La ceguera del hombre…

Mi padre, que es miembro del club Rotary International desde hace mucho años, me hizo el favor de procurarme este texto que contiene el transcrito de las palabras que les ofreció el Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo primado de México, a quien el club invitó con motivo del desayuno  de inauguración de sus trabajos anuales.

Me parece que el mensaje alude a nuestro compromiso por entendernos como verdaderos facilitadores de Cristo en la tierra:

“Agradezco la invitación a este desayuno del Distrito  4170  de los miembros del ROTARY INTERNACIONAL, en el que tradicionalmente  inician sus trabajos en los que se empeñarán durante este año, y cuyo tema está dedicado a la FAMILIA.

Hay quienes dicen que vivimos en un mundo de tinieblas, y las previsiones más escuchadas nos insisten en que así es.

Algunas estadísticas nos bombardean con la imagen de la disgregación de la familia, como si estuviese llamada a desaparecer. Y parece que su porvenir se oscurece ante las múltiples agresiones que sufre por todos los costados, desde legislaciones que empujan a disolver el concepto de familia, hasta campañas para hacernos creer que la comunión natural entre un hombre y una mujer para el amor y la transmisión de la vida, puede ser intercambiada por otro modelo.

La familia necesita ser promovida pues nos encontramos en un mundo que ciega a las nuevas generaciones y no les deja ver la maravilla del plan que Dios quiso para el hombre y la mujer por medio del matrimonio y de la familia. Las nuevas generaciones empiezan a no ver con claridad lo que es una familia, empiezan a crecer en el individualismo y se encuentran ciegos a la hora de formar las propias familias.

Cuenta el apóstol Juan la escena en la que Jesús sana a un ciego de nacimiento (Jn 9): Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: “Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”Respondió Jesús: Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios .Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, “soy luz del mundo”. Dicho esto, Jesús sana al ciego de nacimiento, que es llevado ante la autoridad religiosa que no quiere reconocer  que el antes ciego ahora puede ver. Llaman a los padres del que había recobrado la vista y dan testimonio “Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.  Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo”.  Sus padres decían esto por miedo a ser excluidos de la comunidad.

A la luz de esta hecho, de cara al tema de la familia, podemos decir que hay tres tipos de ciegos: los ciegos que no ven, los ciegos que les da miedo ver y los ciegos que no quieren ver.

El ciego de nacimiento podría ser el modelo de los hombres y mujeres que van por la vida sin tener claro su proyecto de familia. Ellos no tienen mucha culpa, tristemente han crecido en ambientes con fracturas que no ayudan a la comprensión de la verdadera familia, ambientes con violencia que les dañan afectivamente a la  hora de elegir esposo o esposa y así formar un hogar armónico. Ambientes con adicciones en los que la droga o el alcohol llenan las relaciones familiares de dolor y angustia, ambientes de infidelidad en los que es difícil captar el valor del amor y el sentido de la donación corporal entre un hombre y una mujer. Ambientes llenos de materialismo en los que los bienes que se poseen acaban apagando cualquier anhelo de trascendencia del corazón. Ambientes de pobreza y miseria donde la necesidad diaria se hace losa de piedra que aplasta la relación entre las personas.

Quienes así viven son ciegos de nacimiento, hombres y mujeres que necesitan de Dios, que llegue a sus corazones y toque los ojos del alma para descubrir el amor verdadero, para contemplar la luz de la verdad sobre la familia, sobre el corazón humano, sobre las relaciones llenas de  dignidad entre las personas, sobre el valor de la vida humana desde su nacimiento hasta su muerte natural, sobre el significado autentico de la sexualidad, sobre la solidaridad necesaria en el uso de los bienes naturales.

Ciertamente hay otros ciegos, los representados por los padres del ciego de nacimiento, los que les da miedo comprometerse con un proyecto de familia que camina en la verdad. Les da miedo, porque supone ir en contra de la corriente o de la moda. Les da miedo porque supone sacrificio, renuncia, y capacidad de perdón, porque supone dejar de lado criterios con los que nos hemos acomodado hasta el momento. Estos ciegos colaboran a que la verdadera  idea de la familia se diluya cada vez más y no luchan por dar a sus hijos la estructura interior que les permita el día de mañana formar hogares sólidos. Estos ciegos van permitiendo, por un falso amor a la paz, el que haya cada vez más leyes destructivas para la familia. Son los que retroceden ante programas cada vez más agresivos en los medios de comunicación social o ante el avance de costumbres más decadentes en la vida social. Tristemente son muchos los hombres y mujeres de este tipo, no siempre culpables, pero por su falta de valentía aumentarán los ciegos de nacimiento de la familia auténtica.

Y está el tercer tipo de ciegos. Son los que no quieren ver, los que se creen iluminados por la falsa luz del progreso aparente, los que empujan y empujan para que la sociedad disuelva cada vez más sus valores, para que la familia sea cada vez menos sólida y menos estructurada. Son los que niegan el valor de la familia nuclear en la sociedad, los que predican que no hay que discriminar, y son los primeros que discriminan a quienes no piensan como ellos, son los que bajo la bandera de la tolerancia se hacen dictadores de los demás y les imponen modos de comportarse que la historia nos muestra como destructores y manipuladores del ser humano y de la familia.  La verdad bíblica sobre la familia a nadie se le impone, pero si se pide libertad para proclamarla.

¿Quién nos puede sacar de la ceguera? Sólo Cristo. El es la luz del mundo, la luz que ilumina a todo hombre y mujer. El es la luz de la familia. El puede sacar a la familia de las sombras que la atenazan y llenar a cada familia con los frutos de la luz, como nos decía San Pablo, que son la bondad, la santidad y la verdad. ¿Quién no querría tener una familia en la que todos seamos ejemplo para los demás? ¿en la que nuestro corazón posea la capacidad de amar, de perdonar, de compartir? ¿en la que ayudemos a los que amamos a caminar con verdad, con sinceridad, con certezas?

Cristo nos puede sacar de la ceguera,  y para ello nos tenemos que acercar a El.  Tenemos que trabajar cada uno desde nuestra propia vocación y realidad en que vivimos, no podemos dejar que la familia se debilite y desintegré. Deseo de todo corazón que las obras que los Rotarios se han puesto como meta en este año contribuyan para bien de nuestras familias y de nuestra nación mexicana.”

Una Respuesta a La ceguera del hombre…

  1. antonia dice:

    con tu permiso te dejo un enlace y un saludo cordial

    http://www.watchtower.org/s/200903/article_01.htm

    saludos

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