Me encanta pensar de la santidad en los siguientes términos:
“La santidad tiene más que ver con la constancia que con la perfección”
Santo no es quien nunca se equivoca (¿quien puede presumir de tener esa cualidad más que Dios?) sino quien, aunque el camino es difícil y lento, nunca abandona el barco. Dios no te pide perfección sino constancia.
Al respecto de esta reflexión viene a mi menta la que creo ha sido la mejor frase que mi papá me haya podido dar en el transcurso de mi vida:
“Para tener éxito, es más importante la constancia que la inteligencia”
Amén.



