Hace poco publiqué un comentario que creo que vale la pena recuperar.
“Nosotros, los hijos de Dios somos los encargados de demostrar su existencia, y no viceversa”
Esto sale a la luz debido a que siento la necesidad de dejar en claro la idea de que cada vez que actuamos conforme a su voluntad, Dios se muestra (y se demuestra) en nosotros mismos.
Cada vez que le extiendo la mano a mi prójimo, estoy demostrando que Dios existe.
Dejémos de pedirle a Dios que se nos revele y que nos compruebe su existencia. Funciona al revés, empecemos nosotros por mostrarle al mundo que, viviendo la caridad, el Señor del amor es completamente real.



