelente frase que se dice más o menos al final de la misma, la cual versa  más o menos así.

“Todos estamos a un pequeño ajuste de hacer  que nuestras vidas funcionen”

¡Que maravilla!

Nada más por esta afirmación valió la pena no ceder ante la fuerza somnífera de Morfeo que rondaba en la habitación.

La frase me gustó pues me parece muy cierta.

Muchas veces llegamos a pensar que en nuestras vidas se requieren grandes cambios, o enormes esfuerzos para hacer que nuestra existencia cobre sentido. Ya sea que estemos inmersos en un problemas personal, una crisis vocacional o incluso un conflicto profesional, solemos creer que solo con la ayuda de una fuerza extranormal se encontrará la luz a al final del túnel.

En realidad la solución a estos dilemas suele venir cuando hacemos apenas y un pequeño ajuste para rectificar.

Y ese ajuste casi siempre está en nuestro control y a nuestro alcance.

Cambiar nuestra perspectiva del problema, pedir un consejo, animarnos a preguntar algo, hacer una simple llamada telefónica, tener paciencia, levantar una pequeña oración, motivarnos para pedir perdón, guardar silencio por un momento, dejar correr una película mala hasta el final, son acciones que pueden hacer la diferencia en nuestras vidas.

Son pequeños ajustes que nos permitirán lograr grandes cambios si les dejamos ocurrir.

Así que nunca subestimen el poder de Dios para hablarnos incluso a través de los eventos más insignificantes… Así es Él, misterioso y ocurrente.

¿Se pueden imaginar?

Ochenta millones invertidos en una película solo para que un joven bloguero católico pudiera escuchar una frase interesante. ¡Que gran privilegio!


La cruz

24 agosto 2011

Aprovechando que en ocasiones anteriores les he compartido mi gusto apasionado por las cruces, les transcribo este comentario del Papa Benedicto XVI sobre el significado de la cruz:

“La cruz en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo”

Me encanta esta idea de la cruz como el símbolo supremo del amor de Dios hacia los hombres.

Así, cada vez que portemos este símbolo, el el cuello, en la billetera, en una pulsera, estamos reflejando nuestra creencia por esta afirmación.

En estos tiempos de terror y desgracia, la cruz es la imagen que le devuelve la esperanza al mundo.


Morir por la fe

9 agosto 2011

Recuerdo que cuando estaba en la escuela preparatoria, por ahí de mis 16 o 17 años, un sacerdote nos explicaba que una de las motivaciones más fuertes que podemos tener los católicos para creer y asegurar que nuestra fe es cierta (es verdadera) proviene de los enormes testimonios de mártires que tenemos en nuestra Iglesia Católica.

¿Qué podría llevarte a entregar tu vida, lo más valioso que tienes en esta tierra, de no ser por algo en lo que verdaderamente crees con todo tu corazón? 

Nadie, en su sano juicio, se dejaría matar por una causa que fuera falsa o mentirosa. Nadie entregaría su propia vida por algo cuyo valor no ha sido demostrado.

Entonces nos preguntamos… ¿Por qué es que la Iglesia Católica tiene entre sus filas a tantos y tantos mártires santos? ¿Por que Cristo, el primer mártir de la nueva era,  aceptó la muerte a cambio de la defensa de su causa?

Aceptar morir por la libertad de su país, hizo que Mohatma Gandhi nos demostrara cuanto creía en este valor.

Morir por la libertad de los derechos del pueblo negro, hizo que Martin Lither King Jr., demostrara hasta que grado él creía en su discurso de igualdad y equidad.

Al morir Cristo clavado en la cruz, le demostró al mundo cuanto amó y creyó en la verdad que Él mismo nos vino a revelar.

Y así… toda persona que muere por una causa lo hace sabiendo que su trágico desenlace vendrá a confirmar la misma verdad por la que muere.

Así, si la Iglesia Católica cuenta entre sus filas a millones y millones de mártires, entre ellos a prácticamente todos los primeros apóstoles de Jesús cabría cuestionarnos profundamente…

¿Qué sabían ellos, los mártires católicos, que les llevó a aceptar la posibilidad de dicho destino y aún así haber seguido predicando contra la adversidad?

La razón solo puede ser una.

Quien decide que va a morir por una causa, solo lo hace si dicha causa es, fuera de toda duda… la verdad.


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