Hoy hace tres meses falleció mi abuelita Margarita y, por lo mismo, el día de hoy asistí junto a mi familia a la misa ofrecida en honor a su memoria.
Mucho podría escribir sobre la vida y memorias de mi abuelita (imagínense lo que ha de haber vivido en un matrimonio de 67 años con un militar), pero quisiera centrarme un una de las enseñanzas que ella me legó con su ejemplo: su vida espiritual.
Desde que tengo uso de razón mi abuelita dedicaba muchísimo de su tiempo y energías al crecimiento y construcción de la parroquia “La lupita” a la cual perteneció por muchos años. Era una mujer de parroquia. Fue catequista, organizadora, vocal de distintos grupos y participó en la organización de ferias, colectas y diversas actividades económicas que le permitieron a esta parroquia juntar el dinero necesario para remodelar sus instalaciones. Mi “abuelina” (como solíamos llamarla todos sus nietos) estaba particularmente orgullosa de haber colaborado con los vitrales de la nueva iglesia. Sentían que eran su aportación especial a la construcción de la casa de Dios.
Pasaba largas horas cantando (en su casa) canciones de la amor a Dios y a la Iglesia, mismas que tenía escritas en varias libretitas rojas que siempre sacaba para ayudarse a recordar las letras de las mismas.
Como mujer, fue fiel a su compromiso matrimonial y a su familia. madre abnegada y respetuosa de la institución familiar pero nunca dejando de lado a su fe como la base de todo. Era de esas personas que nunca entendieron como un matrimonio podía disolverse tan fácilmente en la actualidad.
Recuerdo en particular una ocasión en que me ayudó a hacer un dibujo del papá Juan Pablo II que me habían dejado de tarea en la escuela. El dibujo quedó fenomenal, sin embargo lo que más recuerdo es que mientras mi abuelita y yo trabajábamos en este proyecto ella me iba platicando sobre la gran personalidad y liderazgo de aquel hombre a quien consideraba una gran bendición para la Iglesia.
Mucho más podría decir sobre esta gran mujer de quien aprendí tanto, pero con decir que trató de vivir de cara a Dios será más que suficiente para saber que hoy, en la misa en que mi familia recordó su partida, le rezamos a una mujer que ya está en el cielo junto a su Maestro.



