Hace poco publiqué un comentario que creo que vale la pena recuperar.
“Nosotros, los hijos de Dios somos los encargados de demostrar su existencia, y no viceversa”
Esto sale a la luz debido a que siento la necesidad de dejar en claro la idea de que cada vez que actuamos conforme a su voluntad, Dios se muestra (y se demuestra) en nosotros mismos.
Cada vez que le extiendo la mano a mi prójimo, estoy demostrando que Dios existe.
Dejémos de pedirle a Dios que se nos revele y que nos compruebe su existencia. Funciona al revés, empecemos nosotros por mostrarle al mundo que, viviendo la caridad, el Señor del amor es completamente real.
Como arquitecto de cuasi-profesión (aunque no ejerzo formalmente si sigo ligado a mi carrera en cierto sentido) reconozco que tengo cierta debilidad por las iglesias y su arquitectura. Así que hoy quiero mostrarles las fotos de una de las Iglesias más espectáculares y hermosas que he conocido en la ciudad de México. Se trata del la iglesia ubicada en Santa Fe dedicada a San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de la orden del Opus Dei.
No puedo dejar de mencionar que cuando entré a conocerla por primera vez quedé sumamente sorprendido por su belleza y espectacularidad arquitectónica. En su interior está completamente forrada por delgadas laminas de madera que, colocadas con un detalle y precisión muy bien cuidados, curvean los inmensos muros laterales de la nave de la iglesia haciendo que la mirada del los fieles desemboque en la cruz espectacular del altar.
En Arquitectura la luz lo es todo, y la iluminación lograda en este templo es simplemente magistral. Los rayos de sol, entran por la parte superior de la edificación y bañan sus muros con líneas uniformes de luz. Es como si Dios estuviera ingresando a su Iglesia con toda su magnanimidad.
Las bancas y los reclonatorios están diseñados en total consonacia con el interior del lugar. Particularmente hermosa es la imagen de San Josemaría ubicada a un costado del altar, la cual está ubicada de tal manera que hace que las manos del santo y su rostro asemejen estar introduciendo a la cruz de Cristo.
Además la iglesia, que está pensada para fungir como centro comunitario, cuenta con cafetería, librería, auditorio y clínica de salud para atender a la gente necesitada de la comunidad.
Así, esta hermosísima iglesia ubicada en el poniente de la capital, está llamada a ser una de las casas más bonitas que el hombre le ha construido a Dios en nuestra ciudad.
Ahora que comienzo a vivir en la ciudad de México estoy al pendiente de las múltiples actividades que aquí se pueden hacer.
Por ejemplo, me encanta la idea de poder ir a visitar La Villa de Guadalupe. Nunca me cansaré de admirar la belleza y la devoción que ese recinto provoca en la fe de los mexicanos.
De igual manera, como padre de dos niños, ya empiezo a programar la respectiva visita a Papalote Museo del niño, la obra de teatro de Dora la Exploradora y el show sobre hielo de Disney.
A mi esposa y a mi nos gusta mucho el teatro por lo que queremos aprovechar que la ciudad concentra lo mejor de este espectáculo en el país, así que contamos los días para el estreno del musical ¡Mama Mía! (Somos fanáticos de la música de Abba).
Así que si alguien tiene una sugerencia interesante para disfrutar esta urbe capitalina, soy todo oídos.
Como ya comenté anteriormente, estoy leyendo la nueva encíclica del Papa Benedicto XVI. Esta lleva como nombre “Caritas in veritate” (La caridad en la verdad).
Debo admitir que es un documento profundo y que su lectura requiere de tiempo y meditación. Benedicto XVI nos ha querido entregar un documento riquísimo en contenido social y ético.
Por cierto, siempre me he preguntado: ¿en qué momento un Papa se da tiempo para preparar y escribir este tipo de textos que nos dan tanto contenido y espiritualidad? Sin duda alguna el bagaje cultural que ya trae consigo la mente de nuestro líder católico tiene mucho que ver con su necesidad de darnos este mensaje. Si algo se le ha reconocido al Papa es precisamente su talento para el pensamiento y el academicismo.
Aquí algunas líneas transcritas de la encíclica Caritas ein Veritate que me parecen relevantes (Insisto, aún no la acabo de leer):
“La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad.” (1.)
“La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia” (2.)
“Todo proviene de la caridad de Dios, todo adquiere forma por ella, y a ella tiende todo” (2.)
“Un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales” (4.)
“La caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo «mío» al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es «suyo», lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar. No puedo «dar» al otro de lo mío sin haberle dado en primer lugar lo que en justicia le corresponde. Quien ama con caridad a los demás, es ante todo justo con ellos.” (6.)
“Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad” (7.)
“Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales. Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis” (7.) (Esta parte me llamó la atención especialmente)
“Sólo con la caridad, iluminada por la luz de la razón y de la fe, es posible conseguir objetivos de desarrollo con un carácter más humano y humanizador. El compartir los bienes y recursos, de lo que proviene el auténtico desarrollo, no se asegura sólo con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor que vence al mal con el bien (cf. Rm 12,21) y abre la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad.” (9.)
“Abierta a la verdad, de cualquier saber que provenga, la doctrina social de la Iglesia la acoge, recompone en unidad los fragmentos en que a menudo la encuentra, y se hace su portadora en la vida concreta siempre nueva de la sociedad de los hombres y los pueblos”(9.)
Me parece importante mencionar que en la Encíclica el Papa hace constantemente referencia a otro ducumento, la encíclica de Pablo VI“Populorum Progressio” misma a la que el pontífice dice querer evocar y rememorar con este documento.
“A más de cuarenta años de la publicación de la Encíclica, deseo rendir homenaje y honrar la memoria del gran Pontífice Pablo VI, retomando sus enseñanzas sobre el desarrollo humano integral y siguiendo la ruta que han trazado, para actualizarlas en nuestros días.” (8.)
A grandes rasgos, en esta primer parte de Caritas in Veritate , Benedicto XVI nos invita a reconocer que la caridad y la verdad están intrínsecamente ligadas, y que una encuentra sentido en la otra. Además propone que sea la Caridad el estandarte que lleven las naciones al buscar el desarrollo de los pueblos. Entendernos como miembros de una sociedad implica que asumamos la responsabilidad de llevar nuestra búsqueda personal de la verdad al bien común y así, por consecuencia, participando en la caridad del bien social, estaré logrando mi propio bien verdadero. (No crean que no me costó trabajo pensar y escribir lo anterior)
Bueno, espero que no se queden con esta breve reseña y mejor me acompañen en la lectura de esta gran guía de conciencia social y formación cristiana.
Jim Stjerne , presidente de la Federación Danesa de Fútbol, lanzó una queja ante la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) tras lo que él considero una “expresión de fervor inaceptable” de parte de los integrantes de la selección brasileña fe fútbol quienes, al finalizar el partido que les llevó a conquistar el pasado mes de junio la copa Conferedaciones en Sudáfrica, se reunieron en el centro del campo, se pusieron de rodillas y abrazados como hermanos se pusieron a rezar en un gesto de gratitud a Dios por el triunfo obtenido.
Ante dicha queja, el presidente de laFIFA, Joseph Blatter, decide cooperar con la noción de reproche y comenta que tiene planes de prohibir toda expresión religiosa de parte de los futbolistas en los futuros torneos internacionales de este organismo (empezando por el próximo mundial en Sudáfrica 2010).
¡¡¡Como aficionado al fútbol y a mi fe católica, me declararé en huelga si esto sucede!!!!
Si hay una muestra de grandeza humana en este mundo es precisamente cuando vemos a esos súper dotados acordarse que su talento, no es exclusivo de ellos sino que vino dado desde el cielo. La humildad engrandece aún más la victoria obtenida.
Cuando uno ve a un jugador hacer un gol y acto seguido correr a festejarlo dirigiendo la mirada y las manos al cielo en son de agradecimiento al Creador, se nos viene a la mente que seguramente Dios es el “hincha número 1″. ¿Por qué no le vamos a dejar entrar al estadio?
¿Por que dejar fuera a Dios de una de las muestras más grandes de pasión humana? ¿Acaso la fe y el deporte no tienen como común denominador que, a pesar de todo el mal que vivimos en el mundo, nos ayudan a seguir teniendo esperanza?
Además, estoy seguro que en aquella noche en que el equipo brasileño se puso de rodillas para agradecer el triunfo recién obtenido, no estuvieron solos ya que millones de brasileños felices y contentos seguramente los estuvieron acompañando en sus rezos de alegría. ¿También los vamos a intentar callar?
En fin… Como si tuviéramos el poder de silenciar a Dios.
Hoy quiero transmitirles un testimonio que conozco de primera mano y que considero una de las experiencias más conmovedoras y vivificantes que me ha tocado presenciar. De igual manera busco ofrecerlo como una muestra de que somos nosotros los encargados de demostrar que Dios existe y no viceversa…
Luis y Adriana son esposos y padres de unos hijo maravillosos. Como pareja son ejemplares y desde hace ya casi 10 años he tenido la oportunidad de estar ligado a ellos vía una amistad de principio profesional (Luis fue uno de mis mentores en la Universidad) y posteriormente espiritual.
Lo que caracteriza a la familia Alverde, a mi parecer, es su disponibilidad por dejarse llevar por lo que Dios les va presentando como pruebas en la vida. Y esto no lo digo por que sí, ya que basta entablar un dialogo con cualquiera de los dos para darse cuenta de que Dios los eligió bien para ponerlos en el camino de la fe.
Sin embargo lo inspirador de su testimonio es lo que a continuación narro:
En septiembre del 2004, a la edad de 3 años, Alejandro, el segundo de tres hijos del matrimonio Alverde Castro fue ingresado al hospital para una operación programada de anginas y adenoides, misma que el doctor había recomendado realizarse en orden de ayudarle al pequeño a oxigenarse bien. Tras esta intervención quirúrgica en la que todo parecía haber salido normal, Ale fue dado de alta para proseguir a sus respectivos cuidados y curaciones en casa.
Unos días más tarde, Luis y Adriana tienen que regresar de urgencias al hospital tras encontrar que Ale estaba teniendo una hemorragia bastante severa. Aunque en el hospital lograron estabilizarlo por unas horas, Ale no aguantó por mucho tiempo y unas horas después, producto de varios paros cardiacos, fue declarado con muerte cerebral. Aquel pequeñito que días antes había ingresado al hospital para una operación de rutina, como muchas que se practican en infantes de su edad, había regresado al mismo lugar para entregar su vida a Dios de manera definitiva.
Inmediatamente después de que Ale fue declarado con muerte cerebral, y con el dolor en el alma a todo lo que da, sus padres optaron por tomar la decisión que cambiaría el sentido de toda su vida a partir de ese momento. Un sacerdote, consejero espiritual de la familia, les acercó información sobre la donación de órganos y de cómo Alejandro, en su estado, era candidato ideal para ser donante.
Luis y Adriana, pidiendo a Dios toda la resignación que humanamente es posible, aceptaron donar los órganos de su hijo despidiéndose de él pues ya no volverían e ver nunca más, al menos físicamente.
En palabras de Adriana: “Realmente no se cuando dije va, por Dios que no sé, pero bendito Dios que lo dije, ahora lo reflexiono y estoy segura que Dios estaba ahí con nosotros y el me dijo que lo hiciera, era lo que él quería de mí”
Ya estando en la funeraria, en medio del máximo dolor que solo la pérdida de un hijo ocasiona, recibieron una llamada telefónica que les confirmó el plan magistral de Dios al respecto: “Felicidades Adriana, ya tienes seis hijos más”, y es que la donación de órganos de Ale trajo como consecuencia el que se pudiera salvar la vida de seis pequeños más.
“Fue una vida por seis vidas, así de sencillo, y si hubiera sido mi hijo quien necesitaba ese órgano, yo lo hubiera agradecido siempre. La verdad, duele y duele mucho, la muerte de mi chaparro no se me va a quitar jamás porque lo extraño, pero le dio sentido a mi vida y ese dolor está haciendo que trate de ser una mejor madre, una mejor esposa y un mejor ser humano” declara Adriana.
Dice un conocido dicho: “Cuando pierdes a una madre o a un padre, te llaman huérfano, cuando pierdes a un esposo o esposa, te vuelves viudo, pero cuando pierdes a un hijo, eso…. eso no tiene nombre”. Lo que Adriana y Luis sintieron al entregar a su hijo a Dios, solo ellos y el mismo Dios lo conocen, sin embargo la respuesta de vida que le ofrecieron al mundo tras esta experiencia es de muchos admirada y reconocida.
A raíz de la muerte del pequeño Ale, Adriana pudo darse cuenta de lo carente y mal organizado que es el sistema de donación de órganos en nuestro país. Las personas necesitadas de un transplante en México alcanzan la cifra de 9,500 contrastando con el ínfimo número de donante que igualmente existen: 317. Es decir que una persona que en México es diagnosticada con una enfermedad que se cura únicamente con la asistencia de un transplante de órgano, está siendo, prácticamente, condenada a perder toda esperanza.
Es justo aquí, en donde Adriana y Luis encontraron el llamado de Dios y entendieron el por qué de lo sucedido con su hijo Ale. En Octubre de 2004, un mes después del fallecimiento de su pequeño, constituyen la Fundación Ale institución que se encargaría de promover la cultura de la donación de órganos en nuestro país así como de buscar apoyar al sistema médico nacional en la adquisición de herramientas y capacitación especializada necesaria en la materia.
Así, Fundación Ale en 2007 logró apoyar de manera satisfactoria 445 casos de pacientes que requerían de donación de órganos. Para lograr lo anterior, la fundación ha recaudado 7 millones de pesos de empresas patrocinadoras, organizaciones civiles y gobierno, mismo que ha destinado a su misión institucional de salvar vidas.
Mucho podría seguir escribiendo sobre los logros de la fundación, así como de los reconocimientos que Adriana ha recibido por su loable labor, pero yo quiero centrarme en el testimonio epsiritual de Luis y Adriana ya que, para que una gran obra suceda es indispensable que un emprendedor acepte llevarla a cabo.
Dios actúa de maneras muy misteriosas, lo que para Él puede ser un paso más en su implantación de su reino en la tierra para nosotros puede ser un evento confuso e incomprensible. Así es y así será. No está en nosotros tratarlo de entender a cabalidad, ni mucho menos cambiarlo. Ante las aparentes desventuras de la vida sólo nos queda una posibilidad: aceptación y escucha. Aceptación pues es de Dios dejar que las cosas sucedan y escucha por que en cada evento Él nos quiere pedir algo. No podemos evitar el mal o la tragedia, pero si podemos decidir cómo reaccionamos ante estas y me queda claro que los espíritus fuertes y bien formados son los más capaces de salir adelante.
San Pablo, en una de sus cartas a los romanos nos incita a vencer al mal con el bien. La respuesta del hombre ante el mal sólo puede ser el bien, ese mismo bien que Cristo nos enseñó a practicar hasta el extremo de la muerte.
Hoy Luis y Adriana, ya no tienen a su hermoso Alejandro físicamente, sin embargo, saben que está presente con ellos en una manera mucho más trascendental y reveladora: Ale, al entregar su vida por ellas, está en cada una de las personas que, recibiendo un transplante de órganos, tendrán una segunda oportunidad de seguir amando en la tierra a Dios y al prójimo como a ella mismas.
(El siguiente video es el cortometraje “Por siempre” que narra la historia de lo que aquí les conté. Aunque el papel de Adriana es interpretado por Bárbara Mori, quien sale al final del filme es la verdadera Adriana Castro de Alverde, fundadora y directora de la fundación Ale)
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