
Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Los invito a enviarme sus comentarios y preguntas alsiguiente correo para que puedan ser tratadas en esta sección. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados, Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.
El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.
Hijo: Oye Papá ¿Por qué el sacerdote de la Iglesia no se ha casado?
Papá: Querido hijo, los sacerdotes de nuestra Iglesia católica no se casan debido a que hacen un voto de castidad y entrega total a la Iglesia para la que trabajan. Es más, se podría decir que los sacerdotes se casan pero con la misma Iglesia.
Hijo: ¿O sea que no pueden tener esposa?
Papá: Cuando una persona decide seguir la vocación del sacerdocio, la cual no es una decisión que puedan tomar a la ligera, deben de estar conscientes que esta condición es parte de los lineamientos que la iglesia, a través de la guía del papá, ha estipulado para la completa realización de su misma vocación. A un sacerdote se le pide que no se case para que pueda dedicarse de tiempo completo (de vida entera) a su labor pastoral.
Hijo: ¿Y por lo mismo no pueden tener hijos?
Papá: Por la misma razón, si. Pero déjame explicarte un poco más. El sacerdocio es un vocación, y sea que es un llamado especial de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el sacerdocio, al igual que el matrimonio son dos vocaciones distintas a las cuales Dios nos convoca de manera particular. No todos estamos llamados a ser sacerdotes, ni todos estamos llamados al matrimonio. Dios dispone un camino especialmente para cada ser humano. El secreto está en saber escuchar lo que Dios ha pensado mejor para nosotros.
Hijo: ¿Quieres decir que Dios me puede llamar para el sacerdocio o para el matrimonio?
Papá: Si. Dios a través de su dulce voz pondrá en ti la inquietud por llegar a santificarte por alguna de esas vocaciones. Pero una vez que hayas discernido bien tu llamado, deberás de asumir las responsabilidades que ambos caminos implican. Así como en el sacerdocio uno realiza una promesa de castidad, pobreza y obediencia, en el matrimonio uno también realiza promesas especiales que aseguran una vida cristiana responsable: amor, fidelidad y descendencia.
Hijo: ¿Pero y que ventajas tiene par un sacerdote el no estar casado?
Papá: Muchas. Uno no suele darse cuenta, pero los sacerdotes son personas que trabajan de tiempo completo en su labor. No tienen horario de entrada ni de salida. Al estar siempre disponibles, pueden atender situaciones cotidianas o extraordinarias. Un sacerdote está dedicado totalmente a su labor día y noche, mes con mes, año con año. Ese es el nivel de exigencia que Cristo propone a sus colaboradores. Si por el contrario, estuvieran casados, dado que el matrimonio es una responsabilidad igual de importante y exigente, los sacerdotes se verían obligados a dividir su tiempo para atender ambos frentes y, por ende, no podrían enfocarse al 100% a la comunidad de fieles que les es asignada. El punto es que el sacerdocio no debe de ser entendido como un trabajo sino como una vocación.
Hijo: Qué interesante papá…
Papá: Pero en el fondo de todo, hijo mío, lo que sostiene la fidelidad de un sacerdote hacia sus promesas es la razón por la que las hace: Amar a Cristo y a su Iglesia. El sacerdote acepta su vocación y el estilo de vida que esto conlleva por amor a Cristo. Acuérdate que el amor implica entrega y renuncia y ellos aceptan entregarse por completo a Dios y renunciar al matrimonio por amor a su Creador. No es fácil de entenderlo, sobre todo para quien no lo ve desde esta perspectiva. La vocación sacerdotal y la matrimonial solo encuentran sentido en el amor.
Hijo: Nunca lo había pensado desde este punto de vista papá.
Papá: Querido hijo, con el tiempo te empezarás a dar cuenta que para poder entender muchas cosas referentes a nuestra fe católica lo primero que hay que hacer es poner por delante primero la perspectiva del amor. El amor, en el catolicismo, lo explica todo.
Hijo: Eso veo papá. Y hablando de amor, me da gusto que tu vocación haya sido el matrimonio papá, de lo contrario no hubieras conocido a mamá.
Papá: Así es hijo mío, y lo mejor de todo es que Dios nos permitió a tu madre y a mi, por este camino matrimonial, conocerte a ti.
Hijo: Es cierto, yo también soy resultado de tu vocación.
Papá: Desde luego. Tu mamá y tú confirman todos los días que mi llamado vocacional es el matrimonio.
Hijo: ¿ Y yo también tendré que elegir mi vocación?
Papá: Más que elegirla deberás “discernirla” o lo que es lo mismo, escuchar aquello que Dios te pide explícitamente a ti. No es algo fácil, pero con el tiempo, si pones la suficiente atención, tu vocación se te irá haciendo más clara.
Hijo: ¿Yo puedo ser sacerdote?
Papá: Si Dios te lo pide desde luego que si.
Hijo: WOW! Nunca me lo hubiera imaginado.
Papá: Dios se encargará de hablarte en tu corazón. Tanto el matrimonio como el sacerdocio son dos caminos hermosos para llegar a la santidad.
Hijo: Que es lo que al final cuenta ¿verdad?
Papá: Exacto.
Hijo: ¡Vayamos a casa a platicar de esto con mamá!
Papá: Me parece una excelente idea.
Me gusta:
Sé el primero en decir que te gusta esta post.