El Papa en Tierra Santa

13 mayo 2009

Prácticamente todos los medios de comunicación le brindan un espacio a lo que sucede diariamente en la visita de Benedicto XVI a Jerusalem. No está de más. La visita del sumo pontífice es considerada por muchos como una posibilidad más para resolver el conflicto entre palestinos e israelitas.

Hagamos caso a lo que nos dijo Juan Pablo II: “¡El amor puede más!”

Una de mis metas personales en la vida es la de hacer una peregrinación a Tierra Santa para pisar y conocer la tierra donde Jesús predicó y murió. ¡Me imagino que ha de ser una experiencia transformadora! Ojalá y los rencores que azotan a esa región del planeta cesen para que se le permita al mundo conocer a esta tierra por su belleza histórica y llena de significado espiritual.


Feliz día del amor… y de las madres

10 mayo 2009

Eric From en su libro “El arte de amar” comenta que después del amor de Dios hacia los hombres, que es el amor supremo, el amor que le sigue en similitud es el amor de una madre hacia sus hijos. ¿Por qué? Por el nivel de entrega desinteresada que implica. En la tierra, nadie ama más que una madre a sus hijos. Me parece muy cierto.

Una madre siempre será capaz de interponer su propio bienestar por el de sus hijos, y lo mejor de todo, nunca espera retribución alguna a cambio de su entrega. El amor de una madre es, en todos los sentidos, el más puro y sincero de todos. Así, la maternidad es el regalo más grande que Dios le concedió a la mujer. Los hombres, nuca entenderemos a cabalidad lo que ser madre significa. 

Por lo anterior, propongo replantear nuestras fiestas ya que, aunque el 14 de febrero festejamos el día del amor, cuando realmente se debería de proclamar y conmemorar al amor es el 10 de mayo, el día de las madres. 

Hoy, 10 de mayo, día de las madres, es en realidad el día del amor. 

¡Felicidades a todas las mamás! y en especial a nuestra madre la Virgen María de Guadalupe… mamá de todos los mexicanos.


Benedicencia

9 mayo 2009

Entre la congregación de los Legionarios de Cristo existe un término que es de gran trascendencia para el correcto seguimiento de una vida santa, y que he optado por incorporar a cabalidad en mi vida. Se trata del término “Benedicencia”.

Cuando tecleo esta palabra en mi computadora, invariablemente sucederá que el corrector ortográfico automático de mi editor de textos no reconocerá el término y lo marcará como erróneo. ¿Por qué? Porque de hecho, no es una palabra ni siquiera existente en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Consultando el diccionario se puede encontrar el término “maledicencia: acción o hábito de maldecir“, pero, insisto, no así el de “benedicencia”. ¿A que viene esto? Procedo a explicarlo…

La benedicencia, al contrario de la maledicencia, se definiría como la acción o hábito de bien decir (o bien hablar…). A mi me gusta definirla mas como: acción o hábito de utilizar la palabra para hacer el bien.

No es extraño que nuestra lengua solo contenga una definición para definir la acción de maldecir, ya que esta es una actividad que genera más escándalo y solemos centrarnos en el mal que se hace y poco en el bien que se deja de hacer.

Maldecir con nuestras palabras, asi sea para referirnos a alguien en forma bromista o amena (como es usual en la cultura occidental latinoamericana) es, a mi consideración, uno de los grandes males ocultos de nuestra sociedad. No nos damos cuenta pero la manera en que nos referimos al prójimo, habla de nuestra actitud ante él. Dice una frase muy famosa que “la boca habla de lo que está lleno el corazón” y es muy cierta. Criticar, maldecir, malhablar, perjuriar son algunos de los daños que hacemos al mal usar nuestro lenguaje y esto solo es el reflejo del descuido que hemos hecho al alimentar nuestro espíritu de cosas buenas.

Pero fiel a la premisa paulina de “vencer al mal con el bien” surge la benedicencia. Esta implica hacer el mejor uso de nuestro hablar en pos de nuestra santidad y la de  nuestros semejantes.

Como ya lo he expresado en anteriores ocasiones, soy un fiel convencido de que la palabra puede construir o destruir reinos. Y dado que es el Reino de Cristo el que queremos instaurar sobre la tierra, no existe mejor medio que la palabra para lograrlo. 

Así, la benedicencia implica:

- No solo no hablar mal de los demás, sino esforzarnos por hablar bien constantemente de cualquier persona.

- Alejarnos del hábito de la crítica destructiva y procurar siempre construir en el amor.

- Evitar entablar o involucrarnos en conversaciones que destruyan la dignidad de cualquier persona y proponer, en su lugar, los temas que humanizan.

- Hablar siempre bien de los demás. ¡SIEMPRE!

- Evitar la mentira y hablar con la verdad.

- Predicar el bien y el amor con nuestras palabras.

- Cuidar la formación de nuestro lenguaje.

- Rezar por el bien que debe ser hecho.

- Hablar con optimismo y esperanza.

En concreto, la benedicencia significa reconocer el poder de nuestras palabras  como medio de humanización y santidad en la tierra. Que cada palabra que salga de nuestra boca sea una prueba de la caridad y sabiduría que Dios le concede a quien está cerca de Él.

O lo que es lo mismo, hablar como hablaría Cristo…


Martín de Porres

8 mayo 2009

Lamentablemente cuando prendí al televisión ya había transcurrido la mitad de la película. Sin embargo eso no fue pretexto para que no terminara de ver el filme sobre la vida de San Martín de Porres. Lo poco que alcance a ver me cautivó.

Yo siempre he sabido que es un santo muy famoso pero nunca me había detenido a saber por qué. Con la curiosidad a tope opté por conocer un poco más sobre la vida de este santo peruano tan venerado y me dirigí a Internet para averiguar mas sobre su vida y obra. ¿ Qué encontré? Un verdadero testimonio de amor filial a Cristo.

A continuación algunas datos que vale la pena comentar sobre la vida de “Martín el bueno”, como se le conoce popularmente al primer santo de negro de América:

- Nació el 9 de diciembre de 1579  hijo de un español y una panameña que residía en Lima.

- Ingresó al convento de la orden de Santo Domingo de Guzmán en categoría de “donado”, es decir, no tenía los mismos derechos que los hermanos y monjes de la orden, pero le permitían ayudar en las labores domésticas, mismas que aceptaba con entusiasmo con tal de estar cerca de la orden religiosa.

- Debido a sus conocimientos de herbolaria y medicina natural ayudaba a curar a muchos enfermos que acudían a él.

- Con el tiempo, empezó a crecer su fama de hombre santo y milagroso. Curaba enfermos con oración, levitaba, dialogaba con los animales (a los cuales cuidaba con gran alegría), se le veía en varios lugares al mismo tiempo (don de bilocación) e incluso se dice que predecía sucesos futuros.

- Predicaba con amor y mucha devoción la palabra de Cristo entre los sectores más desprotegidos de la sociedad. 

- Se le reconoce, por sobre todo, su gran humildad, por lo que en las imágenes se le suele representar sosteniendo una escoba entre las manos.

- Dada su alta devoción espiritual la orden del convento le admitió como “hermano”, permitiéndole realizar sus votos de pobreza, castidad y obediencia en 1606.

- Prácticamente nunca cambió su hábito con el que vestía, salvo una vez que se lo solicitó su superior y por obediencia tuvo que hacerlo, ya que prefería la frugalidad y la vida de desprendimiento.

- Martín murió el 3 de noviembre  de 1639 en medio de un gran duelo popular en la nación peruana. 

 

- Casi 200 años después de su muerte, en 1837, el Papa Gregorio XVI lo beatificó.

No cabe duda que la cualidad principal de los santos no está determinada tanto por sus milagros y proezas extraordinarias, sino por las ganas que muestran durante toda su vida de estar cerca de Cristo.


Una buena frase…

8 mayo 2009

” Si cada año nos quitáramos un defecto de encima, al final de nuestra vida seríamos santos…”

Tomas de Kempis


Philosophing

8 mayo 2009

¿Conoces tu fe?


La vocación…

7 mayo 2009

Ayer sintonicé el canal de televisión “María Visión” (canal 257 de Sky) para encontrarme con la hermosa sorpresa de que el padre Juan Pedro Oriol LC, en su programa titulado “100%” tocó el tema de la vocación como una respuesta a la pregunta “Qué quiere Dios de mi?”. El programa transcurrió de manera amena, como suele ser toda charla con el padre Oriol, ya que estuvo repleto de testimonios y comentarios de jóvenes laicos y hermanos seminaristas que hablaron sobresus posturas antes este importante tema.

La palabra vocación tiene un significado tan fuerte y con tanta riqueza que no debería de ser considerada con sencillez ni simpleza.  

Personalmente puedo decir que  este tema es el  que más me ha inquietado a lo largo de toda mi vida. Descubrir para qué es que Dios me quiso poner en este mundo ha representado la búsqueda más importante y, debo admitirlo, más difícil de toda mi existencia.  

En mi trabajo con jóvenes preuniversitarios y universitarios (fui el encargado durante tres años de la promoción de una universidad católica entre cientos de jóvenes de preparatoria) me di cuenta que debido a que el trabajo que se hace con ellos en materia de orientación vocacional es tan deficiente en muchas instituciones educativas, nunca logran definir si los caminos que toman son acertados o , ya no digamos, llenos de sentido. En el mejor de los casos, se delega esta labor a la psicología, ciencia que en muchas de sus corrientes suele dejar de lado el sentido espiritual del hombre como medio de trascendencia y plenitud humana. Así, saber que debes hacer en la vida, se reduce a trabajar en tener una actitud positiva y realizar ejercicios para conocerte a ti mismo. ¿Y Dios en donde encaja en este proceso de discernimiento vocacional?

Yo mismo me declaro una víctima de un sistema que no se preocupa por la vocación como un tema primordial. No recuerdo haber recibido a mis 18 años un apoyo significativo para ayudarme a descubrir mi llamado personal de vida.   

La vocación es para mi un tema tan importante que he dedicado varios años a estudiar e investigar acerca de este tópico. He aquí algunas de las conclusiones a las que he llegado al respecto:

  • En las escuelas preparatorias se suele confundir la orientación vocacional con lo que en realidad es orientación profesional. ¿Por qué? La profesión se escoge, pero la vocación se descubre. 
  • Uno puede decidir si quieres ser médico, ingeniero, abogado o arquitecto pero el llamado a trascender en Cristo,en la familia, en el sacerdocio, en la vocación al prójimo, eso sólo se descubre con la correcta disposición personal para hacerlo.
  • La vocación se define como “un llamado” y como tal, esta convocatoria solo espera de nosotros disposición para escucharla. En pocas palabras, la vocación no se decide, sólo que se escucha.
  • Si decimos pues que la vocación es un llamado, debemos de asumir que existe ese ser que hace el llamado: ese es Dios.
  • Existe una vocación universal y una vocación personal que deben de ser descubiertas.
  • La vocación universal es, como su nombre lo indica, un llamado que aplica a todo ser humano sobre la faz de la tierra y es el siguiente: ” Ama a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”
  • A este llamado universal debemos de atender todos sin distinción de razas, culturas o status social. 
  • La vocación universal es pues un llamado de Dios a toda la humanidad.
  • La vocación personal, a diferencia de la universal, es un llamado individual de Dios hacia cada ser humano en particular. 
  • Se trata de una convocatoria a participar de la vocación universal de una manera única y especial dados tus talentos y fortalezas. 
  • Así, la vocación personal es un llamado de Dios hacía ti.
  • Así, la vocación debe de definir tu profesión, o lo que es lo mismo, para elegir tu profesión (¿Qué quieres estudiar?) es primordial encontrar antes tu vocación. 
  • Una vez que uno descubre su vocación personal, entonces si puede optar por cumplirla valiéndose de la gran cantidad de profesiones, técnicas y disciplinas que existen en las universidades.
  • Y para finalizar, haciendo alusión a la pregunta que dio pie a esta publicación… La vocación, al ser un llamado de Dios hacia el hombre, se descubre en la meditación profunda de una sencilla pregunta:

Señor Dios… ¿Qué quieres de mi en esta vida?


Todo se normaliza…

6 mayo 2009

Ayer por fin anunciaron las autoridades de salud de México que la gente podía volver paulatinamente a sus actividades cotidianas. Sin embargo la noticia que más me agradó escuchar fue la que nos comunicaba que el virus resultó no ser tan peligroso como se pensaba al inicio. ¡Menos mal! Ya me imagino que muchas sectas han de haber aprovechado esta situación para empezar nuevamente a advertir y a prevenir sobre el fin del mundo: “¡Ahora si ya les juramos que esto se va acabar!”. Otra ocasión será…je je je.

No cabe duda que nuestro país está bien protegido  por nuestra madre del Tepeyac, la Virgen María de Guadalupe, que por cierto ha de ser la más emocionada por volver a abrir las puertas de su casa (La Villa de Guadalupe) a los millones de peregrinos que la visitan de todo el mundo año con año. El domingo fue hermoso haber escuchado misa nuevamente desde casa aprovechando la transmisión en vivo por televisión que se hizo desde el recinto guadalupano.

En fin… aunque las recomendaciones siguen siendo que no nos confiemos, todo parece indicar que hemos logrado salir adelante.

Gracias a nuestras autoridades por su pronta respuesta y gracias a Dios por no haberlos dejado ni un minuto, pues aunque por ser “políticamente correctos” no lo puedan reconocer en público, seguramente han de haber rezado y confiado en el Altísimo para pedir por la salud del país que dirigen.


Aprovechando a la familia…

3 mayo 2009

Una de las recomendaciones que las autoridades de salud le han dado a todos los mexicanos dado la contingencia sanitaria que vivimos debido al virus de la influenza AH1N1 (¿quien le pondrá nombre a los virus?), es que tratemos lo más posible de no salir de casa. Debido a esto, mi esposa y yo tomamos la decisión hace un par de días que no saldríamos más que lo estrictamente necesario, sobre todo pensando en la salud de nuestros dos pequeñines.

Lo que para algunos seguramente ha sido una medida exagerada y poco entendible, para nosotros ha representado una enorme oportunidad de convivencia familiar. De todas las actividades que pudiera hacer en mi vida, convivir con mi familia siempre estará en la cima de mis preferencias.

No ha sido sencillo. Quienes tengan hijos no me dejarán mentir cuando les digo que se requiere de enormes dosis de creatividad para mantener la atención y el entusiasmo de un niño durante largos periodos de tiempo. Para el momento en que escribo estas líneas, mi esposa, mis hijos y yo ya hemos bailado, cantado, saltado en la cama, visto un sin fin de películas de Disney, nadado en nuestra alberquita desarmable, leído cuentos, jugado a la pelota, coloreado, armado más de 10 veces el mismo rompecabezas infantil y sobre todo… platicado, platicado y platicado todo el día.

Sin duda alguna quiero que esta contingencia sanitaria concluya lo más pronto posible, pero no voy a negar que una vez que todo esto mejore y podamos volver a nuestras actividades habituales, voy a extrañar volver a pasar 7 días completamente enfocado en mi hermosa familia.

Un gran consejo que escuché en algún congreso sobre la familia: “Para dedicarle tiempo de calidad a tu familia solo hace falta que le dedicas cantidad…”


Philosophing

2 mayo 2009

¿Qué significa ser un “mejor” amigo?


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